|
EMPIEZA
EL LIBRO TERCERO DE SANTIAGO
Capítulo
I. La gran traslación de Santiago.
Capítulo
II. Carta del Papa San León.
Capítulo
III. De las tres festividades de Santiago y de la
procesión del rey Alfonso.
Capítulo
IV. Acerca de las caracolas de Santiago.
EMPIEZA
EL PRÓLOGO DEL BIENAVENTURADO PAPA CALIXTO
SOBRE
LA GRAN TRASLACIÓN DE SANTIAGO
No
he querido excluir de mi códice la traslación de
Santiago, puesto que en ella se narran tantos prodigios
y testimonios para gloria de Nuestro Señor Jesucristo
y del Apóstol, y porque tampoco difiere gran cosa
de la carta que se intitula con el nombre de San
León. Más sépase que Santiago tuvo muchos discípulos,
pero doce especiales. A tres se dice que los eligió
en tierras de Jerusalén; de los cuales, Hermógenes,
nombrado obispo, y Fileto, archidiácono, después
de su martirio en Antioquía, adornados con muchos
milagros, descansaron de su santa vida en el Señor;
y el bienaventurado Josías, maestresala de Herodes,
murió en compañía del Apóstol, laureado con el martirio.
A
nueve, empero, se dice que los eligió el Apóstol
en Galicia durante su vida; siete de los cuales,
mientras los otros dos se quedaban en Galicia para
predicar, fueron con él a Jerusalén, y después de
su pasión trajeron su cuerpo por mar a Galicia;
y acerca de ellos escribió San Jerónimo en su Martirologio,
cual lo aprendió del bienaventurado Cromacio, que,
después de sepultado en Galicia el cuerpo de Santiago,
fueron ordenados con las ínfulas episcopales en
Roma por los apóstoles Pedro y Pablo, y fueron enviados
a predicar la palabra de Dios a las Españas, todavía
sometidas al error gentil. Finalmente, pues, tras
haber ilustrado a muchos pueblos con su predicación,
murieron precisamente el día quince de Mayo, Torcuato
en Acci, Tesifonte en Vergi, Segundo en Abula, Indalecio
en Urci, Cecilio en Iliberis, Hesiquio en Garcesa,
Eufrasio en Iliturgis.
Perdura
hasta hoy un estupendo milagro en testimonio de
su preciosa muerte. Pues, como se dice en la vigilia
de su ya citada solemnidad, en la ciudad de Guadix
junto al sepulcro de San Torcuato, detrás de la
iglesia, todos los años un olivo que florece milagrosamente,
se adorna con sus maduros frutos, de los que al
punto se saca el aceite con que se encienden las
lámparas ante su venerable altar.
Los
otros dos discípulos, en cambio, a saber, Atanasio
y Teodoro, fueron enterrados, como se consigna en
la misma carta de San León, junto al cuerpo del
Apóstol, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Y a nadie debe parecer que Atanasio sea Hesiquio,
puesto que Hesiquio es uno, y otro distinto Atanasio.
Pero
hemos de decir qué sucedió en nuestro tiempo a cierto
peregrino de Santiago respecto del libro de esta
translación. Cierto clérigo conocido mío, devoto
y peregrino de Santiago, queriendo llevar consigo
a su patria esta traslación con algunos otros milagros
del Apóstol, encargó en la misma ciudad de Santiago
que se los escribiese a un copista llamado Fernando
y pagó como precio veinte rotomagenses. Y como él,
después de pagar el precio y recibir la copia, se
pusiera a leerlo en voz baja arrinconado en un ángulo
de la basílica apostólica, encontró en su faltriquera
tantas monedas como al copista había dado; y no
creyó que mortal alguno se los pusiera allí, sino
que lo hizo el apóstol milagrosamente. por lo cual
se cree que el santo Apóstol es generosísimo remunerador
mediante gracias celestiales, puesto que tan pronto
remuneró a su siervo con las terrenas.
FIN
DEL PROLOGO
--------------------------------------------------------------------------------
-
Codex III.
Cap I. es - La gran traslación de Santiago.
-
Codex III.
Cap II. es - Carta del Papa San León.
-
Codex III.
Cap III. es - De las tres festividades de Santiago y de la
procesión del rey Alfonso.
-
Codex III.
Cap IV. es - Acerca de las caracolas de Santiago.
retour
à Q.Culture Codex
home
|