Codex Calixtinus : Libro Cuarto - Capítulo XIX (es)

 

                                                                CAPÍTULO XIX

 

  Entonces, licenciados sus mayores ejércitos, fué Carlomagno a la tierra de Santiago en España, e hizo cristianos a los habitantes que en ella encontró; pues a los que volvían a la infidelidad de los sarracenos, o los pasó a cuchillo o los desterró a la Galia. Entonces estableció obispos y presbíteros en las ciudades, y reunido en la ciudad de Compostela un concilio de obispos y príncipes determinó por amor a Santiago que todos los prelados, príncipes y reyes crsitianos, tanto españoles como gallegos, presentes y futuros, obedeciesen al obispo de Santiago. En Iria no estableció obispo porque no la tuvo por ciudad, sino que mandó fuese villa sujeta a la sede compostelana. Entonces en el mismo concilio, yo, Turpín, arzobispo de Reims, a ruegos de Carlomagno, consagré fastuosamente con sesenta obispos la basílica y el altar de Santiago. Y sometió el rey a la misma iglesia toda la tierra española y gallega, y se la dió en dote, mandando que cada poseedor de cualquier casa de toda España y Galicia, diese cada año cuatro monedas obligatoriamente, y quedasen libres de toda servidumbre por orden del rey. Y se determinó aquel día que en adelante la iglesia se denominase sede apostólica , porque allí descansa el apóstol Santiago, y en ella se celebren a menudo los concilios de los obispos de toda España; y que en honor del apóstol del Señor se otorgasen por manos del Obispo de la misma ciudad los báculos episcopales, y la coronas reales. Y que si en otras ciudades por los pecados de los pueblos faltasen la fe o los preceptos del Señor, se reconcilien allí con el consejo del mismo obispo. Y con razón se concede que la fe se reconcilie y establezca en aquella venerable iglesia, porque de la misma manera que por San Juan Evangelista, hermano de Santiago, se estableció en oriente la fe de Cristo y una sede apóstolica en Éfeso, así también, en la parte occidental del reino de Dios, fué establecida por Santiago la misma fe y una sede apostólica en Galicia. Estas son sin duda alguna las sedes apostólicas: Éfeso, que está a la derecha en el terrenal reino de Cristo, y Compostela, que está a la izquierda, sedes que en la división de las provincias correspondientes a estos dos hijos de Zebedeo. Pues ellos habían pedido al Señor sentarse en su reino, uno a su derecha, otro a su izqquierda.

 

  Tres sedes postólicas principales sobre todas suele con razón la cristiandad venerar especialmente en el mundo, a saber: la romana, la gallega y la de Éfeso. Pues como el Señor distinguió entre todos los apóstoles a tres, a saber: Pedro, Santiago y Juan, a los cuales reveló más claramente que a los demás, según consta en los Evangelios, sus designios, de la misma manera determinó que estas tres sedes fuesen a causa de ellos reverenciadas sobre todas las demás del mundo. Y con razón se dice que éstas son las sedes principales, porque así como estos tres apóstoles aventajaron a los demás en dignidad, igualmente los sacrosantos lugares en que predicaron y fueron enterrados deben justamente aventajar por la excelencia de su dignidad a todas las sedes del mundo entero. Con razón se considera a Roma como la primera sede apostólica, pues Pedro, el príncipe de los apóstoles, la consagró con su predicación, con su propia sangre y con su sepultura. Compostela se tiene justamente por la segunda sede, porque Santiago, que fué entre los demás apóstoles el mayor después de San Pedro, por su especial dignidad, honor y calidad, y en los cielos tiene la primacía sobre ellos, la santificó primero con su predicación antiguamente, y laureado con el martirio la consagró con su sacratísima sepultura y ahora la ilustra con sus milagros y no cesa de enriquecerla constantemente con sus permanentes beneficios. En verdad se dice que la tercera sede es Éfeso, porque San Juan Evangelista compuso en ella su Evangelio que empieza "In principio erat verbum", en un concilio de los obispos que él mismo había establecido en las otras ciudades, a los que también en su Apocalipsis llama ángeles, y la consagró con sus predicaciones y milagros y con la basílica que en ella edificó e incluso con su propia sepultura. Si pues, algunas cuestiones divinas o humanas quizá no pueden por su gravedad dilucidarse en las otras sedes del orbe, en estas tres sedes deben con razón ser tratadas y definidas. Así pues, Galicia, libre muy pronto de sarracenos, por la gracia de Dios y de Santiago y con el auxilio de Carlomagno, permanece distinguida hasta hoy en la fe cristiana.

    

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                                                                       06/01/2013

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