Codex Calixtinus : Libro Cuarto - Capítulo XVI (es)

 

                                                                 CAPÍTULO XVI

 

  Al dia siguiente, pues, se le anunció a Carlomagno que en Monjardín un príncipe de los navarros, llamdo Furre, quería combatir contra él. Al llegar, pues, Carlomagno a Monjardín, el príncipe aquel se dispuso a lidiar contra él al dia siguiente. En consecuencia, Carlomagno la víspera de la batalla pidió a Dios que le mostrase aquellos de los suyos que iban a morir en el combate. Al dia siguiente, pues, armados ya los ejércitos de Carlomagno, apareció en los hombres de los que morirían, es decir, detrás sobre la loriga, la silueta en rojo de la cruz del Señor. Y al verlos Carlomagno los escondió en su tienda para que no muriesen en la batalla. "Cuan incomprensibles son los juicios de Dios y cuán inescrutables sus caminos". ¿ Pues qué más ? Terminada la batalla y muerto Furre con tres mil navarros y sarracenos, encontró Carlomagno muertos a los que por precaución había escondido. Y casi era ciento cincuenta. ¡ Oh bienaventurada tropa de luchadores de Cristo !, aunque la espada del perseguidor no la segó, sin embargo no perdió la palma del martirio. Entonces Carlomagno tomó el castillo de Monjardín y toda la tierra de Navarra.

    

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                                                                       06/01/2013

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