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CAPÍTULO
VII
DE
LOS NOMBRES DE LAS TIERRAS Y DE LAS CUALIDADES DE
LAS GENTES
QUE
SE ENCUENTRAN EN EL CAMINO DE SANTIAGO
En
el camino de Santiago, por la vía de Toulouse, pasado
el río Garona, se encuentra en primer lugar la tierra
Gascuña; y luego, pasado el Somport, la tierra de
Aragón y después Navarra, hasta Puente Arga y más
allá.
Por
la ruta de Port de Cize, despues de la Turena, se
encuentra la tierra de los poitevinos, productiva,
óptima y llena de toda felicidad. Los poitevinos
son gente fuerte y guerrera, muy hábiles en la guerra
con arcos, flechas y lanzas, confiados en la batalla,
rapidísimos en las carreras, cuidados en su vestido,
distinguidos en sus facciones, astutos en sus palabras,
muy dadivosos en sus mercedes, pródigos con sus
huéspedes. Después se encuentra el país de Saintes;
luego pasado el estuario del río Garona, está la
tierra de Burdeos, que es fértil en vino muy vino
y en peces, pero de rústica lengua. Se tiene a los
Saintes por burdos pr su idioma, pero los bordeles
lo son aún más. Después se atraviesan durante tres
agotadoras jornadas las landas bordelesas. Esta
es tierra completamente desolada, carente de pan,
vino, carne, pèscado, ríos y fuentes, de escasas
aldeas, llana, arenosa, aunque abundante en miel,
mijo, panizo, y puercos. Pero si por casualidad
la atraviesan en verano, guarda cuidadosamente tu
rostro de las enormes moscas, que vulgarmente se
llaman avispas o tábanos, que allí abundan mucho.
Y si no miras atentamente dónde pisas, en la arena
del mar, que allí abunda, rápidamente te hundirás
hasta la rodilla.
Pasado,
pues, este país, se encuentra Gascuña, tierra rica
en pan blanco y espléndido vino tinto, y dotada
de bosques, prados y ríos y fuentes sanas. Los gascones
son ligeros de palabra, parlanchines, reidores,
libidinosos, bebedores, pródigos en las comidas,
mal vestidos, descuidados en sus ropas y adornos;
pero acostumbrados a la guerra y distinguidos por
su hospitalidad con los pobres. Acostumbran comer
sin mesa, sentados alrededor del fuego y beber todos
por un mismo vaso. Comen y beben largamente, pero
visten mal y duermen torpe y suciamente mezclados
tdos sobre unas pocas pajas, los siervos con el
señor y la señora. A la salida de este país, en
el camino de Santiago, se encuentran dos ríos que
corren por cerca de la Villa de San Juan de Sorde,
uno a su derecha y otro a su izquierda: que uno
de ellos se llama gave y el otro río y que no pueden
cruzarse en modo alguno sin embarcación. Y los barqueros
de éstas se condenarán indudablemente; pues aunque
aquellos ríos son muy estrechos, sin embargo por
cada hombre, tanto pobre como rico, que transportan
hasta la otra orilla, suelen cobrar un dinero, y
por las caballerías cuatro, que exigen incluso por
la fuerza, abusivamente. Y su nave es pequeña, hecha
de un solo árbol, y en ella no caben los caballos;
cuando hayas embarcado en ella guárdate prudentemente
de caer, por casualidad, al agua. Te convendrá arrastrar
por las riendas a tu caballo detrás de ti, fuera
de la nave, por el agua. Por eso entra en ella con
pocos, pues si va muy cargada peligrará. Tambien
muchas veces los barqueros meten tanta cantidad
de peregrinos, tras cobrarles el precio, que vuelca
la nave, y se ahogan los peregrinos en el río. Por
lo que malignamente se alegran los barqueros, apoderandose
de los despojos de los muertos.
Después,
ya cerca de Port de Cize, se encuentra el país vasco,
que tiene en la costa hacia el norte la ciudad de
Bayona. Esta tierra es bárbara por su lengua, llena
de bosques, montuosa, desolada de pan, vino y de
todo alimento del cuerpo, salvo el consuelo de las
manzanas, la sidra y la leche. En esta tierra, a
saber, cerca de Port de Cize, en el pueblo llamado
Ostabat y en los de Saint-Jean y Saint-Michel-Pied-de-Port
se hallan unos malvados portazgueros, los cuales
totalmente se condenan; pues saliendo al camino
a los peregrinos con dos o tres dardos cobran por
la fuerza injustos tributos. Y si algún viajero
se niega a darles los dineros que les han pedido,
le pagan con los dardos y le quitan el censo, insultándole
y registrándole hasta las calzas.
Son
feroces y la tierra en que moran es feroz, silvestre
y bárbara: la ferocidad de sus caras y los gruñidos
de su bárbara lengua aterrorizan el corazón de quienes
los ven. Aunque legalmente solamente deben cobrar
tributo a los mercaderes, lo reciben injustamente
de los peregrinos y de todos los viajeros. Cuando
deben cobrar normalmente de cualquier cosa cuatro
monedas o seis, cobran ocho o doce, es decir, el
doble. Por lo cual mandamos y rogamos que estos
portazgueros con el rey de Aragón y los demás potentados
que reciben de ellos los dineros del tributo, y
todos los que lo consienten, a saber: Raimundo de
Solis y Viviano de Agramonte y el Vizconde de San
Miguel con toda su descendencia, junto con los antedichos
barqueros y Arnaldo de Guinia con todos sus descendientes
futuros y con los demas señores de los citados ríos,
que injustamente reciben de aquellos mismos barqueros
los dineros de la navegación, con los sacerdotes
también que a sabiendas les dan confesión o comunión,
o les celebran oficios divinos, o los admiten en
la iglesia, sean excomulgados no sólo en las sedes
episcopales de sus respectivas tierras, sino también,
oyéndolo los peregrinos, en la basílica de Santiago,
hasta que por larga y pública penitencia se arrepientan
y moderen sus tributos. Y cualquier prelado que,
por caridad o por lucro, quiera perdonarlos de esto,
sea herido por la espada del anatema. Y sépase que
dichos portazgueros en modo alguno deben percibir
tributo de los peregrinos, y los repetidos barqueros
sólo deben cobrar un óbolo por la travesía de dos
hombres, si son ricos, y por su caballo un solo
dinero, pero de los pobres nada. Y deben tener también
barcas grandes en que holgadamente puedan entrar
las caballerías y los hombres.
En
el país vasco hay en el camino de Santiago un monte
muy alto que se llama Port de Cize, o porque allí
se halla la puerta de España, o porque por dicho
monte se transportan las cosas necesarias de una
tierra a otra; y su subida tiene ocho millas y su
bajada igualmente ocho. Su altura es tanta que parece
tocar al cielo. Al que lo escala le parece que puede
alcanzar el cielo con la mano. Desde su cumbre pueden
verse el mar británico y el occidental, y las tierras
de tres países, a saber: de Castilla, de Aragón
y de Francia. En la cima del mismo monte hay un
lugar llamado la Cruz de Carlomagno, porque en él
con hachas, con piquetas, con azadas y demás herramientas
abrió una senda Carlomagno al dirigirse a España
con sus ejercitos en otro tiempo y, por último,
arrodillado de cara a Galicia elevó sus preces a
Dios y Santiago. Por lo cual, doblando allí sus
rodillas los peregrinos suelen rezar mirando hacia
Santiago y todos ellos clavan sendas cruces, que
allí pueden encontrar-se a millares. Por esto se
considera aquel lugar el primero de la oración a
Santiago.
En
este mismo monte, antes de que creciese plenamente
por tierra españolas la cristiandad, los impíos
navarros y vascos solían no solo robar a los peregrinos
que se dirigían a Santiago, sino también cabalgarlos
como asnos, y matarlos. Junto a este monte, hacia
el norte, hay un valle que se llama Valcarlos, en
el que acampó el mismo Carlomagno con sus ejércitos
cuando los guerreros fueron muertos en Roncesvalles,
y por el que pasan también muchos peregrinos que
van a Santiago y no quieren escalar el monte. Luego,
pues, en el descenso del monte se encuentra el hospital
y la iglesia en donde está el peñasco que el poderoso
héroe Roldán partió con su espada de arriba a bajo
de tres golpes. Después se halla Roncesvalles, lugar
en que en otro tiempo se libro la gran batalla en
la cual el rey Marsilio, Roldán y Oliveros y otros
ciento cuarenta mil guerreros cristianos y sarracenos
fueron muertos.
Tras
este valle se encuentra Navarra, tierra considerada
feliz por el pan, el vino, la leche y los ganados.
Los navarros y los vascos son muy semejantes en
cuanto a comidas, trajes, y lengua, pero los vascos
son algo más blancos de rostro que los navarros.
Estos se visten con paños negros y cortos hasta
las rodillas solamente, a la manera de los escoceses,
y usan un calzado que llaman albarcas, hechas de
cuero con pelo, sin curtir, atadas al pie con correas,
que sólo resguardan la planta del pie, dejando desnudo
el resto. Gastan unos capotes de lana negra, largos
hasta los codos y orlados a la manera de una paenula,
(la paenula era una especie de capota de viaje,
largo hasta las rodilaas, cerrado y sin mangas,
con un agujero para la cabeza y un capuchón)que
llaman sayas. Comen, beben y visten puercamente.
Pues toda la familia de una casa navarra, tanto
el siervo como el señor, lo mismo la sierva que
la señora, suelen comer todo el alimento mezclado
al mismo tiempo en una cazuela, no con cuchara,
sino con las manos, y suelen beber por un vaso.
Si los vieras comer, los tomarías por perros o cerdos
comiendo. Y si los oyeses hablar, te recordarian
el ladrido de los perros, pues su lengua es completamente
bárbara. A Dios le llaman urcia; a la Madre de Dios,
andrea María; al pan, orgui; al vino, ardum; a la
carne, aragui; al pescado, araign; a la casa, echea;
al dueño de la casa, iaona; a la señora, andrea;
a la iglesia, elicera; al prebítero, belaterra,
lo que quiere decir bella tierra; al trigo, gari;
al agua, uric; al rey, ereguia; a Santiago, iaona
domne Iacue.
Este
es pueblo bárbaro, distinto de todos los demás en
costumbres y modo de ser, colmado de maldades, oscuro
de color, de aspecto inicuo, depravado, perverso,
pérfido, desleal y falso, lujurioso, borracho, en
toda suerte de violencias ducho, feroz, silvestre,
malvado y réprobo, impío y áspero, cruel y pendenciero,
falto de cualquier virtud y diestro en todos los
vicios e inquiedades; parecido en maldad a los getas
y sarracenos, y enemigo de nuestro pueblo galo en
todo. Por sólo un dinero mata un navarro o un vasco,
si puede, a un francés. En algunas de sus comarcas,
sobretodo en Vizcaya y Alava, el hombre y la mujer
navarros se muestran mutuamente sus verguenzas mientras
se calientan. También usan los navarros de las bestias
en impuros ayuntamientos. Pues se dice que el navarro
cuelga un candado en las ancas de su mula y de su
yegua, para que nadie se le acerque, sino él mismo.
También besa lujuriosamente el sexo de la mujer
y de la mula. Por lo cual, los navarros han de ser
censurados por todos los discretos. Sin embargo,
se les considera buenos en batalla campal, malos
en el asalto de castillos, justos en el pago de
diezmos y asiduos en las ofrendas a los altares.
Pues cada día al ir los navarros a la iglesia, hacen
una ofrenda a Dios, o de pan, vino o trigo, o de
algún otro producto. Siempre que un navarro o un
vasco va de camino se cuelga del cuello un cuerno
como los cazadores y lleva en las manos, según costumbre,
dos o tres dardos que llaman azconas. Al entrar
y salir de casa, silba como un milano. Y cuando
estando escondido en lugares apartados o solitarios
para robar, desea llamar silenciosamente a sus compañeros,
o canta a la manera del buho, o aúlla igual que
un lobo.
Suele
decirse que descienden del linaje de los escoceses,
pues a ellos se parecen en sus costumbres y aspecto.
Es fama que Julio César envió a España, para someter
a los españoles, porque no querían pagarles tributo,
a tres pueblos, a saber: a los nubianos, los escoceses
y los caudados cornubianos, ordenándoles que pasasen
a cuchillo a todos los hombres y que sólo respetasen
la vida a las mujeres. Y habiendo ellos invadido
por mar aquella tierra, tras destruir sus naves,
la devastaron a sangre y fuego desde Barcelona a
Zaragoza, y desde la ciudad de Bayona hasta Montes
de Oca. No pudieron traspasar esos límites, porque
los castellanos reunidos los arrojaron de sus territorios
combatiendolos. Huyendo, pues, llegaron ellos hasta
los montes costeros que hay entre Nájera, Pamplona
y Bayona, es decir, hacia la costa en tierras de
Vizcaya y Alava, en donde se establecieron y construyeron
muchas fortalezas, y mataron a todos los varones
a cuyas mujeres raptaron y en las que engendraron
hijos que después fueron llamados navarros por sus
sucesores. Por lo que navarro equivale a no verdadero,
es decir, engendrado de estirpe no verdadera o de
prosapia no legítima. Los navarros también tomaron
su nombre primitivamente de una ciudad llamada Naddaver,
que está en las tierras de que en un principio vinieron,
en los primeros tiempos, el apóstol y evangelista
San Mateo.
Después
de la tierra de estos, una vez pasados los Montes
de Oca, hacia Burgos, sigue la tierra de los españoles,
a saber, Castilla y Campos. Esta tierra está llena
de tesoros, abunda en oro y plata, telas y fortísimos
caballos, y es fértil en pan, vino, carne, pescado,
leche y miel. Sin embargo, carece de árboles y está
llena de hombres malos y viciosos.
Después,
pasada la tierra de León y los puertos del monte
Irago y monte Cebrero, se encuentra la tierra de
los gallegos. Abunda en bosques, es agradable por
sus ríos, sus prados y riquísimos pomares, sus buenas
frutas y sus clarísimas fuentes; es rara en ciudades,
villas y sembrados. Escasea en pan de trigo y vino,
abunda en pan de centeno y sidra, en ganados y caballerías,
en leche y miel y en grandiosísimos y pequeños pescados
de mar; es rica en oro y plata, y en tejidos y pieles
silvestres, y en otras riquezas, y sobretodo en
tesoros sarracenos. Los gallegos, pues, se acomodan
más perfectamente que las demás poblaciones españolas
de atrasadas costumbres, a nuestro pueblo galo,
pero son iracundos y litigosos.
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