Codex Calixtinus : VI suplementos - 12 (es)

 

                                      AIMERICO PICAUD, PRESBÍTERIO DE PARTHENAY

  (Ad honorem regis summi)

 

En honor del Rey Supremo,

     del que todo lo creó,

celebremos las grandezas

     que Santiago realizó.

 

Alegría de los santos

     en la curia celestial,

y en la Iglesia recordado

     por glorioso en su historial.

 

Junto al mar de Galilea

     quiso todo posponer,

y, visto su Rey, al mundo

     no quiso jamás volver;

 

Más tras Él que le llamaba

     dispúsose allí a marchar,

y sus santos mandamientos

     deseaba predicar.

 

A Hermógenes y a Fileto

     la fe de Cristo infundió,

y dió salud al enfermo

     y a Josías bautizó.

 

Vió a Jesús transfigurado

     del Padre en la majestad,

y murió y vertió su sangre

     de Herodes por la crueldad.

 

Cuyo cuerpo está enterrado

     de Galicia en un rincón,

y alcanzan la gloria quienes

     van allá con devoción.

 

Resplandecen sus milagros

     por toda la Cristiandad:

Una vez a veinte hombres

     libró de cautividad.

 

Hizo aparecer borrada

     la esquela de un pecador;

devolvió un niño a la vida

     y a la madre en su dolor.

 

Desde Cize a un difunto

     se lo llevó a su ciudad,

echando en doce jornadas

     una noche nada más.

 

A uno ahorcado treinta días

     a la vida devolvió,

y un borrico a un peregrino

     poitevino le prestó;

 

Y a Frisono, envuelto en hierro,

     del mar hubo de sacar,

como en la nave a un prelado

     puso, que cayó en el mar.

 

Para vencer a los turcos,

     fuerza a un caballero dio;

por el pelo a un peregrino

     caído al mar sujetó;

 

Saltó sano de una torre

     otro hombre por su virtud,

y tocado de una concha

     otro logró la salud.

 

Dalmacio sufrió venganza

     y fue sanado después;

hizo inclinarse a una torre

     por soltar a un mercader;

 

A un caballero que huía

     libró con su protección,

y a otro que sufría enfermo

     de demonios la opresión.

 

A un hombre que se dio muerte

     a la vida devolvió;

cerrado a su altar, las puertas

     a un conde dignóse abrir;

 

Al siervo de Dios Esteban,

     caballero se mostró,

y a un cautivo con su espada

     no pudo otro conde herir.

 

A un lisiado y contrahecho

     le curó con humildad,

y a un cautivo trece veces

     le soltó con su bondad.

 

Éstos son los sacrosantos

     milagros que para honor

de Jesucristo por siglos

     hizo Santiago el Mayor.

 

Por eso al Rey de los reyes

     loas debemos decir

para merecer felices

     por siempre con Él vivir.

 

Hágase, amén, aleluya,

     - digamos, pues, a la par -,

E ultreya esus eya,

     cantaremos sin cesar.

 

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                                                                       01/12/2011

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