Codex Calixtinus : Libro Cuarto - Capítulo XXI.5 (es)

 

                                           [VISIÓN DE TURPÍN Y DUELO DE CARLOS

                                                   POR LA MUERTE DE ROLDÁN]

 

  Pues ¿Qué más? Mientras el alma del bienaventurado mártir Rolando salía del cuerpo y yo, Turpín, en el lugar de Valcarlos celebraba, con asistencia del rey, la misa de difuntos en el mismo día precisamente, es decir, el 16 de junio, arrebatado en éxtasis, vi unos coros que cantaban en el cielo, sin saber qué era aquello. Y cuando atravesaron los cielos, he aquí que tras ellos pasó ante mí una formación de negros guerreros, que parecían volver de una razia y llevaban el botín, a quienes pregunté en seguida:

 

- ¿Qué llevais? Nosotros - dijeron - llevamos al infierno a Marsilio; a vuestro héroe lo lleva con otros muchos San Miguel al cielo.

 

  Entonces, celebrada la misa, dije rápidamente al rey:

 

- En verdad, rey, sábete que el alma de Roldán con las almas de otros muchos cristianos, las lleva el arcángel San Miguel al cielo, pero desconozco en absoluto de qué muerte murió. Y en cambio, los demonios llevan a los ardientes infiernos el alma de cierto Marsilio, junto con las de muchos malvados.

 

  Mientras decía esto, apareció Balduino en el caballo de Roldán y nos contó todo lo sucedido, y que había dejado a Roldán agonizante acostado junto a un peñasco en el monte. Y luego volviendo atrás todos, con enorme griterío de todo el ejército, fué Carlomagno el primero en descubrir a Roldán exánime, echado boca arriba, con los brazos puestos en forma de cruz sobre el pecho; y echándose sobre él comenzó a llorar con lastimeros gemidos y sollozos incomparables y con innumerables suspiros, a golpearse las manos, a arañarse la cara con las uñas, a mesarse la barba y el pelo, y no podía articular palabra. Y dijo llorando con fuertes voces:

 

- ¡Oh! brazo derecho de mi cuerpo, barba la mejor, prez de los galos, espada de la justicia, lanza inflexible, loriga incorruptible, escudo de salvación, comparable en virtud a Judas Macabeo, parecido a Sansón, semejante a Saúl y Jonatán por la fortuna de tu justa muerte, aguerrido paladín, el más diestro en el combate, el más fuerte entre los fuertes, de linaje real, destructor de los sarracenos, defensor de los cristianos, muralla de los clérigos, báculo de los huérfanos, sostén de las viudas, apoyo de pobre y ricos, alivio de las iglesias, lengua incapaz de mentir nunca, jefe de los galos, capitán de los ejércitos cristianos, ¿por qué te traje a estas tierras? ¿por qué te veo muerto? ¿por qué no muero contigo? ¿por qué me dejas triste e inane? ¡Desgraciado de mí! ¿Qué haré? Vive con los ángeles, gozando con los coros de mártires, alégrate con todos los santos. Te lloraré eternamente, como David lloró a Saúl, Jonatán y Absalón, y se dolió por ellos.

 

  Tú retornando a la patria nos dejas en un mundo triste;

Vas a morar en la luz mientras aquí lloramos.

 

  Con seis lustros de vida de bien y además ochoc años,

Arrebatado al suelo, junto a los astros vuelves.

 

  Al regresar convidado a las paradisíacas mesas,

Por lo que gime el mundo gózase honrado el cielo.

 

  Con estas palabras y otras semejantes lloró Carlomagno a Roldán mientras vivió. Y en seguida, en el mismo sitio en que yacía Roldán muerto fijó aquella noche Carlomagno sus reales con su ejército, y ungió el cuerpo exánime con bálsamo, mirra y áloe, y todos celebraron honrosamente grandes exequias con cánticos, lloros y rezos, a su alrededor, encendidas luces y fuegos por los bosques durante toda aquella noche.

    

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                                                                       06/01/2013

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