Codex Calixtinus : Libro Cuarto - Capítulo XXII.3 (es)

 

                                                    [MUERTE DEL REY CARLOS]

 

  Después de un corto tiempo me fué dada a conocer la muerte del rey Carlomagno de esta manera. Estando en Viena cierto día, arrebatado y extasiado con mis preces ante el altar de la iglesia, al cantar el salmo "Dios, ven en mi ayuda", me di cuenta de que ante mí pasaban y se dirigían hacia Lorena innumerables ejércitos de negros soldados. Y cuando todos ellos habían pasado adelante me fijé en uno que parecía un etíope y seguía a los demás a paso lento, un poco rezagado, y le dije:

 

- ¿A donde vais?

 

- A Aquisgrán - respondió - nos dirigimos, a la muerte de Carlomagno, cuya alma deseamos precipitar en el infierno.

 

  Y al punto le dije:

 

- Te conjuro en nombre de Nuestro Señor Jesucristo a que no te niegues a volver a mí al terminar tu viaje.

 

  Luego al poco tiempo, apenas acabado el salmo, comenzaron a pasar de vuelta ante mi altar en el mismo orden. Y dije al último, a quién primeramente había hablado:

 

- Qué habéis hecho?

 

  Y contestó el demonio:

 

- Un gallego descabezado echó en la balanza tantas y tantas piedras e innumerables vigas de sus basílicas, que las buenas obras pesaron más que los pecados. Y así nos arrebató el alma y la entregó en manos del sumo Rey.

 

  Y dicho esto, desapareció el demonio. Y así comprendí que aquel mismo Carlomagno había abandonado este mundo y que, con la protección de Santiago, de quien muchas iglesias había construído, había llevado con razón a los reinos celestiales. Pues yo había conseguido de él anteriormente, es decir, el día en que nos separamos en Viena, que a ser posible me enviasen la noticia de su muerte si le sobrevenía a él antes de mi fallecimiento. Igualmente había conseguido él de mí que le comunicase la mía. Por lo cual, estando aquejado por la enfermedad y acordándose de tan importante promesa, ordenó a un cierto caballero servidor suyo antes de morir, que cuando viere su muerte, me la comunicase en seguida.

 

  Pero ¿qué más? Quince días después de su muerte supe por el mismo mensajero que desde el momento en que regresó de España hasta el día de su fallecimiento había estado constantemente enfermo y que en sufragio de los ya citados difuntos el día mimso en que habían recibido el martirio por amor de Dios, a saber, el 16 de junio, había solido dar todos los años de su vida a los pobres doce mil onzas de plata y otros tantos talentos de oro, e igualmente ropas y alimentos, y que había hecho cantar otros tantos salterios y misas y vísperas; y que había abandonado esta vida el mismo día y hora en que tuve yo la visión, es decir, el 28 de enero del año de la encarnación del Señor 814; y supe que había sido enterrado con toda pompa en Aquisgrán en tierras de Lieja, en la iglesia rotonda de la Virgen Santa María, que él mismo había construído; y oí decir que en los tres años antes de su muerte se habían producido estas señales: Sucedió, pues, que el sol y la luna se oscurecieron durante siete días antes de su muerte. Que su nombre, a saber, KAROLUS PRINCEPS, que estaba escrito dentro en la pared de la citada iglesia, casi se borró del todo por sí mismo. El pórtico que había entre la iglesia y el palacio se derrumbó por completo y espontaneamente el día de la Ascensión del Señor. El puente de madera que afanosamente había construido en Maguncia sobre las aguas del Rhin en siete años, fué totalmente devorado por un incendio. Y cierto día, mientras él marchaba de un lugar a otro, he aquí que de pronto oscureció y que la llama de una gran hoguera pasó velozmente ante sus ojos de derecha a izquierda, por lo que muy asustado y atónito cayó del caballo por un lado y la azcona que llevaba en la mano por el otro. En seguida le socorrieron sus acompañantes y lo levantaron del suelo con sus manos. Así, pues, creo que ahora participa de la corona de los antedichos mártires, cuyos trabajos sabemos que compartió con ellos.

 

  En este ejemplo se da a entender que quien una iglesia construye se gana el reino de Dios, es arrancado, como Carlomagno, a los demonios y colocado en el reino celestial por intercesión de los santos cuyas iglesias levantó.

    

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                                                                       01/12/2011

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