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CAPÍTULO
IV
ACERCA
DE LAS CARACOLAS DE SANTIAGO.
Se
cuenta que siempre que la melodía de la caracola
de Santiago, que suelen llevar consigo los peregrinos,
resuena en los oídos de las gentes, se aumenta en
ellas la devoción de la fe, se rechazan lejos todas
las insidias del enemigo; el fragor de las granizadas,
la agitación de las borrascas, el ímpetu de la tempestad
se suavizan en truenos de fiesta; los soplos de
los vientos se contienen saludable y moderadamente;
las fuerzas del aire se abaten.
FIN
DE LIBRO TERCERO
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