Consejos (Gronze)

 

                                            Consejos (Joan Fiol Boada / Gronze.com)   

                              http://www.gronze.com/pagines/castellano/informacion.htm

 

          1. La credencial y la compostela

 

La credencial

- La credencial del peregrino es un documento que se entrega a los peregrinos que quieren recorrer el Camino a pie, en bicicleta o a caballo, y es necesario para tener acceso a los albergues y para obtener la compostela.

- Se puede solicitar con antelación en cualquier asociación de amigos del Camino o bien en la parroquia de nuestra población. También se entrega en algunos albergues de localidades donde es habitual empezar, como Roncesvalles, Logroño, etc.

- Ya en el Camino, este documento sólo tendrá validez si está debidamente datado y sellado. Así pues, a lo largo de recorrido hemos de solicitar que nos pongan el sello y la fecha allí donde pernoctemos. No olvidemos sellar la credencial en el pueblo o ciudad desde donde empezamos el Camino aun cuando no hagamos noche allí. Si el albergue está cerrado, podemos solicitarla en cualquier hotel, bar, comercio, oficina de correos, etc.  

 

La compostela

- Ya en Santiago, la oficina de atención al peregrino nos expedirá la compostela (también denominada compostelana) si hemos recorrido los últimos 100 kilómetros pie o 200 en bicicleta. Se trata de un documento centenario que acredita haber realizado el Camino.

- Hay dos tipos de compostela, según si el Camino se ha hecho con motivaciones religiosas (bajo pietatis causa) o no.

- En algunas ocasiones, presentando la compostela se pueden conseguir descuentos en el precio del billete de vuelta en avión.  

 

          2. Los albergues

 

La mayor parte de los albergues son para uso exclusivo de los peregrinos que van a pie, en bicicleta o a caballo, y es necesario presentar la credencial del peregrino para tener acceso a ellos.

- Podemos distinguir básicamente entre dos tipos de albergues: los albergues públicos y los albergues privados.

- Los albergues públicos son aquellos cuya titularidad pertenece a una administración pública (ayuntamiento, comunidad autónoma...), o bien a una entidad religiosa (parroquia, comunidad...), o bien son administrados por alguna asociación, junta vecinal, etc.

- Los albergues privados son aquellos cuya titularidad pertenece a un particular. Cada albergue, tanto si es público como privado, tiene sus peculiaridades, características y normativas de funcionamiento propias.

 

Por regla general, las plazas se asignan por orden de llegada, con preferencia para los que van a pie.

- En principio, sólo se permite pernoctar una noche, aunque se hacen excepciones en casos justificados. Los albergues públicos no admiten reserva, al contrario que la mayor parte de los albergues privados.

- En algunos albergues públicos sólo se pide un donativo voluntario, el cual se destina a cubrir los gastos de limpieza y mantenimiento, mientras que en los otros el precio suele situarse entre los 3 y los 6 euros.

- En los albergues privados el precio habitual suele estar entre los 6 y los 10 euros.

 

Casi todos los albergues disponen de lavabos, duchas con agua caliente y espacios para lavar la ropa y tenderla.

- Algunos tienen una cocina con enseres a disposición de los peregrinos.

- Cada día es más frecuente que también dispongan de lavadora y secadora (servicios de pago), y de acceso a internet.

- Hay albergues bastante modestos, pero debemos tener presente que son el fruto del trabajo desinteresado de muchas personas con el único objetivo de servir y dar descanso a los peregrinos.

 

          3. El material

 

Las botas.

- Obviamente, en un viaje a pie, éste es el elemento al que más atención hemos de prestar. Las más adecuadas son las denominadas botas de trekking: ligeras, de caña alta para proteger el tobillo e impermeables al agua.

- De todas formas, hay peregrinos que prefieren andar con calzado de senderismo de caña baja o incluso con unas simples zapatillas deportivas. En este último caso, la lluvia, el barro y los fuertes desniveles pueden ponernos en apuros.

- Está claro, eso sí, que nunca las debemos estrenar el mismo día en que empezamos el Camino; todo lo contrario, debemos haber andado muchos kilómetros con ellas.

 

La mochila.

- Debe tener entre 45 y 55 litros de capacidad.

- Debe ser anatómica y de altura regulable para adaptarla mejor a la espalda.

- Colocaremos las cosas dentro de la mochila separadas de forma funcional por bolsas de plástico (que no hagan ruido para no molestar a los compañeros de albergue), y situaremos las más pesadas en la parte baja (para mejorar el punto de equilibrio).

- También nos será más cómodo disponer las cosas de tal forma que tengamos siempre la cantimplora y la cámara fotográfica a mano; así no deberemos descargar y cargar la mochila cada vez que queramos beber o hacer una fotografía.

 

La ropa.

- Dos mudas para andar y otra para después de la ducha es suficiente.

- En épocas de calor, las camisetas térmicas de verano son mejor que las clásicas camisetas de algodón, pues son muy ligeras, transpirables y no retienen la humedad.

- En invierno es necesario llevar ropa de abrigo, y en verano no debemos olvidar llevar un polar delgado.

 

El saco de dormir.

- En verano con uno de +15 (grados de confort) es suficiente. Algunos sólo pesan 700 gramos.

- Para otras épocas del año necesitaremos uno de +10 o +5, que no supere el kilo de peso.

 

El bordón.

- Es, junto con la vieira, el elemento simbólico más significativo vinculado al hecho de la peregrinación.

- Además, es muy útil tanto para acompañar el paso como para tener un punto más de apoyo en las bajadas. - Por el tipo de camino que encontraremos, el más adecuado es el tradicional bastón de madera respecto al más moderno palo de montaña de tipo telescópico.

 

Para la lluvia.

- La mayoría de los caminantes llevan una capa impermeable (el conocido poncho) que también cubre la mochila, pero resulta incómodo si sopla el viento.

- Una buena alternativa es llevar una chaqueta y unos pantalones impermeables, y un protector impermeable para la mochila. Incluso es una buena idea llevar un pequeño y ligero paraguas.

 

Para el sol.

- Es imprescindible llevar un sombrero o una gorra con visera y crema de protección solar.

 

Para el frío y el viento.

- Además de la ropa adecuada, no debemos olvidar llevar alguna prenda para proteger la cabeza.

- Según la época del año, también llevaremos bufanda y guantes.

 

Otro calzado.

- Es recomendable un calzado cómodo para descansar y pasear, una vez finalizada la etapa.

 

La esterilla.

- La esterilla, o aislante de caucho, nos será útil si alguna vez debemos dormir en el suelo. Y también para descansar o hacer una siesta en el campo.

 

Para la ducha.

- Chancletas, una pequeña toalla y los productos higiénicos necesarios.

 

El botiquín.

- Debemos tener presente que en los albergues hay un completo botiquín a disposición de los caminantes y, además, encontraremos muchas farmacias a lo largo del Camino.

- Por lo tanto, será suficiente con llevar: aspirinas, agujas hipodérmicas, desinfectante, tijeras, gasas, pinzas y esparadrapo (de tela y ancho).

 

El móvil.

- Es prescindible, pero si se viaja solo será un importante elemento de seguridad.

 

Documentación básica.

- El DNI, la tarjeta de la seguridad social o entidad médica correspondiente, y la credencial del peregrino.

 

Material adicional.

- Una pequeña linterna frontal para movernos de noche en el albergue, una funda de cojín por cuestiones higiénicas, detergente para lavar la ropa, pinzas para tenderla e imperdibles para colgarla de la mochila si al día siguiente todavía no está seca.

- También una cantimplora, pañuelos de papel, papel higiénico, un reloj con función de despertador, tapones para las orejas para quien lo crea conveniente, y dinero y tarjeta de crédito.

 

          4. Los problemas físicos

 

Las ampollas.

- Es el percance más común en el ámbito peregrino. Puede llegar a ser muy molesto, aun cuando no deja de ser, en principio, un problema leve. Se produce por el constante rozamiento de la piel con los calcetines, y aparecen habitualmente durante las primeras jornadas.

- Los consejos para evitarlas se cuentan por decenas, pero son de dudosa efectividad. De todas formas, hay tres consideraciones importantes para intentar evitarlas: la calidad de las botas, haber andado mucho con ellas y que los calcetines no tengan ni costuras ni componentes sintéticos.

- Ya en el camino, también merece la pena tomar algunas precauciones: andar siempre con las botas y los calcetines secos, y poner tiritas o apósitos en las zonas de mayor rozamiento antes de que aparezca la ampolla. Algunas personas se untan los pies con vaselina o alguna crema hidratante antes de empezar la etapa.

- Si aun así aparece una ampolla, cosa muy probable, deberemos pincharla con una aguja hipodérmica esterilizada (con cuidado de no tocar la carne viva), drenar completamente el líquido interior y, acto seguido, secarla con alcohol o bien aplicarle un desinfectante.

- Después deberemos mantener los pies limpios y secos, y al día siguiente, antes de empezar la etapa, proteger la ampolla con una tirita. La piel muerta de la ampolla protege de infecciones y, por lo tanto, nunca debe arrancarse. Si una ampolla se infecta debemos dirigirnos a un centro médico a la mayor brevedad posible.

 

La tendinitis.

- Algunos dolores musculares sin importancia, cuando se presentan de una forma intensa y persistente, se confunden a veces con una tendinitis, cuando en realidad no lo son.

- La tendinitis, o sea, la inflamación de un tendón, aunque en la fase inicial se puede tratar con antiinflamatorios, es un problema importante y que posiblemente nos obligará a abandonar el Camino, dado que requiere un tratamiento prolongado, que incluso puede durar meses.

- Las causas principales de la aparición de la tendinitis son: la sobrecarga en las articulaciones por exceso de peso de la mochila (o por andar cojo a causa de una ampolla), la falta de preparación física, el exceso de kilómetros diarios, y la deshidratación producida por el calor o por no haber ingerido suficientes líquidos.

 

La deshidratación.

- En su grado más extremo puede provocar el golpe de calor, de consecuencias muy graves.

- Debemos evitar andar durante las horas de más calor, protegernos del sol con un sombrero, beber agua a menudo aunque no tengamos sed, y hacer etapas cortas los días de calor intenso.

 

Otros problemas físicos.

- Debemos tener mucha precaución con las quemaduras. Para prevenirlas usaremos una crema solar con un factor de protección adecuado a nuestro tipo de piel.

- El agotamiento físico también es a menudo causa de abandono y para evitarlo es necesaria una buena preparación previa, no excederse en los kilómetros diarios y hacer una alimentación energética.

- Las agujetas, los calambres y los dolores musculares son habituales durante las primeras jornadas, y se pueden mitigar realizando estiramientos antes de empezar y al acabar cada etapa.

- La pérdida de peso en las caminatas de larga distancia es habitual, pero debe ser moderada.

- Las picadas de insectos se pueden evitar usando repelentes.

 

          5. Algunos consejos

 

La preparación física.

- El Camino de Santiago no es un paseo exento de dificultades. Es cierto que, en principio, es factible para cualquier persona, tanto para aquellos que están acostumbrados a andar como para aquellos que no lo están.

- De todas formas, el sentido común no debe hacernos perder de vista que el esfuerzo que supone una peregrinación de este tipo requiere de unas condiciones físicas determinadas y que, por lo tanto, es necesaria una buena preparación previa, independientemente del punto desde el cual iniciemos el Camino. Recorrer a pie centenares de kilómetros día tras día no es trivial.

- La preparación física es uno de los aspectos más importantes para lograr que la peregrinación sea un éxito. No sólo para tener la satisfacción de haberla podido finalizar, sino también para disfrutarla y, así, conseguir que se convierta, posiblemente, en una de las vivencias más gratificantes de nuestra vida. Una mala preparación, producto de la improvisación, puede obligarnos a abandonar o, lo que todavía es peor, puede convertir cada etapa en un calvario.

- Sin duda, la mejor manera de prepararnos es andando en condiciones similares con las que nos encontraremos. Por ejemplo, hacer excursiones por alguna zona de montaña que conozcamos bien, con el mismo calzado, indumentaria y mochila con que iniciaremos el Camino. También debemos cargar la mochila con el peso aproximado que pensamos llevar.

- Será conveniente realizar varias excursiones, a lo largo de las cuales iremos incrementando los kilómetros. Así, además de ponernos en forma, podremos determinar de qué forma reacciona nuestro cuerpo en estas circunstancias, y también si el calzado es el adecuado, si el peso es excesivo, etc.

 

El peso de la mochila.

- El peso de la mochila es, a parte de la preparación física, el aspecto más importante a tener presente antes de partir. Es necesario reducirlo al mínimo posible, intentando que no supere el 10% o 12% de nuestro peso corporal. En ningún caso debe exceder los 10 kilos, incluyendo el peso del agua.

- A pesar de que todos los libros y guías del Camino advierten de este hecho, son muchos los peregrinos que deben facturar a casa parte del material, en algunos casos después de haber recorrido tan solo una o dos etapas. Por lo tanto, debe evitarse llevar nada 'por si a caso'. Además, a lo largo de Camino encontraremos todo tipo de establecimientos donde poder comprar, en un momento dado, aquello que nos sea necesario.

 

La sujeción de la mochila.

- Este es un factor importante para evitar tanto la acumulación del cansancio como la excesiva carga en la espalda y los hombros.

- Para una correcta sujeción, primero aflojamos al máximo las cintas que se cuelgan a los hombros. Después desplazamos la cinta de la cintura a la altura del hueso de la cadera, teniendo en cuenta que una vez bien apretada nos sea posible tocar con los dedos el hueso por encima de la cinta. Apretamos fuerte esta cinta de la cadera y ajustamos las cintas de los hombros sin tensarlas, de tal forma que podamos poner sin dificultad los dedos entre estas cintas y el cuerpo.

- De esta forma conseguimos que la mayor parte del peso de la mochila se cargue directamente sobre las piernas, liberando considerablemente la espalda y los hombros.

 

La época del año.

- Cualquier época del año es buena para emprender el Camino.

- De todas formas, los meses de abril, mayo, junio, septiembre y octubre son los más recomendables, dado que la mayor parte de los albergues están abiertos y la climatología suele ser más favorable.

- En julio y agosto el calor es intenso, y también es más frecuente, en el Camino Francés, encontrar los albergues llenos, especialmente en Galicia.

- El invierno presenta algunas dificultades importantes: algunos albergues y otros servicios están cerrados, es necesario cargar con un buen saco y ropa más pesada, hay pocas horas de sol, algunos albergues no disponen de calefacción, y el clima es muy duro en determinadas zonas. Sin embargo, ésta es la mejor época para quien busca soledad y reflexión.

 

La alimentación.

- El gasto energético es muy superior al de la vida cotidiana y es necesario compensar esta pérdida con una buena alimentación.

- Lo más aconsejable es empezar el día con un buen desayuno, a lo largo de la etapa tomar alimentos ligeros y energéticos, y hacer el ágape más fuerte al final de día, una vez acabada la etapa y más descansados.

 

Las primeras etapas.

- Deben ser moderadas, tanto en distancia como en ritmo para ir acostumbrando el cuerpo a la nueva vida itinerante. Hacer 35 ó 40 kilómetros el primer día es fácil; no lo será tanto levantarnos al día siguiente y retomar la marcha.

- Por lo tanto, son estos 4 ó 5 primeros días los más delicados, y en los cuales es normal padecer dolores musculares, especialmente en las piernas, espalda y hombros.

 

Los peligros de la carretera.

- Siempre que andemos por carretera o tengamos que cruzar una, debemos hacerlo con mucha precaución.

- Hay que tener en cuenta que el peso de la mochila y el cansancio retardan los movimientos en caso de necesitar una reacción rápida.

- Además, siempre debemos andar por la izquierda para tener a la vista los coches que circulan más cerca de nosotros, y hacerlo cuanto más alejados de la calzada mejor.

- Afortunadamente, y en especial en el Camino Francés, hay pocos tramos de camino que transcurran por carreteras con tráfico.

 

Andar de noche.

- Es poco aconsejable y, en todo caso, se debe llevar ropa reflectante para que los automovilistas vean claramente nuestra posición.

 

Coche de apoyo.

- Excepto en el supuesto de un impedimento físico importante, es innecesario y desaconsejable disponer de un coche para transportar las mochilas. El principal motivo es que limita la libertad de decidir en cada momento dónde hacer noche, y la libertad de ir haciendo las cosas según vayan surgiendo sin depender de unos condicionantes que no forman parte del propio Camino.

- Además, el cuerpo se acostumbra en pocos días a andar con el peso de la mochila y, si éste no es excesivo, no supone un esfuerzo demasiado superior al de andar sin este peso.

- Como es lógico, en la mayoría de los albergues se da prioridad de plaza a los que van a pie o en bicicleta respecto a los que llevan coche de apoyo.

 

La señalización.

- Todo el recorrido está señalizado con flechas amarillas. A veces se añade otra simbología según la comunidad autónoma o provincia.

- Así pues, es poco frecuente perderse, y aún menos en el Camino Francés. De todos modos, si esto ocurriera, tan solo es necesario un poco de tranquilidad y paciencia hasta reencontrar el camino. Además, en último extremo, siempre habrá alguna carretera que nos permita llegar al siguiente pueblo.

 

¿Qué Camino elegir?

- El auténtico Camino de Santiago, y el más fiel a la esencia de las antiguas peregrinaciones, es aquel que empieza en la misma puerta de nuestra casa.

- Pero es obvio que hoy en día, para muchas personas, las obligaciones laborales y familiares limitan el número de días disponibles para andar. Además, los Caminos menos concurridos suelen presentar algunas dificultades importantes: carencia de albergues y de alojamientos, señalización austera, largas distancias entre poblaciones, soledad, etc.

- Así pues, para los más neófitos no hay duda, el Camino más adecuado para una primera toma de contacto con el mundo peregrino es el Camino Francés. Éste es el Camino más asequible, por la gran cantidad de albergues, alojamientos y servicios, por la poca distancia entre las poblaciones, por la buena señalización, por los numerosos peregrinos que encontraremos, etc. También porque el Camino Francés es el más rico en monumentos, historia y cultura (junto con el Camino de Le Puy).

- Para aquellos que ya hayan recorrido este Camino y, por lo tanto, tengan algo de experiencia, el número de otros Caminos interesantes para andar es casi ilimitado: el Camino Aragonés, el Camino del Norte, el Camino de la Plata, el Camino Catalán, etc.

 

¿Empezar desde Roncesvalles o desde Saint Jean Pied de Port?

- Para aquellos que quieren hacer el Camino Francés esta es una duda habitual.

- La etapa de Saint Jean a Roncesvalles es la más dura de todas, no tanto por la distancia como por el fuerte desnivel, superior a los mil metros.

- Así pues, para quien no esté avezado a las largas caminatas por la montaña es aconsejable no arriesgarse y partir desde Roncesvalles, haciendo etapas suaves los primeros días.

- Para los más montañeros y mejor preparados no hay duda que sí vale la pena empezar desde el precioso pueblo del País Vasco francés y recorrer una espectacular etapa que cruza los Pirineos.

 

¿Es necesario comprar una guía?

- ¡Qué tiene que decir alguien como yo, que soy el autor de una! Pero bien, esforzándome en dar una respuesta objetiva diré que para hacer el Camino Francés no es imprescindible; para cualquier otro Camino sí. Como todas las respuestas simples, se debe matizar.

- El Camino Francés está tan bien señalizado y dispone de una red de albergues y de servicios para los caminantes tan amplia, que con una sola hoja con un cuadro con las distancias entre las poblaciones y los servicios que estas ofrecen será suficiente para hacer el Camino sin problemas. De hecho, son bastantes los peregrinos que tan sólo llevan esta información y no tienen especiales dificultades.

- Ahora bien, si es la primera vez que vamos al Camino, le sacaremos mucho más partido si nos preocupamos un poco en conocer algo más: los monumentos más importantes y que merecen una visita, un poco de historia y cultura sobre los pueblos por donde pasamos, algunos datos sobre el paisaje y la geografía, una pequeña descripción de las variantes del recorrido, etc.

- Cierto es que cada uno va al Camino con sus inquietudes e intereses, y que el arte es tan solo un aspecto más de un trayecto en muchos sentidos apasionante, pero, aún así, me parece una lástima que, por ejemplo, algunos peregrinos pasen por Redecilla del Camino sin tan siquiera molestarse en entrar en la iglesia parroquial para ver, aunque sea un momento, la magnífica pica bautismal románica.

- En internet podemos encontrar abundante información sobre este Camino (en esta misma web en la página de los Caminos Principales) y, por tanto, no es imprescindible comprar ninguna guía. Ahora bien, en mi opinión, la calidad de la información y el nivel de detalle de los mapas, hoy en día, es superior en las guías escritas que en las guías virtuales.

- En comparación con el Camino Francés, los otros Caminos tienen un nivel de dificultad superior. Por lo tanto, a no ser que uno tenga un espíritu muy aventurero, es aconsejable hacerse con una buena guía.

 

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                                                                       06/03/2011

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