Codex Calixtinus : Libro Cuarto - Capítulo IX (es)

 

                                                                  CAPÍTULO IX

 

  Después Aigolando reunió innumerables gentes, los sarracenos, los moros, los moabitas, los etíopes, los serranos, los pardos, los africanos, los persas; a Texufín, rey de los árabes; a Burrabel, rey de Alejandria; a Avito, rey de Bugía; a Ospino, rey de Gelves; a Fatimón, rey de Berbería; a Alí, rey de Marruecos; a Afinorgio, rey de Mallorca; a Maimon, rey de la Meca; a Ebrahim, rey de Sevilla; a Almanzor de Córdoba, y fué hasta la ciudad gascona de Agen y la tomó. Luego mandó a Carlomagno que viniera pacíficamente junto a él con una pequeña escolta de soldados, prometiéndole sesenta caballos cargados de oro y plata y de los demás tesoros, con la sola condición de someterse a su imperio. Decía esto porque quería conocerlo para poder después matarlo en combate. Pero advirtiéndolo Carlomagno fué con dos mil de los más esforzados hasta unos cuatro millas y los ocultó allí, y llegó con sólo sesenta guerreros hasta un monte que está cerca de la ciudad, y desde donde puede verse ésta. Y allí los dejó y, cambiados sus espléndidos vestidos, sin lanza, atravesado el escudo sobre la espalda como acostumbran los emisarios en tiempo de guerra, con un solo guerrero llegó a la ciudad. En seguida, saliendo algunos de la ciudad se llegaron hasta ellos preguntándoles qué buscaban.

 

- Somos emisarios, dijeron, del famoso rey Carlomagno, enviados a vuestro rey Aigolando.

 

  Y ellos los llevaron a la ciudad, ante Aigolando; y le dijeron:

 

- Carlomagno nos envía a ti, porque él mismo ha venido, como has mandado, con sesenta guerreros, y quiere militar bajo tus banderas y convertirse en vasallo tuyo, si quieres darle lo que has prometido. Así pues, de la misma manera ven pacíficamente hasta él con sesenta de los tuyos y háblale.

 

  Entonces se armó Aigolando y les dijo que volviesen junto a Carlomagno y le dijesen que esperase. No pensaba Aigolando que era Carlomagno quien le hablaba. Carlomagno, en cambio, lo conoció entonces, y exploró la ciudad y vió por qué parte era más debil para conquistarla y los reyes que en ella había, y volvió junto a los sesenta guerreros que había dejado atrás, con los que regresó junto a los dos mil.

 

  Aigolando, pues, los siguió rápidamente con siete mil caballeros queriendo matar a Carlomagno, pero advirtiéndolo ellos emprendieron la huída. Después Carlomagno volvió a la Galia y habiendo reunido muchos ejércitos, regresó a la ciudad de Agen  y la sitió, y mantuvo el sitio por espacio de seis meses. Pero al séptimo mes, dispuestas ya por Carlomagno junto al muro las catapultas y las ballestas, los manteletes y los arietes con todos los demás ingenios de combate, así como torres de madera, cierta noche Aigolando con los reyes y sus nobles salió ocultamente por cloacas y pasadizos, y atravesando el río Garona, que está juntoa la ciudad, escapó de las manos de Carlomagno. Pues al día siguiente Carlomagno entró triunfalmente en la ciudad. Entonces parte de los sarracenos fueron acuchillados; otros se evadieron a través de Garona con gran ímpetu. Sin embargo, diez mil sarracenos fueron pasados a cuchillo.

    

  retour à Codex IV. es

  home

                                                                       06/01/2013

delhommeb at wanadoo.fr