Codex Calixtinus : Libro Tercero - Capítulo II (es)

 

                                                               CAPÍTULO II

 

                                    EMPIEZA LA CARTA DEL PAPA SAN LEÓN

                              ACERCA DEL TRASLADO DE SANTIAGO APÓSTOL,

                              QUE SE CELEBRA EL DIA TREINTA DE DICIEMBRE

 

  Sepa vuestra fraternidad, dilectísimos rectores de toda la cristiandad, cómo fué trasladado a España, a las tierras de Galicia, el cuerpo entero del muy bienaventurado apóstol Santiago. Después de la Ascensión a los cielos de nuestro Salvador, y de la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos, en el curso del undécimo año desde la misma Pasión de Cristo, en el tiempo de los ázimos, el bienaventurado apóstol Santiago, tras visitar las sinagogas de los judíos, fué preso en Jerusalén por el pontífice Abiatar, y condenado a muerte, junto con su discípulo Josías, por orden de Herodes.

 

  Por temor a los judíos fué recogido durante la noche el cuerpo del bienaventurado apóstol Santiago por sus discípulos, que, guiados por un ángel del Señor, llegaron a Jafa, junto a la orilla del mar. Y como allí dudasen a su vez acerca de lo que debían hacer, de pronto apareció, por designio de Dios, una nave preparada. Y con gran alegría suben a ella llevando al discípulo de nuestro Redentor, e hinchadas las velas por vientos favorables, navegando con gran tranquilidad sobre las olas del mar, llegaron al puerto de Iria, alabando la clemencia de nuestro Salvador. En su alegría, entonaron allí este verso de David: "Fué el mar tu camino y tu snda la inmensidad de las aguas".

 

  Una vez desembarcados, dejaron el muy bienaventurado cuerpo que transportaban en un pequeño predio llamado Libredón, distante ocho millas de la citada ciudad, y en donde ahora se venera. Y en este lugar encontraron un grandísimo ídolo construído por los paganos. Rebuscando por allí encontraron una cripta, en la que había herramientas con las que los canteros suelen construir las casas.

 

  Así, pues, los mismos discípulos, con gran alegría, derruyeron el citado ídolo y lo redujeron a menudo polvo. Después, cavando profundamente, colocaron unos cimientos firmísimos y levantaron sobre ellos una pequeña construcción abovedada, en donde construyeron un sepulcro de cantería, en el que, con artificioso ingenio, se guarda el cuerpo del Apóstol. Se edifico encima una iglesia de reducidas dimensiones, que adornada con un altar abre al devoto pueblo una venturosa entrada a su sagrado altar. Tras la inhumación del santísimo cuerpo, entonaron alabanzas al Rey de los cielos, cantando estos versos de David: "Se alegrará el justo en el señor y confiarà en El, y se gloriarán todos los rectos de corazón". Y luego: "El justo estará en eterna memoria y no temerá la mala nueva".

 

  Después de algún tiempo, instruídos los pueblos en el conocimiento de la fe por los discípulos del mismo Apóstol, en breve creció la fecunda mies multiplicada por Dios. Tomada, pues, una prudente resolución, dos discípulos, uno de los cuales se llamaba Teodoro y el otro Atanasio, quedaron allí para custodiar aquel preciosísimo tesoro, es decir, el venerable cuerpo de Santiago. Los otros discípulos, en cambio, guiados por Dios, se esparcieron por las Españas para predicar.

 

  Como dijimos, aquellos dos discípulos, inseparables por reverencia hacia su maestro, mientras con todo cariño vigilaban sin interrupción el citado sepulcro, mandaron que, después de su muerte, fuesen enterrados por los cristianos junto a su maestro, uno a su derecha y otro a su izquierda. Y así, llegado el término de la vida, al pagar su deuda a la Naturaleza, expiraron con venturosa muerte, y alegremente llevaron sus almas al cielo. Y no abandonaándolos su egregio maestro, logró, por gracia divina, colocarlos con él en el cielo y en la tierra, y adornado con su estola purpúrea y una corona, goza en la corte celestial con sus discípulos, él, que protegerá a los desgraciados que se acojan a su invencible protección, con el auxilio de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, cuyo reino e imperio con el Padre y el Espíritu Santo dura eternamente por los siglos de los siglos. Así sea.

    

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                                                                       01/12/2011

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