Codex Calixtinus : Libro Cuarto - Capítulo X (es)

 

                                                                   CAPÍTULO X

 

  Después Aigolando fué a la ciudad de Saintes, que entonces yacía bajo el imperio de los sarracenos, y allí se detuvo con los suyos. Pero Carlomagno lo siguió, y le mandó que entregase la ciudad. Él, empero, no quiso entregarla, sino que salió a combate contra aquél, con la condición de que la ciudad sería de quien venciese al otro. La víspera, pues, del combate, por la tarde, estando ya dispuestos los campamentos, las mesnadas y los escuadrones, en unos prados que están entre el castillo que se llama Talaburgo y la ciudad, junto al río llamado Charente, clavaron algunos cristianos sus lanzas enhiestas en tierra ante el campamento. Y al día siguiente, los que en la inmediata batalla habían de recibir la palma del martirio por la fe de Cristo, encontraron sus lanzas adornadas con cortezas y hojas. Y ellos se alegraron en verdad por tan grande milagro de Dios, y habiendo arrancado sus lanzas de tierra, reunidos todos juntos entraron los primeros en el combate y mataron a muchos sarracenos; mas por último fueron coronados con el martirio. Su ejército contaba hasta cuatro mil. Y también fué muerto el caballo de Carlomagno; quien agobiado por la fortaleza de los paganos, tras recobrar fuerzas con sus ejércitos, luchando a pie mató a muchos de aquéllos. Que no pudiendo soportar su combatividad, huyeron a la ciudad, fatigados por tantos como habían matado. Carlomagno, pues, los persiguió, sitió la ciudad y rodeó todas sus murallas excepto la que daba al rio. Por último, a la noche siguiente Aigolando emprendió la fuga con sus ejércitos a través del río. Pero advirtiéndolo Carlomagno los persiguió y mató al rey de Gelves y al de Bugía y a otros muchos paganos, hasta cerca de cuatro mil.

    

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                                                                       01/12/2011

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