Liber peregrinationis (G. Arquero C.)  

 

                 EL LIBER PEREGRINATIONIS COMO FUENTE PARA LA HISTORIA DEL CAMINO DE SANTIAGO

                                                    Y DE LAS SOCIEDADES MEDIEVALES DEL NORTE PENINSULAR

                                                ARQUERO CABALLERO, Guillermo F., Doctorando en Historia (UCM)

 

  ARQUERO CABALLERO, Guillermo F., “El Liber Peregrinationis como fuente para la historia del Camino de Santiago y de las sociedades medievales del norte peninsular”,

  en Ab Initio, Núm. 4 (2011), pp. 15-36, disponible en http://www.ab-initio.es  

 

  ce texte avec les notes (PDF) : Liber peregrinationis (G.Arquero C.) PDF

                                                     ---------------------------------------------------------------------------------

   

  I. INTRODUCCIÓN: EL CAMINO DE SANTIAGO Y EL LIBER PEREGRINATIONIS

 

  Este trabajo tiene por fin mostrar la riqueza del Liber Peregrinationis (“Libro del Peregrino” o “Guía del Peregrino”), uno de los libros que conforman el célebre Codex Calixtinus, también conocido como Liber Sancti Iacobi, como fuente para el conocimiento del Camino de Santiago en la Plena Edad Media en sus diversas facetas (religiosa, socio-económica...), así como ofrecer una bibliografía que esté en relación con los temas de estudio que su lectura suscita.

 

  Ciertamente, el análisis del Liber Peregrinationis es relevante por la riqueza de su contenido y por su importancia como una de las principales obras medievales escritas en referencia al fenómeno jacobeo, así como, en otro orden de cosas, por estar tristemente de actualidad debido al robo del valioso ejemplar que se conservaba en la catedral de Santiago de Compostela.

 

  El Camino de Santiago resulta ser, dentro del mundo del Medievo, un ámbito de estudio de una enorme amplitud. En efecto, el Camino fue mucho más que una mera ruta de viaje para los peregrinos que iban a venerar los restos del apóstol Santiago. Esta ruta constituyó un fenómeno de carácter político, social, cultural, ideológico y económico de primer orden. En una visión integral de todas estas facetas, el Camino de Santiago afectó profundamente a los diversos aspectos de la vida en el norte de la Península Ibérica durante el Medievo.

 

  Una de las fuentes más destacadas del Camino de Santiago y su desarrollo a la altura del siglo XII es el ya mencionado Codex Calixtinus o Liber Sancti Iacobi, que ha sido objeto de un amplio estudio y consideración. Contiene en sí una gran riqueza en información no sólo en torno a la espiritualidad, sino también en lo referente a la cultura, los mensajes ideológicos, los aspectos sociales y políticos, etc. Dentro del Liber Sancti Iacobi destaca, por toda la información en él contenida, el Liber Peregrinationis. Me parece ésta una fuente importante que merece ser atendida en todas sus facetas y lecturas para asomarse al ámbito de estudio de las peregrinaciones jacobeas.

 

  Es por ello que este artículo pretende ser una invitación a la lectura (o más bien relectura) de este texto. En efecto, indica Vielliard que esta obra “ilumina la historia, el arte y la iconografía de la Edad Media […] provee de datos precisos al historiador de la Edad Media, al especialista de la hagiografía, de la geografía humana, de la topografía, de la historia de la civilización así como a la filología”. Además, hay que considerar que sobre otro libro del Codex, el Pseudo-Turpín, hay certeza de que fue ampliamente difundido en el Medievo, y es probable que con él lo fuera el Liber Peregrinationis ya que, como veremos, era un texto muy próximo al primero, quizá de la misma autoría o incluso constituyendo ambos una primigenia unidad. Por tanto, estaríamos ante un libro que no se guardó en unos escasos códices al alcance de pocos, sino que, como obra de mayor difusión, pudo influir con sus mensajes ideológicos y con su información práctica en el desarrollo del Camino de Santiago y su conocimiento por toda la Cristiandad occidental, lo que le da mayor importancia aún. No me parece exagerado afirmar por ello que fue una obra de referencia en la época, de lo que las numerosas copias existentes hablan de por sí, y aun su conocimiento todavía en el siglo XVI.

 

  Antes de pasar a ver aquellos temas de estudio que sugiere la lectura del Liber Peregrinationis, es preciso detenerse en la historia y realidad del propio texto. Para hacer una lectura crítica del mismo, hay que considerar su ubicación en una magna obra en torno al Camino de Santiago, así como contextualizarla en su tiempo histórico y, algo esencial, intentar aproximarnos a la autoría de un texto anónimo o al menos de autorías discutidas.

 

  1. La realidad histórica: breve aproximación al nacimiento y desarrollo del Camino de Santiago

 

  Dada la amplitud del tema, así como la abundante bibliografía en torno al mismo, sólo pretendemos dar unas pinceladas básicas sobre la realidad del Camino del Santiago que nos permitan analizar y valorar la obra de una forma más adecuada. El Camino de Santiago se formó como una ruta de peregrinación (o más bien conjunto de diversas rutas que confluyen en Santiago) para venerar los restos del Apóstol Santiago. Para llegar a esta acabada forma de devoción religiosa, en la que subyacen muchas implicaciones, como se ha indicado, hubo un proceso de creación del Camino y desarrollo de la creencia en la presencia de los restos del Apóstol, que tiene su proceso de formación entre el siglo V o VI hasta el IX o X. Se generó así toda una tradición que subyace en el texto del Liber Peregrinationis, y al mismo tiempo este libro fue uno de los elementos de creación o al menos defensa de la tradición y devoción jacobeas. R. A. Fletcher afirma que “in Early Medieval Europe saints’ cults did not simply happen: they were made”. No importa tanto debatir sobre si, en efecto, los restos de apóstol descansan en Santiago o no, o de si previamente aquél evangelizó en España, sino considerar el arraigo de estas creencias y su discurso, la devoción al apóstol y todas sus implicaciones, tanto religiosas como de otro tipo.

 

  Tal como sostiene la tradición, el apóstol Santiago el Mayor acudió a Hispania a predicar el mensaje de Cristo. Muerto en Palestina siendo el primer apóstol mártir fueron llevados sus restos por sus discípulos de vuelta al extremo occidental del mundo romano, hasta la Gallaecia. Descubiertos sus restos tras la invasión musulmana, se formaría en torno a su sepultura un complejo cultuario que llamaría la atención del mundo cristiano, consagrándose, junto a Roma y Jerusalén, como el tercer gran lugar santo de peregrinación de la Cristiandad.

 

  Sepultados los restos en Iria Flavia, las crónicas nos ofrecen la historia de la inventio o descubrimiento de la tumba en el siglo IX por Teodomiro, obispo de la sede irenense. En el reinado de Alfonso III (866-910) se consolidó la creencia y el culto a la tumba del apóstol en la ciudad de Santiago de Compostela. Así, escribía el monarca astur a un monje de San Martín de Tours una carta en la que se probaba la verdad de la predicación del apóstol y la existencia de sus restos en Compostela, acreditando toda una serie de documentación que, para Marie de Menaca es la raíz más remota del Codex Calixtinus.

 

  La creencia en la predicación de Santiago se fundamentaría, o legitimaría, en la obra Breviarum Apostolorum que, desde el siglo VII, venía circulando por Occidente, en la que se hablaba de la predicación de Santiago en los Occidentalia loca del Imperio, identificados como el Finisterre galaico. Es necesario destacar que esta tradición no reviste un carácter local español, sino que llega aquí en el marco de una doctrina a la que no le interesa de forma específica la vida interna de la iglesia cristiano-visigoda, sino la simbología de una universalidad que hacía de España el fin del mundo conocido.

 

  También el poema de Beato de Liébana de finales del siglo VIII O Dei verbum ahondaría en la creencia de la predicación del apóstol en Hispania. Decía así:

  “Pedro en Roma, su hermano en Acaya,

Tomás en la India, Leví en Macedonia,

Santiago en Jerusalén y Zelotes en Egipto,

Bartolomé en Licaonia, Judas en Edessa,

Matías e Judea y Felipe en la Galia;

Después, los grandes hijos del trueno

resplandecen, habiendo alcanzado, a ruegos de su ínclita madre,

ambos con todo derecho los honores supremos,

gobernando sólo Juan el Asia, a la derecha,

y su hermano [Santiago] habiendo conquistado España”

 

  Para Barreiro, hablando sobre el poema, “son sus evidentes contenidos políticos, y la clara finalidad ideológica de su redacción”, en un momento de formación de la monarquía asturiana, que necesitaba de toda una legitimación ideológica. No obstante, no se puede decir que existiese aún una creencia en la predicación del apóstol diferenciada de la del resto. Para el autor arriba citado la literatura posterior seguiría esta línea marcada de legitimación ideológica (fundamentalmente, según él, en lo referente al ideal de cruzada), y precisamente cita el Codex Calixtinus.

 

  Tanto si la “invención” del cuerpo del apóstol respondió al significado latino (descubrimiento) como al español (invención/creación) del término, tal creencia tuvo un proceso de formación. Además, habría también un proceso de formación del “ideal peregrinatorio”, dándose en el seno del cristianismo toda una doctrina y creencia en torno a la peregrinación sobre la que descansaría el Camino de Santiago, así como las demás peregrinaciones. La peregrinación en principio suponía un rechazo de este mundo: el peregrino ansiaba la patria celestial, simbolizándolo en la peregrinación.

 

  Sobre esta base teórica y la creencia en la presencia de los restos de Santiago en Compostela, se construiría todo un entramado religioso, social y económico de gran envergadura. Así, según Barreiro, hay que considerar las implicaciones religiosas (la pura devoción y la creencia) y las implicaciones socioeconómicas y políticas como un conjunto en el que no hay que anteponer ninguna de las partes como causas o efectos, aunque este autor acaba por hacer primar los aspectos políticos sobre los demás. En efecto: “Entre quienes afirman que las peregrinaciones obedecen a un fuerte impulso interior de la religiosidad del hombre medieval, y quienes sostienen que en ellas existe una compleja trama de motivaciones civiles y religiosas, no sólo no existe contradicción, sino que, interpretado desde una rigurosa fenomenología religiosa, ambas vertientes aparecen como elementos complementarios y constitutivos de una misma mentalidad medieval”.

 

  Se salvan así las posiciones maximalistas: las que hacen primar la creencia religiosa a toda la realidad que se formó en el Camino de Santiago, y, por el contrario, las que defienden en última instancia la base política o socio-económica que justifica o llevó a la formación de una creencia. La interpretación o valoración que ofrece Barreiro es quizá la más acertada y la que permite un estudio más rico y profundo (a la vez que más difícil y complejo) sobre el tema. Lo cierto es que esta postura permite valorar el Liber Peregrinationis con mayor riqueza a la luz de este contexto y este marco teórico, ya que la obra fue el resultado de un complejo entramado de creencias e intereses, a la vez que constituyó un factor de primer orden en la promoción e incluso construcción de los mismos.

 

  Por último, cabe hacer referencia al contexto histórico más inmediato para una plena contextualización del texto que es objeto de nuestro estudio. El Camino de Santiago tuvo enormes repercusiones en el mundo medieval hispánico, donde las autoridades buscaron beneficio político así como atraer pobladores para reactivar la vida socio-económica del área. Aunque no profundicemos en estos aspectos del Camino de Santiago, no se entendería bien el fenómeno jacobeo sin estas hondas repercusiones. Las peregrinaciones “consiguieron, en su vertiente colectiva, atraer enormes recursos económicos para la creación de infraestructuras viarias, militares y asistenciales que luego derramaron su influencia decisiva a través de las múltiples actividades que se desarrollaron a su sombra”.

 

  Probablemente, la repercusión más inmediata que hubo en relación con el Liber Peregrinationis, como veremos al hablar de la autoría, fue la atracción a tierras peninsulares de muchos francos que se vinieron a la Península como artesanos, comerciantes, burgueses, eclesiásticos, etc., de manera que sobre el sustrato indígena una nueva comunidad llegaba, con una cultura propia (aunque en buena medida común con los pobladores autóctonos) y una mentalidad nueva. Así, tal como nos cuenta Díaz y Díaz, en Santiago convivían clérigos gallegos y extranjeros “que competían en participar en planes de largo alcance que había concebido sin duda o el propio Gelmírez o alguno de sus íntimos colaboradores”. Francos e hispanos convivían en el Camino de Santiago y no siempre en paz y concordia, elemento que subyace en el texto.

 

  Este contexto (el de la creación de un circuito de movimiento humano de tal envergadura), para Bravo Lozano “es natural que provocase la aparición de un manual, o guía informativa”, acorde en su concepción y composición, a la magnitud del fenómeno, lo que es precisamente el Liber Peregrinationis.

 

  Pero detrás del Codex Calixtinus existe también un contexto político. Señala M. de Menaca al respecto que “el libro de Santiago no puede, a nuestro parecer, ser comprendido plenamente si se le disocia de la Historia de España”, refiriéndose en este caso a la historia política. Como veremos, el texto se redactó en la primera mitad del siglo XII. En primer lugar, el reino leonés estaba en un momento de auge. En el año 997 Santiago había sido atacada por Almanzor, pero para este momento, si bien los almorávides suponían una considerable amenaza, las fronteras hacia el sur se habían expandido, y el poder islámico no era ya una amenaza en el grado que lo había sido anteriormente. Fue éste más bien un tiempo de conflictos internos. Basta indicar dos problemas enlazados para entender el contexto del Codex Calixtinus. En primer lugar, se introdujo en Galicia la casa de Borgoña con el conde Raimundo. Éste casaría con doña Urraca, hija de Alfonso VI. Este monarca había conseguido obtener la ciudad de Toledo (hecho renombrado en toda la Cristiandad), y había atraído a la Orden de Cluny a la Península, renovando así la vida de la Iglesia hispana y entroncando con las grandes corrientes europeas. No es casualidad que Dalmacio, monje cluniacense de origen franco, llegara a la sede episcopal de Santiago e hiciera mucho por su encumbración. Don Raimundo, que pronto moriría, y doña Urraca tuvieron a Alfonso Raimúndez, futuro Alfonso VII. Doña Urraca, como reina de León y de Castilla, tendría problemas con algunos grandes hombres del reino, y entre ellos estaba el obispo de Santiago Diego Gelmírez.

 

  Como meta última de la peregrinación, y probablemente como el camino de peregrinación por antonomasia, Santiago y su sede fueron adquiriendo cada vez mayor importancia. El señorío de Santiago se convertiría en uno de los mayores de la Península. En consecuencia, los prelados compostelanos buscarían para su sede un rango acorde a su status real. Destacó en ello Diego Gelmírez, hijo de un miles del obispo compostelano Diego Peláez, y que sería personaje importante en la Corte de Alfonso VI. Ya en Compostela sería sucesivamente publicus notarius, scriptor, cancellarius et secretarius, para más tarde ser confesor del conde Raimundo de Borgoña, entre principios del 1090 y 1094. Finalmente, elevado a la sede episcopal el 1 de julio de 1100, fue consagrado el 21 de abril de 1101. Según Falque Rey, Gelmírez “durante el reinado de Urraca planeó, negoció y consiguió el ascenso de Compostela de sede episcopal a arzobispal, lo cual constituyó, sin duda, el triunfo más grande de su vida”. En efecto, en el año 1120 llegaría Compostela a ser erigida como sede arzobispal. Para ello se recurrió a la figura de traslado de la dignidad arzobispal de Mérida a Santiago, debido a que aquélla se encontraba bajo la dominación musulmana. Roma concedió tal traslado con la condición de que se hiciera hasta que la ciudad extremeña fuera reconquistada, algo que, llegado el momento no se cumplió. Alfonso VII respaldaría más tarde a Gelmírez nombrándole canciller.

 

  En definitiva, vemos que la monarquía leonesa, en un proceso de consolidación del poder, de dinamización del reino volcándose al exterior y de un avance, en este momento ralentizado, hacia el sur incluía el cuidado del Camino de Santiago y la dignidad de la sede compostelana que elevaba la dignidad eclesial del reino en toda la Cristiandad, en el contexto de la Reforma Gregoriana y cluniacense. Éste fue, aunque mínimamente esbozado, el contexto histórico de la formación del Codex Calixtinus y del Liber Peregrinationis.

 

  2. Liber Peregrinationis y Codex Calixtinus: estructura, composición y autoría

 

  2.1. El Liber Peregrinationis como parte del Codex Calixtinus

 

  El Codex Calixtinus es una obra de la que se conservan varios códices, cada cual con una determinada información y estructura. Destacan el que se conservaba en Santiago de Compostela y el que se encuentra en Salamanca. En su forma más acabada, la obra se compone de cinco libros, el último de ellos el Liber Peregrinationis. Caracterizar globalmente esta obra resulta difícil, ya que, como indica Díaz y Díaz, el Codex “es una aglomeración de escritos de toda clase y condición […] que tiene como único elemento caracterizador la exaltación del apóstol Santiago”. Así, los tres primeros libros consisten en un conjunto de narraciones, milagros, himnos litúrgicos y demás, todo ello en torno a la devoción jacobea. Parece ser que, según de Menaca, los tres primeros libros habrían sido compuestos mucho antes de la compilación definitiva del siglo XII.

 

  Los libros que más nos interesan aquí son el IV y V. El IV se conoce como el Pseudo-Turpín y trata de la historia de Rolando y su muerte en Roncesvalles. Se presenta a todos los francos como mártires que entraron en la Península en defensa de la fe contra el Islam bajo la inspiración del apóstol Santiago. No sería otra la intención con la que el gran Carlomagno habría enviado a Rolando. Este libro y el Liber Peregrinationis presentan elaboración por una misma mano y, de hecho, eran un único libro hasta que en el siglo XVII el libro V se desgajó del Pseudo-Turpín. Según Díaz y Díaz, la conjunción de ambos textos está bien concebida, debiendo ser considerados conjuntamente. Según este autor, de todo el Codex Calixtinus estas dos piezas son las que sirven de “acicate más particular para la peregrinación a Santiago: la primera parte del libro IV, o Crónica de Turpín, y sobre todo el libro V, comúnmente denominado guía del peregrino”.

 

  En cuanto al libro V en particular, se presenta como una guía para peregrinos a Santiago. Esta obra se inscribe en el género de Itinerarios y descriptiones urbis, y algún autor no duda en hablar de un carácter (en una terminología algo inadecuada a mi parecer) “turístico-cultural”. Sin embargo, en el texto aparecen más intereses, como expresa Millán Bravo: “El objetivo de una obra de esta naturaleza iría, según los diversos autores, desde la propaganda e incitación a peregrinar a Compostela, hasta una finalidad de tipo docente y pedagógico, pasando por el apoyo a la reforma litúrgica, la reforma espiritual en general o la exaltación de la sede compostelana”.

 

  Según Díaz y Díaz la intención fundamental del texto no es tanto servir como una guía de viaje, sino que la finalidad última sería la promoción de la peregrinación y convertirla en devoción al Santiago. No obstante se ha señalado con razón que la información práctica y material del viaje es mayor que la parte dedicada a la devoción religiosa.

 

  2.2. Cronología

 

  Se propone 1130 como fecha aproximada del viaje que hizo el supuesto narrador, conforme a la adecuación de las descripciones de los edificios en el texto con las evidencias arqueológicas de los mismos. La redacción, asimismo, se propone para el 1135-1140, con retoques del texto, por varias manos, en torno a la época de 1139-1160. La fecha tope de final de redacción sería del 1175, pues ya hubo una copia hecha por un monje de Ripoll depositada en Santiago.

 

  2.3. Autoría

 

  Sobre el autor del Liber Peregrinationis hay diversas hipótesis y posturas que son relevantes para comprender el posible alcance e intencionalidad del libro. En cuanto al conjunto del Codex Calixtinus, resulta claro que se trata de una compilación en cuya autoría intervinieron muchas personas. A este respecto, ha habido todo un debate historiográfico, del que Anguita Jaén ofrece la siguiente conclusión:

  “Con brevedad cuasi-formular, podemos decir que el Liber Sancti Iacobi [o Codex Calixtinus] es una recopilación de textos jacobeos, de distinta procedencia, fecha y autor, confeccionada durante el siglo XII, no sabemos exactamente dónde, ni de quién, con la intención de satisfacer las necesidades del culto y de la peregrinación jacobeas de su época”.

 

  Un texto relevante para indagar sobre del origen del Codex Calixtinus es una carta de Inocencio II (1130-1143). A esta carta, aunque apócrifa, se le concede cierta verosimilitud o un remoto origen auténtico, y en ella se atribuye la autoría de la obra al Papa que le da nombre, Calixto II. Aparte de las dudas que la misma carta presenta, ésta fue incluida en el códice conservado en Salamanca cuando ya estaba ultimado, aprovechando un espacio de un folio, con un ductus de la letra diferente, vinculado a don Jeró de Périgord, un obispo de la época. Parece por tanto que estamos ante una manipulación intencionada que pretende atribuir, a posteriori, el origen de la obra a la iniciativa de Calixto II. No obstante, existen otros elementos que ayudan a defender la autoría de Calixto II, como el hecho de que el nombre del pontífice encabeza varios capítulos de la obra, así como la atribución que se hace a Calixto II de la autoría de algunos textos en la introducción y algunos sermones y narraciones del libro IV.

 

  Pero lo interesante es considerar quién era Calixto II. Este Pontífice, cuyo nombre previo era Guido de Borgoña, había sido abad de Cluny. Además, era hermano del conde de Galicia Raimundo de Borgoña, casado con doña Urraca y padre de Alfonso VII, por lo que Calixto II era tío del soberano leonés. Esto acerca al pontífice, asimismo, al proyecto político-religioso de León, donde Alfonso VII se apoyó en la Orden de Cluny y había potenciado el Camino de Santiago. Así, como indica Anguita Jaén, Calixto II “reunía todos los requisitos de “jacobeísmo” para que el LSC [Liber Sancti Iacobi o Codex Calixtinus] se cobijara bajo su gran autoridad”. Referido esto al contexto histórico, la obra se enmarca así en la exaltación de la Tumba de Santiago y en la organización de su culto desde Cluny, el Papado de la Reforma Gregoriana y la monarquía leonesa. No es casualidad tampoco que se dedicase la obra a Gelmírez.

 

  Otro personaje de este ámbito del pontífice se ha vinculado al Codex Calixtinus, y es su canciller Aymeric Picaud, al que generalmente se ha atribuido la autoría, como “último recopilador” y “editor final” del Codex Calixtinus, o incluso autor directo del libro IV y también del que aquí nos interesa, el libro V. Este hombre era originario de Parthénay, en el Poitou. Este último aspecto, de cara a la autoría del texto, es de primera relevancia. Sea o no Picaud el autor, o lo sea Guido/Calixto II (lo que no parece probable), lo cierto es que el autor del libro V, o el principal de los autores, era un franco.

 

  No obstante, Anguita Jaén plantea una tesis interesante. Para él, no sería el autor un franco del sur galo, sino que se trataría de uno de tantos francos que, en el desarrollo de los burgos del Camino de Santiago y de las políticas poblacionistas y urbanísticas de los soberanos peninsulares, o quizá en la instalación de centros cluniacenses, vinieron a morar en la Península. En efecto, el narrador del Liber Peregrinationis conoce muy bien la geografía peninsular, y ofrece una valoración de los pueblos y regiones del todo interesada. Este conocimiento del terreno y esta valoración de las tierras y las gentes peninsulares llevan a pensar a Anguita Jaén que estamos ante una obra escrita por un autor (o quizá sería mejor decir “autores”) que busca ofrecer una imagen sesgada, en virtud de sus intereses, de una tierra en la que vive y de unas gentes con las que se relaciona. Lo expresa con estas palabras:

  “En fin, para concluir, seguimos sin saber casi nada del autor, o autores, del LSI [Liber Sancti Iacobi], sin embargo, va siendo hora de olvidar la vieja tesis de que la obra se confeccionó en Francia por franceses. Que fue escrita por franceses, eso es evidente y cada dos folios hay un pasaje en el que se verifica este extremo. Pero la obra fue escrita en España, y detrás de ello había grandes intereses. No uno sólo, sino varios amanuenses complementarios, y un autor, o dos autores, capaces de contarlos en una plan gigantesco del que llama la atención su coherencia desde el primer folio hasta el último: el LSI”.

 

  Como intereses que subyacen en la redacción del texto propone este autor la encumbración de Santiago de Compostela, la de la monarquía leonesa, la de Cluny y por último la del Papado. La propuesta de este autor es que se trata de un autor franco del ámbito de Estella o de los monjes de Roncesvalles, en base a una serie de indicios en torno al tratamiento de las distintas localidades y áreas del norte peninsular, así como de sus centros religiosos, ya que conocía al detalle el espacio navarro, pero por el que sentía a la vez un gran desprecio, algo que no sería propio de un habitante autóctono.

 

  No obstante, la tesis tradicional, y la que tiene mucho peso, es que la autoría responda a un peregrino del Poitou. Ciertamente, la lectura del texto hace pensar esto, porque se aprecia una gran valoración de todo lo referido a esta región francesa, y no cabe duda de que el autor describe los caminos por los que él ha transitado en esa región. Este supuesto autor poitevino podría ser algún eclesiástico notable que acudiera a Santiago donde estaba bien conectado. Así, señala Díaz y Díaz que “no puede dudarse de que era un autor de notable empuje, de grandes pretensiones y seguro de sí mismo el que emprendió, o aceptó llevar a cabo, la genial labor de ensamblar todas estas piezas (…) y de unificarlas retocando aquí y allá su estilo”. Según Bravo Lozano, podría ser un clérigo secular o un goliardo, aunque piensa que el compilador final sería el mencionado Aymeric Picaud. Pero esto también se ha cuestionado: la idea de una múltiple autoría con un compilador final que sería Picaud necesita de matizaciones y pruebas. Ciertamente, la autoría de Picaud, como la de Calixto II, se atribuye por la dudosa carta de Inocencio II. En este sentido, las referencias en fuentes compostelanas de la existencia en el tiempo de elaboración del texto de un Aymerico cancellarius en Santiago no debe de identificarse con Aymeric Picaud.

 

  II. TEMAS SEÑALADOS EN EL LIBER PEREGRINATIONIS

 

  Del contenido del Liber peregrinationis podrían señalarse las siguientes líneas de trabajo para el historiador:

  1. La religiosidad en la Cristiandad occidental en el siglo XII.

  2. El discurso ideológico.

  3. Los grupos humanos en el norte de la Península Ibérica en el siglo XII.

  4. La geografía física y humana y los recursos naturales en el Occidente del siglo XII.

  5. La conflictividad social en la Cristiandad occidental.

  6. Las rutas del Camino de Santiago.

 

  A continuación se ofrecen ejemplos del contenido del Liber Peregrinationis sobre cada tema, así como una parte de la bibliografía existente al respecto y que nos serviría en un posible estudio. El objetivo del artículo es mostrar al lector el potencial del Liber Peregrinationis como fuente para el estudio de los diversos temas que subyacen en el documento.

 

  Por último, hay que señalar que la división en temas es en algunos casos (si no en todos) forzada, ya que algunas realidades o informaciones que se ofrecen en el libro pueden ser incluidas en varios temas o problemáticas, que a su vez no pueden considerarse absolutamente aisladas.

 

  1. La religiosidad en la Cristiandad occidental en el siglo XII

 

  El Liber ofrece muchos datos en torno a las concepciones religiosas del momento, al menos de los que podían ponerlas por escrito. El culto a los santos (el primero de ellos, Santiago), a sus reliquias o la creencia en sus capacidades milagrosas, así como en las historias de milagros, fueron creencias muy arraigadas, de lo que este texto ofrece una abundante evidencia. Merece destacarse el capítulo VIII, por la cantidad de santos citados y el discurso en torno a ellos, dedicado a los cuerpos de los santos que pueden encontrarse a lo largo del camino.

 

  El escritor de este capítulo muestra concepciones generales sobre este tema en la Cristiandad occidental. Así, se trata detalladamente sobre la historia de cada uno de los santos cuyos restos están custodiados por las rutas que llevan a Santiago. Se habla de la vida y milagros de los mismos, así como de sus capacidades milagrosas. Se da noticia asimismo de la tumba de san Trófimo y de san Gil (Egidio) en Arlès, san Martín de Tours, san Leonardo de Limoges, la cabeza de san Juan Bautista, la tumba de santa María Magdalena, etc.

 

  Además de las creencias generales en torno a los santos, se encuentran datos para el estudio de la religiosidad local. Si pensamos en la autoría de un poitevino, o al menos un franco, se entiende que el libro se centre tanto en san Gil de Arlès (en cuya historia y enterramiento el escritor se detiene bastante), cuya veneración se equipara a la de Santiago o san Martín de Tours, tal como se afirma expresamente en el texto, algo que en realidad no se daba en el conjunto de la Iglesia occidental. Así, podemos ver la devoción que recibía un santo local en el Camino de Santiago, y reconstruir en parte la religiosidad local en el Poitou del siglo XII.

 

  Por otro lado, aparecen los conflictos en torno a las reliquias, tan abundantes en el Medievo occidental y de lo que el Liber Peregrinationis es un claro ejemplo. Así, son muchos los pasajes que refieren debates sobre quién posee las reliquias de un santo determinado, el intento de acapararlas, la creencia en sus cualidades sobrenaturales, etc.

 

  2. El discurso ideológico

 

  En relación con el tema anterior, la religiosidad ofreció un importante campo para elaborar un discurso ideológico no exclusivamente religioso. Podemos decir que el culto a Santiago, devoción religiosa aparte, se construyó contando con unos determinados presupuestos ideológicos y justificando ciertas realidades históricas. De esta manera, la historia de Santiago Apóstol, la vida de otros santos, la iconografía, etc., se utilizaron para justificar realidades tales como un determinado espíritu de Cruzada, la consagración de la Iglesia del norte peninsular independiente de Toledo, la formación de una alta jerarquía compostelana y asturleonesa, la obra cluniacense…. En pocas palabras, el Camino de Santiago conllevó una construcción ideológica y política para el engrandecimiento de la comunidad política cristiana del norte peninsular, su animación económica y el contexto en que se ofreció una determinada visión del pasado.

 

  En lo que se refiere a la reconstrucción del pasado, el Liber nos habla de la acción de los santos. El primero de ellos es, naturalmente, Santiago, de quien se asume que evangelizó en España y sus restos fueron trasladados hasta Compostela. Del mismo modo, de san Trófimo se dice que “de este clarísimo manantial recibió toda la Galia […] los arroyos de la fe”, o que la cabeza de san Juan Bautista (el más grande nacido de mujer, según Cristo –Lc 7, 24-28) fue trasladada por ángeles hasta Angély, en el Poitou.

 

  Hay interesantes pasajes que reflejan la reconstrucción del pasado para legitimar el fenómeno del Camino de Santiago. Por ejemplo, el escritor refiere, para defender la veracidad de lo narrado, cómo elaboró la historia de santa Eutropio. Afirma que encontró la vida de la santa “en una escuela griega de Constantinopla, en cierto códice de los martirios de muchos santos mártires, y para gloria de nuestro señor Jesucristo y de su gloriosa mártir Eutropio, lo vertí como pude del griego al latín”. Asimismo, y de un modo más evidente si ponemos el libro en conexión con el Pseudo-Turpín, hay un discurso cruzadista en torno a Carlomagno, que aparece en el capítulo VIII como un santo varón, y los muertos de Roncesvalles como mártires.

 

  Otra cuestión importante es el estudio del pasado que ya entonces se hacía. Así, el Liber es también una obra importante en la historiografía del siglo XII. Un ejemplo de ello es la teoría del origen de los navarros expuesta por el escritor (quien los compara por otro lado con los getas de los que habla Ovidio y demuestra una cultura literaria notable en torno a los clásicos) y según el cual los navarros coetáneos eran descendientes de escoceses llevados por Julio César para repoblar las comarcas navarras frente a los indígenas insumisos, poniendo estas supuestas noticias en relación con la similitud de la vestimenta entre ambos pueblos. Es un magnífico e interesante ejemplo de la historiografía medieval, donde el autor investiga sobre la base de las tipologías de la vestimenta y el estudio de las fuentes y aventura una hipótesis histórica. Otros ejemplos de reconstrucción del pasado en el Liber Peregrinationis son las propias hagiografías.

 

  El discurso historiográfico y hagiográfico del Liber gira en torno a la encumbración de la sede compostelana, como por ejemplo la legitimación de la sede de Santiago como sede arzobispal en virtud del hecho de que Mérida estuviese bajo dominio islámico.

 

  3. Los grupos humanos en el norte de la Península Ibérica

 

  El Liber Peregrinationis es un texto plagado de referencias a las gentes que viven en el entorno del Camino de Santiago. El autor no sólo transmite información sobre los distintos grupos humanos, sino la valoración que le merecen. No se debe olvidar que el autor de la obra es un franco, bien un habitante dentro del Camino, bien un peregrino procedente del sur de Francia. Así, si consideramos que un franco escribió sobre las gentes que viven entre el sur galo y la tierra gallega, podemos extraer muchos datos e interpretarlos en torno a las comunidades humanas del Occidente medieval y las relaciones entre ellas.

 

  También se habla de los castellanos, leoneses y gallegos. Resulta interesante un estudio detallado de la información dada. Así, el texto nos refiere la tierra castellana, diciendo que es la tierra “de los españoles, a saber, Castilla y Campos”. Del mismo modo se habla de la “tierra de los gallegos”, y de ellos que “se acomoda más perfectamente que los demás poblaciones españolas de atrasadas costumbres, a nuestro pueblo galo, pero son iracundos y litigiosos”.

 

  El libro se detiene en las comunidades vasco-parlantes y la visión que de ellas tiene es netamente negativa hablando de los “impíos navarros y vascos”. Sin embargo, y donde se acepta imparcialidad en las noticias que de ellos se dan, es en ciertas costumbres o hábitos como la noticia que se nos da del modo de vestir de los navarros, al modo del kilt escocés pero de color negro, o los capotes de lana negra, algo que justificaba la teoría del autor sobre el origen del pueblo navarro.

 

  También merecen los castellanos una valoración negativa al decir que la tierra de Castilla está llena de “hombres malos y viciosos”. Asimismo, en el campo de la filología se da noticia de toda una serie de términos de la lengua vasca, siendo así una de las evidencias de vasco escrito más antiguas, sobre todo desde que se ha demostrado el fraude de los hallazgos de Zornostegui.

 

  Asimismo se habla de los poitevinos, en un tono sospechosamente elogioso. También se dan informaciones indirectas de tipo étnico, al hablar, por ejemplo, del “castro de los judíos” cerca de León, al lado del río Toría, lo que, en mi opinión, invita a una investigación sobre el modo de hábitat de las comunidades judías del entorno. Sobre los judíos, y ya de modo directo y expreso, se ofrece una visión negativa, al describir los pórticos de Santiago, informando que “allí por manos de los judíos el Señor es atado de las manos a la columna”, cayendo así en el tópico de Israel como pueblo deicida.

 

  4. La geografía física y humana y los recursos naturales en el Occidente del siglo XII

 

  Al describir los lugares por donde el peregrino pasa camino de Santiago, el autor ofrece valiosa información sobre la realidad geográfica de las tierras del Camino, un tema sobre el que existe ya una amplia bibliografía. Se da información de los recursos de cada zona y se detiene en describir localidades y también ofrece una abundante toponimia, de la que ya hemos visto el castro de los judíos, al lado del río Toría. Veamos algunos ejemplos.

 

  Al hablar de la villa de Carrión de los Condes y León se dice que: “Es villa industriosa y muy buena y rica en pan, vino, carne y en toda clase de productos. Después está Sahagún, pródigo en toda clase de bienes […] después [está] la Corte y la real ciudad de León, llena de toda especie de felicidades”.

 

  O al referirse a Castilla y la Tierra de Campos: “Esta tierra está llena de tesoros, abunda en oro y plata, telas y fortísimos caballos, y es fértil en pan, vino, carne, pescado, leche y miel. Sin embargo, carece de árboles”

 

  Interesante es también el capítulo VI dedicado a tratar de los ríos que se encuentran en el Camino, más aún si consideramos que el autor era un franco que conocía bien el entorno porque vivía en él, de manera que estamos ante un testimonio fundamentado en un conocimiento directo. Se vuelve a resaltar el amor por la tierra del Poitou, que es “productiva, óptima y llena de toda felicidad”. Asimismo, hay descripciones de ciudades, como la misma Santiago, así como referencias a León, de modo que hay cierto material para la historia urbana medieval.

 

  5. La sociedad en el Camino de Santiago y la Cristiandad occidental

 

  El texto también nos da noticias de la vida social de las comunidades del Camino de Santiago (y, a fortiori, del Occidente medieval) en el siglo XII. No ofrece una visión integral, pero sí material de trabajo suficiente para poner en relación con la amplia bibliografía existente.

 

  Un aspecto del que tenemos noticias en el libro es el del mecenazgo y el papel social que supone. En efecto, supone una encumbración pública del donante, ya que el escritor del Liber Peregrinationis refiere los nombres, lo que indica que el mecenas buscaba publicidad de su acción, para dejar su recuerdo y también hacer méritos de cara a su salvación. Por ejemplo, se mencionan a un tal Diego o a Alfonso Raimúndez como los que repararon parte del Camino. Del mismo modo, se refiere que en la fuente de la que beben los sedientos peregrinos al lado de la catedral de Santiago (tras su minuciosa descripción) está inscrito el nombre del que la encargó y mandó construir, un tal Bernardo, tesorero de Santiago.

 

  También se da información sobre la organización del servicio a los peregrinos y al culto a Santiago. Por ejemplo, se refiere la existencia “de los tres hospitales del mundo”, que son los de Jerusalén, el de Mont-Joux y el de Santa Cristina en el Somport, dentro de la red del Camino de Santiago. También se ofrece detallada información sobre el colegio de canónigos de Santiago en el capítulo X, y en el XI se dice cómo se ha de recibir a los peregrinos e infligir castigos a los que contravengan las normas de la peregrinación. Se ofrece así todo un material de trabajo en torno a la asistencia a los peregrinos y del culto divino.

 

  Otro aspecto a considerar y que sale a relucir es el de la conflictividad social. En efecto, aparecen referencias a distintos grupos sociales y los problemas y fricciones entre los mismos. Un ejemplo de ello, dentro de la sistemática denigración de los vascos y navarros, es la referencia que se hace al bandidaje de estos pueblos respecto a los peregrinos. Asimismo, se tiene un juicio muy severo para con los barqueros que, según da a entender el escritor, estafan a los peregrinos indefensos cobrándoles indebidamente, por lo que se llega a pedir para los mismos la excomunión. Del mismo modo (y puede ponerse en relación con la historia política del momento), el escritor pide la excomunión para una serie de señores o nobles, por los altos tributos que exigen a los peregrinos. Se nombran de esta manera a Raimundo de Salis, Viviano de Agramonte o Arnaldo de Guinia. Anguita Jaén llega más lejos y ve un ataque indirecto al rey de Aragón como señor que era en el sur de Navarra. Estos personajes podrían estar simplemente enfrentados al grupo al que es favorable el redactor del texto, o, sin más, todo sale de la valoración personal del autor.

 

  Por último, y en relación con la historia de las mujeres, hay un ejemplo de la consideración del lugar de la mujer y la actitud hacia ella en caso de infligir las normas matrimoniales con el adulterio. Así, se menciona la existencia de una imagen en el pórtico de la catedral a este respecto.

 

  6. Las rutas del Camino de Santiago

 

  Una intención expresa del Liber Peregrinationis es ofrecer información sobre el Camino de Santiago y sus rutas. El texto describe las rutas, las localidades por las que pasa, las jornadas (capítulo II) y las costumbres de los peregrinos. Empieza el libro citando las cuatro rutas, y las localidades por las que pasa y las jornadas entre ellas (capítulo I y capítulo III). Del mismo modo, se nos informa de algunas costumbres de los peregrinos. Por ejemplo, se escribe que “Cuando nosotros los franceses queremos entrar en la basílica del Apóstol, lo hacemos por la parte septentrional”. También hay noticias sobre lugares donde el peregrino se detiene a rezar o donde, por ejemplo, coge una piedra para llevarla a Santiago y colaborar en las construcciones de la urbe.

 

                                                                                             *****

 

  En conclusión, creo que se aprecia cómo el Liber Peregrinationis contiene una gran riqueza de información para el medievalista, en relación además con muchos ámbitos de estudio, tanto los referidos directamente a la historia del Camino de Santiago como a las sociedades del norte peninsular por cuyas tierras transitaban los peregrinos a Compostela. Si bien el texto ya es bien conocido y se ha trabajado en profundidad, merece la pena recordar el enorme potencial que tiene, sobre todo en referencia a la amplia bibliografía existente sobre los temas que trata.

                                                              ----------------------------------------------------------------

 

  retour à Q.Culture Codex

  

delhommeb at wanadoo.fr - 17/01/2013