Codex Calixtinus : Libro Cuarto - Capítulo XXII.1 (es)

 

                                                                   CAPÍTULO XXII

 

  Tras de esto nos dirigimos juntos a Viena, donde me quedé, fatigado por las cicatrices de las heridas, por los golpes, contusiones y muchas calamidades que soporté en España, y el rey, un poco débil, se fué con sus ejércitos a París. Entonces, reunido un concilio de obispos y príncipes en la basílica de San Dionisio, como acción de gracias porque Dios le había dado fuerzas para vencer a las gentes paganas, dió en predio a su iglesia toda Francia, como antes el apóstol San Pablo y el papa Clemente la habían ofrecido a San Dionisio para su apostolado. Y mandó que todos los reyes y obispos de Francia, presentes y futuros, obedeciesen en Cristo al pastor de su iglesia. Y que sin su consejo los reyes no fuesen coronados. De nuevo dió luego en predio a la misma iglesia muchísimos dones, ordenando que los respectivos propietarios de cada casa de toda Galia diesen anualmente cuatro monedas de plata para la construcción de la iglesia, e hizo libres a todos los siervos que daban voluntariamente esta cantidad. Entonces, estando junto al cuerpo de San Dionisio, le imploró que elevase sus preces al Señor por la salvacion de los que gustosamente daban aquel dinero e igualmente por los cristianos que habian abandonado sus bienes por amor de Dios y en España habían recibido la corona del martirio en las guerras con los sarracenos. Así pues, a la noche siguiente, mientras el rey dormía se le apareció San Dionisio y le despertó, diciendole: - He conseguido del Señor el perdón de todos sus pecados para los que, animados por tu consejo y por el ejemplo de tu bondad, en las guerras de los sarracenos en España han muerto o morirán, y para los que han dado o darán dinero para la construcción de mi iglesia, la curación de su más grave herida.

 

  Referido esto por el rey, los pueblos daban gustosamente el dinero de su tan beneficiosa promesa, y quien la entregaba con más gusto era llamado en todas partes franco de San Dionisio, porque por orden del rey quedaba libre de toda servidumbre. De aquí surgió la costumbre de que se llame ahora Francia la tierra que antes se llamaba Galia, es decir, libre de toda servidumbre de gentes extrañas. Por lo cual el franco es considerado como libre, porque se le debe sobre todos los demas pueblos el honor y el poder. Entonces el rey Carlomagno se dirigió hacia Aquisgrán en tierras de Lieja y construyó en dicha ciudad unos baños constantemente cálidos y dotados de agua caliente y fría, y adornó dignamente con oro, plata y todos los ornamentos eclesiásticos la iglesia de la Virgen Santa María que allí había edificado, y mandó que se la decorase con historias del Antiguo y Nuevo Testamento, e igualmente que el palacio que también había levantado junto a aquélla fuese pintado con diversas alegorías. Se representaron de modo admirable, pues, las batallas que él mismo ganó en España y las siete artes liberales, entre otras cosas.

    

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                                                                       06/01/2013

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