Codex Calixtinus : Libro Segundo - Capítulo XV (es)

 

                                                                  CAPÍTULO XV

 

                          MILAGRO DE SANTIAGO EXPUESTO POR EL PAPA CALIXTO

 

  Corriendo el año mil ciento diez de la encarnación del Señor, los caballeros de dos ciudades de Italia, enemigas entre sí, trabaron combate. Y vencida una parte por la otra, volvió las espaldas y emprendió la huída en desorden. Mas cierto caballero entre ellos, que solía venir al sepulcro de Santiago, viendo al huir que parte de sus compañeros fugitivos eran apresados y parte muertos, y desconfiando de salvar la vida, empezó a llamr a Santiago en auxilio para que le valiese, ya casi sin voz, pero con hondos gemidos. Y al fin, dijo con viva voz: Santiago, si te dignas librarme del peligro que me amenaza, sin tardanza iré presuroso a tu santuario, y con mi caballo, pues nada tengo que más estime, me presentaré a ti.

 

  Hecha, pues, la súplica, el gloriosísimo Santiago, que no se niega a quienes piden con recto corazón, antes al contrario, aucde en auxilio al punto, apareció entre él y los enemigos, que siguiéndole con mayort insistencia ansiaban alcanzarle, una vez que todos los demás habían sido suprimidos por la espada o la captura, y le libró, a lo largo de seis leguas que le persiguieron, con la protección de su escudo. Y para que no se atribuya este milagro más a las fuerzas del caballo que a la gloria de Santiago, como suele hacerse por los que odian el bien y atacan a la Iglesia, para alejar toda objeción de éstos, resultó que aquel caballo no valía veinte sueldos. El caballero, para no quedar deudor de su promesa, acudió con su caballo a la presencia del santo Apóstol, y a fin de cumplir enteramente lo que había prometido, pese a la oposición de los guardianes, se presentó ante las puertas del altar. Y con gozo por este milagro, clérigos y seglares, acudiendo a la iglesia según costumbre, dieron gracias a Dios con himnos y salmos. Esto fué realizado por el Señor, y es admirable a nuestro ver. Al mismo Señor honor y gloria por los siglos de los siglos. Así sea.

    

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                                                                       01/12/2011

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