Consejos (A. Pombo)

 

                      CONSEJOS PARA EL PEREGRINO : PLANIFICAR LA PEREGRINACIÓN

                                                                Antón POMBO

                                            El Camino de Santiago en tu mochila

 

  Como todo viaje bien organizado, la peregrinación debe tener un antes, un durante y un después. Antes de la partida, para mejor disfrutar de la experiencia, conviene ambientarse en los valores históricos y espirituales del Camino, por ejemplo a través de la lectura, pero también prepararse fisica y psicológicamente, reunir el equipo, etc.

 

  ÉPOCA DEL VIAJE

 

  Lo más lógico sería peregrinar en verano, al menos por la duración de la luz solar y la menor probabilidad de lIuvias, aunque el calor excesivo,sobre todo en las horas centrales del día, también puede ser un duro enemigo, sobre todo en las etapas riojanas y castellano-Ieonesas. Pero el mayor inconveniente del periodo estival, más que en la climatologia, nos lo encontramos en la masificación. Las vacaciones de julio y agosto lIena de peregrinos españoles e italianos la ruta, y la situación se agrava, en los puntos habituales de partida, a principios y mediados de estos meses. En Roncesvalles han lIegado a coincidir, en los días punta, hasta 1.000 peregrinos. Dicha tendencia está comenzando a afectar también a mayo y septiembre.

 

  Óptimos resultan los meses finales de la primavera (de mediados de mayo a junio) y la transición al otoño (de septiembre a mediados de octubre). Antes y después de estas fechas, el clima puede deparar sorpresas como temporales, heladas o nevadas, aunque no siempre es así. El invierno es la época más dura, muchos albergues cierran sus puertas (en general de noviembre a marzo), y el número de peregrinos desciende sensiblemente. El encanto de la estación radica en la soledad y el buen trato dispensado a los pocos que se aventuran al frío.

 

  DONDE COMENZAR

 

  Es una decisión que debe ser tomada en función del tiempo disponible. La práctica de hacer el Camino por tramos, cada vez más extendida, provoca la frustración de abandonar una empresa a medio camino, sin Ilegar a la meta, perdiendo compañeros de ruta y ese hile conductor, de principio a fin, que constituye une de los mayores encantos dei Camino. Más vale recorrer los tramos finales, en una semana o dos, y lIegar a Compostela.

 

  Falseando por completo la historia y el sentido de la peregrinación, en España se alude con frecuencia a un supuesto "Camino entero", con partida de Roncesvalles o Somport. De tanto repetirlo, tal dislate se ha convertido en un dogma. Sin embargo, nada hay más absurdo que principiar la ruta en lo alto de los Pirineos. ¿ Como va a comenzar un camino en una cumbre, y ello tras un largo viaje en coche, tren o autobus ? Si prescindimos de que el verdadero Camino tradicional daba comienzo en el umbral de la casa de cada uno, vamos a aceptar que la ruta jacobea, hasta cierto punto musealizada, se ha convertido en un objetivo en si misma. Pero admitido este sigue sin tener sentido elegir la cumbre de un monte como punto de salida. El Camino Francés,como su propio nombre indica, es aquel por el que venían los francos (identificados con todos los extranjeros). Pesea la jerarquización de su traza, definida por la historia, no principia en ningún lugar concreto, y mucho menos, pues este es un papanatismo aldeano, en la actual frontera entre Francia y España. Reconociendo este hecho, algunas guias proponen St-Jean-Pied-de-Port para que los peregrinos experimenten el placer de cruzar los Pirineos, entendidos por fin como una unidad. Pero, ¿por qué St-Jean-Pied-de-Port y no la anterior etapa?

 

  Reconociendo que sería imposible plasmar en una guía todos los itinerarios europeos, proponemos a los peregrinos españoles que no teman salir de la Peninsula Ibérica, y que preparen la subida al Pirineo con dos o tres etapas previas a través de alguno de los cinco caminos históricos que, en Francia, avanzan hacia la cordillera. Meterse los Pirineos en el primer trago puede reventar a muchos. Además, de este modo conocemos otros paisajes, pueblos antiguos, la cultura dei País Vasco, el Béarn o la Bigorre, otras gentes, otros peregrinos ... En el sur de Francia, la información es abundante, las facilidades para desplazarse en tren - también con bicicleta - grandes; los precios muy parecidos a los españoles.

 

  DONDE TERMINAR

 

  La cuestión puede parecer improcedente, ya que el Camino de Santiago, es de sentido común, termina en la capital gallega. No obstante, cada vez son más los peregrinos que, siguiendo un ancestral y piadoso itinerario hacia poniente, desean concluir su ruta en el Finisterre, al borde del océano. Hasta el mítico promontorio lIegaron a lo largo de la historia los romeros, que allí veneraban al Santo Cristo (Fisterra) y la Virgen de la Barca (Muxia), hitos ambos englobados, con Padrón, en la gran leyenda jacobea. Hoy, como antaño, la curiosidad de conocer el fin de la tierra de los antiguos se une a la necesidad de colmar un ansia de espiritualidad poco atendida en la burocrática y fría Compostela.

 

  LAS ETAPAS

 

  Cada uno es dueño de si mismo, y los recorridos deben adaptarse a las  peculiaridades de cada etapa, nuestro estado de forma y, sobre todo, a los imprevistos. En cualquier caso, dado que el peregrino no es una máquina, conviene no obsesionarse en seguir planes prefijados, acomodándose a las vicisitudes

diarias. A pie podemos calcular un ritmo normal de 4 km/h., lo cual nos permite calcular tiempos en función de las distancias precisas que ofrece la guia, aunque para ello influye mucho el relieve. Lo habitual es que se hagan etapas de 25-30 km. Bastante más dificil resulta calcular la media para un ciclista, pues depende de muchos factores entre los que destaca el tipo de firme. En general, siempre que se siga el Camino y no la carretera, los ciclistas pueden hacer sin grandes problemas el doble de km. diarios que los de a pie, y ello con la capacidad de disfrutar más que sus compañeros de los valores monumentales del itinerario, aunque no así del paisaje y el contacta humano.

 

  En las primeras jornadas conviene tener prudencia para no acabar pronto extenuados. Si no ha habido un entrenamiento previo, lo mejor es no confiarse, y progresar día a día de menos a más. Si se va en compañia, nunca se debe aceptar que otro nos marque el ritmo, pues ello puede obligarnos a forzar la marcha y agotarnos. Conviene, igualmente, no confiarse con las cuestas abajo, bastante más peligrosas que las subidas (resbalones, tirones, torceduras), y tampoco realizar paradas excesivamente largas que nos rompan el ritmo de la marcha. El mejor consejo: saber dosificar el esfuerzo. Devorar millas por el mero hecho de lIegar antes que nadie a todos los sitios es un sinsentido, pues hacer el Camino no sólo supone caminar, sino también ver, hablar, conocer, aprender ...

 

  En la guía hemos optado por presentar etapas clásicas, o sea, aquellas refrendadas a lo largo de la historia. Esto explica su variada longitud, pues a veces un núcleo urbano determina nuestra detención para visitarlo. Pero el peregrino debe saber que estas fines de etapa, que suelen coincidir con villas o ciudades antiguas provistas de todo tipo de servicios, siempre están más frecuentadas que los pequeños pueblos y aldeas, muchos de los cuales también disponen de albergues.

 

  Y cuando surgen las variantes, y hablamos de las homologadas y señalizadas, las describimos para que cada uno elija libremente. Para contribuir a la decisión tan sólo una sugerencia: no siempre compensa decantarse por el ramal más corto !

 

  MODALIDADES

 

  ¿A pie o en bicicleta?

 

  La experiencia, debidamente contrastada, y la propia realidad jacobea, nos demuestran que se disfruta mucho más de la peregrinación andando que pedaleando. Si desean hacer realmente el Camino de Santiago, y no la carretera a Santiago, los ciclistas deben seguir la misma ruta que los de a pie. Las carreteras no suelen tener gracia, muchas veces dan grandes rodeos y pueden entrañar grave peligro en zonas de mucho tráfico.

 

  Para seguir el Camino es necesaria una bicicleta de montaña o todo terreno, a poder ser ligera y con buena amortiguación. No existe, por  lo tanto, una guía específica para los ciclistas a no ser que haga hincapié en la existencia detalleres y tiendas de repuestos. Todo lo restante es común, y deforma la realidad quien propone continuadas alternativas de asfalto, que son más apropiadas para los automóviles que para las bicicletas. Lo que no debe tener el ciclista es reparos a bajarse de la máquina en tramas pedregosos, empinados o con agua, pues son gajes del oficio. Y en todo momento debe respetar al peatón, pero sin lIevar bocinas o timbres estridentes que perturben la paz de la ruta; un pequeño aviso de paso con un saludo es suficiente.

 

  Al ciclista le aconsejamos que no se pertreche de completos equipos, pues suele ocurrir que enseguida acaba derrotado, y con prisa, circulando por la carretera nacional. Para pisar asfalto, perdiéndonos con ello lo mejor de la ruta, más vale ir en coche.

 

  ¿Solo o acompañado?

 

  La soledad es una buena opci6n, y nada hay que temer a prolongarla, pues la compañia se encuentra enseguida si se desea. Tampoco es mala idea realizar el camino en pequeños grupos de dos a cuatro personas, pero sin formar comitivas. Como ya apuntamos, cuando se va en compañia se suele acelerar o retrasar la marcha en función de los más rápidos o lentos. Los grupos nutridos tien en su propia dinámica y suelen cerrarse a los demás. Además, éstos suelen tener problemas de alojamiento en los albergues, y cuando son numerosos pueden incluso crear situaciones incómodas en los lugares de paso, pues se exigen servicios que este tipo de peregrinaciones deberian haber previsto con antelación. Aconsejamos igualmente la huída de los viajes organizados, y más aun de las agencias, pues el verdadero Camino de Santiago nada tiene que ver con este tipo de propuestas más propias del turismo religioso o cultural. Si no deseas salir sólo de casa, puedes ponerte en contacto con las asociaciones de Amigos dei Camino o, a ciegas, recurrir a los foros temáticos de Internet.

 

  EL EQUIPO

 

  En este apartado es necesario considerar tanto la indumentaria como el equipaje propiamente dicho. El consejo de los peregrinos experimentados es claro: debemos prescindir de todo lo que podamos, pues el peso acaba pasando factura, y son muchos los que van dejando lastre y enviando a casa o hasta Santiago, por las oficinas de correos, todas las prendas y objetos que antes de la partida consideraban indispensables.

 

  Comenzamos, pues, por lo que creemos fundamental, los pies. Los que nos van a IIevar a Compostela, cargando un sobrepeso, se merecen todo nuestro mimo y la máxima protección. Es por ello que debemos elegir unas buenas botas, mejor de caña alta y suela perfilada, que sujeten el pie evitando torceduras del tobillo, ajusten bien el talón (talla exacta), estén provistas de suelas con cámara de aire y bien impermeabilizadas. Dan buen resultado las de gore tex, pero también algunas botas clásicas de piel, bien impregnadas de grasa, realizadas a medida y debidamente domadas, al menos con  50 km. demarcha previa. Algunos prefieren los botines de senderismo de caña baja, evitando así las rozaduras del tobillo, e incluso las deportivas convencionales. En este caso, es imprescindible que sean de buena calidad, estén ventiladas y dlspongan de buenas plantillas, pero con ellas crece el riesgo de tener ampollas. Durante el verano, últimamente proliferan las sandalias de trekking, pero no sirven para la lluvia.

 

  Para descansar los pies cuando IIegamos a los albergues, valen unas alpargatas de suela de esparto y unas sencillas chanclas para la ducha de los albergues. Ambas funciones pueden también cubiertas por unas sandalias de goma. Los calcetines son otra pieza clave. Hay peregrinos que prefieren los clásicos de algodón, o con un pequeño porcentaje de fibra sintética para que sequen antes al lavarlos, siendo conveniente que estén desprovisto de costuras. Algunos se ponen dos pares, el exterior más grueso, para evitar las rozaduras, pero esta suele recalentar los pies si hace calor. La evolución dei texti!, sin embargo, nos ofrece hoy otros materiales sintéticos para deportistas como el coolmax, que aleja el sudor dei pie. Con tres o cuatro pares es suficiente.

 

  La ropa interior también debe ser de algodón, para evitar rozaduras, o sintética, para absorber la humedad. En cuanto a los pantalones, dan un óptimo resultado los desmontables provistos de varios bolsillos, pues cuando el calor aprieta conviene que sea corto, pero no al anochecer - las temperaturas bajan incluso en verano - o cuando las sendas se toman estrechas y con vegetación espinosa. Otra opción frecuente es la de lIevar unos pantalones cortos y otros de chandal para intercambiarlos, y así se puede ventilar o lavar el primero. Para época de Iluvias, hay unos pantaIones impermeables de quita y pon, muy ligeros, que pueden prestar buen servicio. En verano también es recomendable incluir un traje de baño para disfrutar de las muchas playas fluviales y piscinas que jalonan el Camino. Completan el atuendo las camisetas, de algodón 100% (tardan en secar) o poliester, y un jersey o sudadera deportiva. Para la lIuvia, en verano basta con un chubasquero Iigero, pero si queremos proteger la mochila será necesario un poncho o capa hidrófuga y térmicamente aislante, aunque suelen resultar pesadas, incómodas para avanzar por bosques y desaconsejables en el período estival.

 

  Para la cabeza conviene lIevar una pañoleta que proteja el cuello de las  quemaduras y la garganta del fresco. Es imprescindible el sombrero, mejor que la gorra, y a poder ser de ala ancha para resguardarnos dei tórrido sol de la meseta castellana. En cuanto a su material, vale cualquiera que transpire (tela, palma, paja). Conviene que los ciclistas vayan provistos de unas gafas de protección, y los caminantes de algún elemento reflectante, sobre todo si tienen pensado desplazarse antes de que amanezca.

 

  En general. es recomendable que las prendas sean Iigeras para que sequen rápido, aunque cada vez son más los albergues que facilitan esta labor con lavadoras y secadoras de pago. De este modo, y dispuestos a realizar cada dos o tres días una colada, suele bastar con tres o cuatro mudas para toda la peregrinación, con la posibilidad de ir comprando repuestos sobre la marcha.

 

  Por supuesto, las estaciones frías y IIuviosas requieren más ropa: un gorro, guantes, pantalones impermeables, la citada capa, un anorak y, con preferencia, ropa de lana.

 

  Los ciclistas, por su parte, suelen vestir ropa deportiva: casco, maillot (un par), camisetas y culote (uno largo y otro corto), un chubasquero bien ventilado, guantes y, mejor que botines de ciclista, incómodos para caminar largos tramos o sobre suelos resbaladizos, unos deportivos convencionales. Esta ropa debe incluir reflectantes.

 

  Para pernoctar en los albergues es obligatorio el saco de dormir, más Iigero en verano y grueso en invierno. Por cuestión de higiene, y peso liviano, se hace muy aconsejable lIevar también una funda de almohada, aunque cada vez es ofrecida en más albergues. Y aunque el cansancio suele acelerar el sueño, para los conciertos de ronquidos nunca están de más unos tapones para los oidos. Para moverse por los albergues de noche resulta muy práctica una pequeña linterna tipo boligrafo, aunque el móvil puede prestar el mismo servicio.

 

  Otro elemento básico es la mochila, pues la columna puede resentirse de un esfuerzo tan poco habitual y continuado. Debe contar con armazón, disponer de tiras y espaldar acolchados yser ajustable a los riñones, por lo que conviene asesorarse bien en una tienda especializada y no buscar lo más barata. Asimismo,

debe quedar anatómicamente adaptada a la estatura y peso de cada uno, y conviene que disponga de apartamentos y bolsillos en los que distribuir bien clasificada, y protegida por bolsas impermeables, la carga. Esta, a su vez, conviene que se guarde clasificada y protegida en bolsas impermeables de un material plástico que no haga excesivo ruido al manejarlo. Lo más pesado debe ser colocado al fondo y pegado a la espalda, pero evitando poner objetos duros o irregulares en esta zona, y aquello que necesitamos con más urgencia en los bolsillos más accesibles. Ante todo es necesario evitar el sobrepeso (más de 10 kg en verano y 14 en invierno), ya que el caminante puede quedar reventado los primeros días. Es aconsejable realizar algunas salidas previas con carga para comprobar si nos sentimos a gusto, pues sobre la marcha resulta más engorroso rectificar.

 

  Los ciclistas sustituyen la mochila por una parrilla sobre la que colocar el saco, la esterilla y alguna bolsa con objetos de uso inmediato (comida o espray repara-pinchazos), y un par de alforjas, a cada lado de la rueda trasera, con el resto dei equipaje. Los utensilios para las reparaciones (parches, goma, juego de destornilladores, lIaves para desmontar la rueda, cadena y radios, cámaras de repuesto) suelen colocarse en una bolsa-triángulo adaptado al cuadro, y la documentación, guía, dinero, etc, en una cartera adaptable al manillar o pequeña mochila que no incomode. El candado puede ir atado al sillín.

 

  Entre los elementos tradicionales del peregrino se cuenta el bordón, o sea,una robusta vara de madera que, al menos, supere en 20 cm. nuestra altura para que bascule bien al avanzar. Hoy se puede pensar que constituye un pesado estorbo, pero su utilidad es proverbial: marca el ritmo, equilibra la columna con el peso de la mochila, tantea el terreno empozado, evita resbalones en las bajadas, ahuyenta a perros y ladrones, y permite alcanzar el fruto de algún arbol. Emblema del peregrino de todos los tiempos, es mucho más práctico que los bastones de marcha de montañero, y mas aún si va provisto de una puntera o regatón de hierro. Conviene cambiarlo frecuentemente de mano para corregir la postura y equilibrar los esfuerzos. Los usuarios de bastones telescópicos, uno o dos, acaban encorvados y forzando la espalda pues regular continuamente la altura resulta un latazo. Además, el habito de contar con estos puntos de apoyo perjudica el equilibrio natural y provoca molestias y lesiones en muñecas, codas y hombros.

 

  De la calabaza, que seria para lIevar el vino, ya no podemos decir otro tanto, pues hoy tenemos las mas comodas botas, que se pueden atar al cinto o a la mochila. Lo que no debe faltar es una cantimplora para el agua (mucho mejor que los envases de plastico), pero no demasiado grande, pues las fuentes y los bares no suelen faltar. Conviene que los ciclistas vayan provistos de dos bidones, uno con agua y otro con bebida energética.

 

  Pensando en la comida, hemos visto a peregrinos que, como si al desierto se dirigiesen, cargan cocinillas portátiles, con sus bombonas de buta no, y hasta un menaje completo de cocina. En realidad merece la pena tomar bocadillos, algún plato del día y preparar algo caliente en los albergues, pues la mayoria disponen de cocina, por lo que basta con un juego de cubiertos (multiusos) y, tal vez, una buena navaja. Como mucho, para calentar algo en un momento dado, puede ser útil un cazo de metal.

 

  Para los objetos de aseo podemos hacernos con un Iigero neceser en el que guardar champú, gel, desodorante, elementos de afeitado, para el aseo femenino, pasta de dientes (todo en formato pequerio), hilo dental, peine, pinzas de depilar, cortauñas y papel higiénico, todo en pequeño formato. Para secarnos es suficiente una toalla, no muy grande, que seque pronto (las tiendas de deportes cuentan con unas especiales). A mano lIevaremos el protector solar. Para la colada no podemos olvidar la dosis precisa del detergente para lavar a mano (ofrece mejor resultado en polvo), pequeñas pinzas para tenderla en el albergue e imperdibles para colgarla de la mochila si aún no ha secado.

 

  Una riñonera resulta muy práctica, aunque evidente ante los robos, para guardar la documentación (cartilla médica, tarjeta de crédito, DNI), y también suelen prestar un gran servicio una pequeña libreta de notas. La mayoría de los peregrinos lIevan su cámara digital de fotos compacta con tarjetas de recambio.

 

  La guía del Camino (algunos se lIevan fotocopias), puede también colgarse en unos estuches impermeables a la mochila o el cuello (más incómodo), para así tenerla siempre a mano. Para los ciclistas resulta casi imprescindible un cuenta kilómetros con cronómetro y otras prestaciones. El móvil se va haciendo imprescindible, sobre todo para contactar con otros peregrinos. Y tampoco falta quien se lIeva la música a cuestas (MP3), ignorando que el Camino tiene su propia sinfonia. Del botiquín hablamos en la sección de percances.

 

  Para concluir, os recordamos que si sois peregrinos no podéis olvidar la concha de vieira atada a la mochila. En otro tiempo era la prueba, a la vuelta, de que se habia peregrinado a Galicia, pero hoy constituye ya un emblema identificativo desde la partida.

 

  LA CREDENCIAL Y LA COMPOSTELA

 

  En cierto modo, la credencial ha suplantado la función de los antiguos salvoconductos y cartas de presentación. Creada por las asociaciones de amigos del Camino, y unificada en 1987 (Congreso de Jaca), ha sido homologada por la catedral de Santiago, y es distribuida tanto por las asociaciones como en los principales puntos de partida de la ruta. Sirve al peregrino para justificar su condición y obtener una serie de derechos, quedando a su vez obligado a respetar las normas de uso. En ella vamos colocando los sellos y firmas, con fecha, que certifican el paso (al menas uno par etapa, y en Galicia también uno intermedio). Nos permite acceder a los albergues de peregrinos y, una vez lIegados a Santiago, obtenerla Compostela.

 

  Este documento es entregado a los que realizan el Camino, pietatis causa, y han cubierto al menos los 100 últimos km a pie o los 200 últimos km en bicicleta o a caballo. La oficina de peregrinación, dirigida por un canónigo delegado, desde 1993 tiene su sede en la Casa do Deán (Rúa do Vilar, 1), junto a la catedral. Para los universitarios, la Universidad de Navarra ha creado una acreditación específica que puede obtenerse a pie de Camino en Pamplona (www.campus-stellae.org).

 

  LA COMPRA DIARIA - ALIMENTACIÓN

 

  Como no vamos a peregrinar par la selva o el desierto, y las tiendas en las que repostar abundan, conviene planificar cada día la etapa para evitar andar cargando sin tino. En una buena parte de los albergues se puede cocinar, y en varios encontraréis viandas que los peregrinos han dejado allí el día anterior. Haz lo propio, usa lo que necesites y repón las existencias, procurando ponerte de acuerdo con los que van a dormir bajo el mismo techo para, si es posible, hacer una comida en común.

 

  Un desayuno energético es básico para evitar calambres y desfallecimientos. Se recomienda que esté compuesto por lácteos, frutas y/o zumos, cereales o tostadas con mantequilla, mermelada, queso o miel, a los que podemos sumar un poco de chocolate y otros complementos ricos en glucosa.

 

  Para la marcha conviene lIevar productos energéticos como barritas de chocolate con cereales y caramelo, frutos secos, dulces de fruta o pastillas de glucosa. A los ciclistas, que consumen mucho azúcar, les favorecen las bebidas energéticas. Unos y otros deben pensar en beber de forma continuada, siempre antes de tener sed, como mucho cada hora, y cada par de haras comer algo, aunque sea una pieza de fruta con unas galletas.

 

  Al mediodía conviene evitar las comilonas opíparas, pues luego no apetece proseguir. Para no perder el tiempo y forzar las paradas, lo mejar es recurrir al bocadillo en compañia de fruta y alguna bebida azucarada o agua fresca. Y  por favor, lIevad bolsas y transportad las hasta el próximo contenedor para no lIenar el Camino de desperdicios.

 

  Una vez al día, y ninguna hora mejor que la cena (temprana), convie ne hacer una comida caliente y variada. Podemos cocinar en el albergue, pero también, de vez en cuando, recurrir a los menús, muchos de ellos deI Peregrino, que por poco dinero nos permiten disfrutar la gastronomía de alguno de los pueblos atravesados. En la guía recomendamos las zonas y locales que destacan por su comida casera a buen precio.

 

  LOS ALBERGUES

 

  La hospitalidad ha sido, y sigue siendo, une de los signos distintivos de los caminos de peregrinación. Antaño, la masa de romeros sin recursos era acogida en monasterios, parroquias y, andado el tiempo, en los hospitales, una denominación que nada tiene que ver con las actuales connotaciones médicas. En paralelo también había, para quien pudiera pagarla, una oferta privada de mesones, posadas y hospederías, si bien su calidad dejaba mucho que desear. Los herederos de aquella red asistencial gratuita son los albergues o refugios del presente. En la primera fase de este resurgir peregrinatorio dependían sobre todo de la Iglesia, pero ahora son más los creados por las diversas administraciones públicas y los privados.

 

  Los albergues responden a una misma demanda, pero su tipología y características es dispar. Los hay extremadamente sencillos, que sólo ofrecen cobijo entre sus paredes y bajo el techo, y otros tienen aspecto de hotelitos de diseño o, por ocupar edificios históricos rehabilitados, de pequeños paradores. Casi todos disponen de agua caliente, muchos de ellos de cocina, y los que abren en invierno suelen tener calefacción, pero no todos cuentan con un lugar donde guardar las bicicletas. Su capacidad varia de las 2 a las 150 plazas, normalmente con literas o, cuando menos, colchonetas sobre el suelo. Los mejor dotados pueden tener, además de la cocina y la nevera, otro electrodomésticos (lavadora, secadora, microondas), y en los  privados suelen alquilar sábanas, mantas y toallas.

 

  Como norma, los albergues privados admiten reservas. En los públicos, por lo general, se da preferencia a los peregrinos de a pie o con problemas físicos, y en último lugar a los ciclistas. Para tener acceso a ellos es imprescindible la credencial, que en ocasiones puede ser retenida hasta el día siguiente. Salvo casas contados de gratuidad (donativo voluntario), hoy se cobra una pequeña cantidad para el mantenimiento de las instalaciones, que oscila entre los 3 y los 12 €.

 

  Los peregrinos debemos respetar escrupulosamente las normas de cada albergue, pues esta es la mejor manera de no crear tensiones innecesarias con los hospitaleros y otros compañeros. A partir de la hora señalada debe guardarse silencio, pero esta no es exigible antes de dicha hora por mucho que uno pretenda

realizar grandes madrugones para IIegar antes que nadie al próximo albergue. Por lo común, los refugios abren en verano al mediodía y cierran entre las 21 y las 23 h. A los grupos se les suele aconsejar que no acaparen los albergues y se busquen un alojamiento alternativo.

 

  Suelen disponer los albergues de su propio sello, de un Iibro de registro y otro de peregrinos donde podemos plasmar nuestras impresiones o hacer algún dibujo. Además de participar en las actividades que organizan para los peregrinos, en algunos casos, una sencilla y ecuménica oración, o la cena comunitaria por cuenta de la casa, es recomendable colaborar en la limpieza. Los hospitaleros voluntarios atienden gran parte de los albergues. Con ellos, y con los demás peregrinos, se establece una amena reunión al final del día.

 

  PERCANCES MAS HABITUALES

 

  Las ampollas.

 

  ¿Quién no ha tenido alguna vez alguna? Son el principal tormente del peregrino y surgen cuando menos se espera, sin que existan remedios mágicos para evitarlas. Desde luego, a su aparición contribuyen los calcetines y el calzado, por culpa de los roces y la mala transpiración. Para prevenirlas es imprescindible poner calcetines limpios todos los días, secar bien los pies e incluso untarlas partes más sensibles con vaselina.

 

  Cuando se estan formando podemos recurrir a los apósitos que las secan (no siempre dan buen resultado), pero si ya tienen Iíquido y dificultan la marcha (forzando el pie contrario podemos provocar una tendinitis), lo mejor es deshacerse de ellas con una aguja esterilizada e hilo. El tratamiento, muy sencillo, consiste en pincharlas, dejando el hilo dentro para que drenen, y aplicar un desinfectante sin recortar la piel.

 

  Sin embargo, sobre este procedimiento hay escuelas: algunos os recomendarán

que no las pinchéis, y hay quien considera conveniente ventilar y secar los pies, quitándose el calzado, un par de veces al día; otros creen que así hinchan los pies, y que las botas no deben quitarse sino al final del día, poniendo los pies en una palangana de agua fría con algunas sales desinfectantes o alcohol de romero. También hay discrepancias respecto al uso de gasas y tiritas, que pueden dar lugar a nuevas rozaduras. Se aprende probando.

 

  Tendinitis.

 

  Las ampollas, el peso excesivo, las marchas forzadas y las bajadas en pendiente pueden provocar una tendinitis u otro tipo de inflamación muscular. Sin IIegar a tanto, los ciclistas conocen bien los agarrotamientos y las distensiones, que suelen producirse cuando los músculos se enfrían, normalmente de noche. Para evitarlos es aconsejable realizar estiramientos y aplicar masajes antes y después del ejercicio. Cuando ya han aparecido, podemos recurrir a vendas elásticas y pomadas con calmantes. Si la cosa va a más, no hay más remedio que acudir al consultorio médico, y, según el diagnóstico, reposar unos días o abandonar el Camino.

 

  Torceduras o esguinces.

 

  Si son Iigeras bastará con aplicar paños frios y vendas elásticas; en casa contrario, no hay más remedio que acudir a un médico.

 

  Insolación.

 

  Para prevenir la acción del sol se recomienda el uso de colores claros, más refractarios, la protección de un pañuelo y un sombrero, y la aplicación de crema solar y, para los labios, barritas de cacao, todo ello a la vez que se procuran evitar las horas centrales del día.

 

  Deshidratación.

 

  Suele ser más frecuente de lo que se piensa. Además de evitar las horas cenitales, es imprescindible beber mucha agua, incluso antes de tener sed, ya que ésta puede ser un síntoma de la falta de líquidos. En tiempo caluroso debemos ingerir hasta 4 l. de agua, que no se haya calentado ni esté demasiado fresca, al día. La orina es un buen test para saber si nos falta hidratación, pues entonces se muestra espesa, de un color oscuro y con fuerte olor. En estados avanzados, dicha carencia puede provocar mareos y hasta desmayos.

 

  Resfriados.

 

  Las mojaduras y los cambios térmicos pueden provocar catarros que, si no se cuidan (paracetamol, aspirina), pueden degenerar en una afección más seria.

 

  Agotamiento físico.

 

  Más que por la falta de preparaci6n previa, suele aparecer como consecuencia de las prisas y la propia ambición personal al fijar las metas. En todo momento debemos estar persuadidos de que la peregrinación no es una prueba competitiva, y que conviene dosificar el esfuerzo para no pagar los excesos. El agotamiento también puede tener su origen en la falta de azúcar, y se puede manifestar con mareos y taquicardias. Con descanso, bebida y buena alimentación se solventa rápido.

 

  Bichos.

 

  Los consejos para protegerse son los normales para cualquier estancia estival en el campo, siendo recomendables las gafas para los ciclistas y los repelentes de mosquitos para la noche. La funda de almohada es una buena compañera para evitar contagios de parásitos, en especia los temlbles chinches que han vuelto a invadir el Camino en los últimos años, y otros como piojos y garrapatas. Las sandalias de baño, en las duchas, son un imprescindible profiláctico contra los hongos.

 

  Trastornos estomacales.

 

  Suelen estar provocados por la ingestión de agua contaminada por bacterias fecales, hongos o productos químicos. Es por ello que conviene cerciorarse antes de la buena calidad de las fuentes y manantiales, incluso en las zonas de montaña aparentemente Iimpias. Se manifiestan con diarrea y, a veces, con procesos febriles.

 

  Accidentes.

 

  Conviene extremar las precauciones al cruzar las carreteras. Asimismo, al circular por éstas, a no ser que tengamos un desvío pronto es obligatorio hacerlo por el arcén de la izquierda. Los ciclistas pueden padecer caídas y rozaduras, por lo que siempre deben ir provistos de un pequeño botiquin para una cura de urgencia.

 

  Robos.

 

  Aúnque el Camino es bastante tranquilo y transcurre por zonas poco pobladas, siempre hay mala gente dispuesta a vivir a costa del prójimo. Lo poco que lIevamos de valor debe estar siempre con nosotros (en la riñonera, oculto en cinturones, en bolsitas interiores, etc). AI descansar en las poblaciones no conviene alejar se de la mochila. Lo anterior es igualmente válido, incluso en los descampados, para las bicicletas, que son muy golosas para los descuideros motorizados. La prudencia, que no desconfianza, debe extenderse a los albergues, pues nadie puede afirmar que el 100% de los peregrinos sean trigo Iimpio.

 

  Botiquín.

 

  Si bien la mayor parte de los albergues cuentan con un botiquín, y que las farmacias, consultorios médicos, centros de salud y hospitales abundan en la ruta, se recomienda lIevar de casa un botiquín mínimo, que debe estar compuesto por analgésicos (aspirina o paracetamol), aguja e hilo para ampollas, tiritas, vaselina, alcohol, agua oxigenada y un desinfectante. Los más previsores también pueden incluir un antidiarreico y una crema antiinflamatoria.

 

  CLAVES PARA DISFRUTAR DE LA RUTA

 

  1. La naturaleza, según Goethe, es para el hombre de la ciudad "el gran calmante del alma modema": la armonía frente al caos, el regreso a los origenes frente a las aglomeraciones únicamente diseñadas en función de la producción y el consumo. En efecto, esta faceta del Camino Iibera y acompaña al peregrino.

 

  2. Las prisas son malas consejeras, y la obsesión por cumplir objetivos prefijados una pesada carga. Dejarse lIevar por las vicisitudes de la ruta, ignorar las etapas diseñadas de antemano o recomendadas en las guías, incluida ésta, es la mejor consigna.

 

  3. El respeto a los demas peregrinos, y a los que nos ofrecen la acogida, máxime cuando es gratuita o de pago voluntario, es algo vital para que el Camino no se convierta en la selva.Trata a los otros como te gustaría que te tratasen a ti, piensa en los que han caminado más que tú, que estan más cansados o lesionados,

aprende a compartir y no sólo a exigir. No te conviertas en un protestón profesional - un tipo que abunda - y aprende a ser generoso a medida que avanzas.

 

  4. Conviene igualmente ignorar los prejuicios y ataduras de la vida ordinaria, no trasladar preocupaciones, no estar colgado del móvil, olvidarse de la tv, de las noticias del mundo e incluso del partido de fútbol del siglo. Es el único modo de sumergirse en la realidad y el tiempo propios del Camino, de aprovechar una experiencia única, sobretodo si es de largo recorrido, para reflexionar.

 

  5. Un Camino que, a lo largo de la historia, ha sido de piedad y fe, hoy, en la sociedad desacralizada, nos invita a participar en los sentimientos y las creencias que han movido a nuestros antepasados y aún guían, consciente o inconscientemente, a la mayoría de la sociedad. Decía el romero italiano Nicola Albani (s.XVIII) que "es muy necesario elegir a Santiago como protector para que pueda acompañar a uno con su protección, a su santísimo santuario de Compostela, donde yace su santísimo cuerpo, y mantenerlo siempre a salvo". E sun buen consejo para el peregrino actual, que encontrará cientos de imágenes, pensadas para el diálogo y la devoción, de ese compañero Santiago que, de ser representado ahora, tendría que lIevar botas y mochila.

 

  6. Los obstáculos, los imprevistos, forman parte del Camino y nos ayudan a madurar y a ser más fuertes como peregrinos. Algunos renegarán momentáneamente, pensando lo cómodos que estarían en casa sin padecer sobresaltos ni fastidiosas tormentas, pero esta es la salsa del Camino, al que nadie ha sido forzado a acudir. Y quien tenga que abandonar por razones de fuerza mayor no debe desesperarse: está invitado, y casi obligado, a regresar.

 

  7. En el Camino formamos parte de una gran tradición, la de millones de personas que antes han recorrido el mismo itinerario, por distintos motivos, hacia una meta común. Los vestigios de esta aventura configuran un escenario del cual, justo ahora, somas los actores.

 

  8. El Camino nos enseña a prescindir de muchas cosas superfluas para centrarnos en lo esencial, a sacar el máximo partido tanto a la soledad como al encuentro con los demás, a conocernos mejor en el esfuerzo y la sobriedad.

 

  9. Quien aplique los esquemas cotidianos al Camino, puede pensar que ha cumplido un objetivo y conquistado una meta, pero suele ser más bien el Camino el que conquista al peregrino, y la meta sólo una disculpa para seguir en marcha. Quien se queda en la meta material y no trasciende, olvida la más provechosa enseñanza de la ruta.

 

  10. Pocos se reconocen como peregrinos, por evitar las connotaciones de este término, antes de la partida o en los primeras días de la marcha, pero la mayor parte, cuando lIegan al final, acaban convertidos en verdaderos peregrinos. El Camino, si le damos tiempo, puede con todo.

 

  ¿Y DESPUÉS DEL CAMINO QUÉ?

 

  La peregrinación acaba dejando huella, más o menos profunda, en sus protagonistas, aunque será menor en los que hayan considerado la experiencia como un mero reto, aventura deportiva o una forma alternativa de hacer turismo. Muchos son, sin embargo, los que repiten por el Camino Francés u otra ruta jacobea. Otras formas de vincularse con el mundo jacobeo pasan por hacerse socio de alguna asociación de Amigos del Camino, presentes prácticamente en toda España y otros países, o prestar un servicio de acogida en los albergues como hospitalero voluntario, algo que permite vivir la realidad peregrinatoria con otra perspectiva.

 

  Desde 1987 la Federación Española de Amigos del Camino publica la revista Peregrino (ap. 315, 26001 Logroño) y desde 2008 también ha comenzado a editarse Camino de Santiago, Revista Peregrina (Revisto Peregrino.Hortelanos, 10, 1°B, 09003 BURGOS,www.revistaperegrina.com, suscripciones@revistaperegrina.com), primera publicación española comercial de temática jacobea.

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                                                                       17/05/2013

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