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CAPÍTULO
XXII
MILAGRO
DE SANTIAGO EXPUESTO POR EL PAPA CALIXTO
En
el año mil ciento de la encarnación del Señor se
cuenta que cierto ciudadano barcelonés vino en peregrinación
a la basílica de Santiago en tierra de Galicia.
Y habiendo pedido solamente al Apóstol que le librase
del cautiverio de sus enemigos, si por azar cayese
en él, una vez vuelto a su casa marchó a Sicilia
por causa de negocios y fué apresado en el mar por
sarracenos. ¿Qué más ? Por ferias y mercados fué
vendido y comprado trece veces. Pero los que le
compraban no podían tenerle sujeto, porque Santiago
le rompía las cadenas y ligaduras. La primera vez
fué vendido en Corociana, la segunda en la ciudad
de Iazera en Eslavonia, la tercera en Blasia, la
cuarta en Turcoplia, la quinta en Persia, la sexta
en la India, la séptima en Etiopía, la octava en
Alejandría, la novena en Africa, la décima en Berbería,
la undecima en Bizerta, la duodécima en Bugía, la
decima tercera en la ciudad de Almería, donde habiendo
sido atado duertemente por un sarraceno con dos
cadenas alrededor de las pirnas, al implorar el
auxilio de Santiago a voces se le apareció él mismo
diciendo: -Porque cuando en mi basílica solamente
me pdiste la liberación de tu cuerpo y no la salvación
de tu alma, has caído en estos peligros. Pero como
el Señor se ha apiadado de tí, me ha enviado para
sacarte de estas prisiones.
Quebrantadas
al instante por medio las cadenas, el santo Apóstol
desapareció de sus ojos. Y luego aquel hombre, liberado
del cautiverio, emprendió el regreso a tierra de
cristianos por las ciudades y castillos de los sarracenos
abiertamente y a la vista de ellos, llevando en
sus manos un trozo de cadena en testimonio de tan
excelso milagro. Y cuando algún infiel la salía
al encuentro e intentaba aprisionarle, le msotraba
el trozo de cadena y el enemigo huía al momento.
También quisieron deovrarle al atravesar campos
desiertos manadas de leones, osos, leopardos y dragones,
mas vista la cadena que había tocado el Apóstol
se alejaban de él. A este hombre cunado venía de
nuevo al santuario de Santiago portando en sus manos
la cadena y con los pies desnudos y desollados le
encontré yo mismo por cierto entre Estella y Logroño
y me contó todas estas cosas. En este ejemplo deben,
pues, comprenderse los que piden al Señor y a sus
santos o mujer o felicidad terrena u honores o riqueza
o la muerte de enemigos u otras cosas parecidas
a éstas, que sólo tocan al provecho del cuerpo,
y no la salvación del alma. Si puede pedirse lo
necesario para el cuerpo, debe pedirse más la vida
del alma o sean las virtudes como la fe, esperanza,
caridad, castidad, paciencia, templanza, hospitalidad,
largueza, humildad, obediencia, paz, perseverancia
y otras semejantes, para que con ellas sea el alma
coronada en las moradas siderales. Lo cual se digne
concedernos Aquel cuyo reino e imperio perdura sin
fin por los siglos de los siglos. Así sea.
FIN
DEL CODICE SEGUNDO
SEA
PARA EL ESCRITOR LA GLORIA Y PARA EL LECTOR.
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