Ruta de la Lana : description (A.Zaragoza) (es)  

 

 

- 01. Monteagudo - Fuentes (21 km)

- 02. Fuentes - Cuenca (19 km)

- 03. Cuenca - Bascuñana (21 km)

- 04. Bascuñana - Villaconejos (25 km)

- 05. Villaconejos - Salmerón (27 km)

- 06. Salmerón - Cifuentes (34 km)

- 07. Cifuentes - Baides (31 km)

- 08. Baides - Atienza (27 km)

- 09. Atienza - Retortillo de Soria (21 km)

- 10. Retortillo de Soria - Fresno de Caracena (24 km)

- 11. Fresno deCaracena - San Esteban de Gormaz (20 km)

- 12. San Esteban de Gormaz - Quintanarraya (30 km)

- 13. Quintanarraya - Santo Domingo de Silos (25 km)

- 14. Santo Domingo de Silos - Mecerreyes (24 km)

- 15. Mecerreyes - Burgos (33 km)

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  La Ruta de la Lana

 

  Tal y como indica su nombre, esta poco conocida, pero hermosísima ruta a Santiago de Compostela, coincide en su mayor parte con los primitivos caminos de la trashumancia.

  Podría definirse como el camino seguido por los esquiladores desde La Mancha hasta Burgos, gran capital comercial de la lana, en los siglos XVI y XVII.

  La antigüedad de estas rutas se remonta probablemente al período Neolítico, siguiéndose durante la época prerromana. Las primeras normas reguladoras fueron establecidas por el rey visigodo Eurico durante el primer tercio del siglo VI. La invasión musulmana y el consiguiente proceso reconquistador por parte de los monarcas cristianos empujarían las cabañas cristianas en dirección sur.

  El momento de auge de este tipo de vías se produce en la Edad Media. Abarcaban casi toda la Península y han llegado hasta la actualidad. El monarca que dio el espaldarazo definitivo a estas rutas fue Alfonso X El Sabio con la creación del Honrado Concejo de La Mesta, institución que englobaba a los pastores y a los propietarios castellanos de ganado trashumante. Gracias a esta Institución recibieron numerosos privilegios, como el de libre tránsito por todo el territorio, pese a la cerrada y firme oposición de los propietarios rurales y los Concejos.

  La importancia alcanzada por el comercio de la lana obligó a definir con gran precisión los límites y trazados de las distintas rutas, articulándose un conjunto de Cañadas Reales, de gran amplitud y recorrido. Estas vías pecuarias se clasificaron en atención a sus características particulares y todas contaban con servicios como abrevaderos, majadas y descansaderos necesarios en los larguísimos desplazamientos de las reses desde los agostaderos del norte peninsular hasta los invernaderos situados al sur del país.

  El esplendor de la trashumancia se vino abajo en el siglo XIX, tras los Procesos Desamortizadores de Madoz y Mendizábal, la aparición del ferrocarril, el automóvil y la expansión de los grandes núcleos urbanos frente al mundo rural. Todos estos hechos hicieron desaparecer esta actividad en muchas localidades. En este siglo XXI la trashumancia es muy residual; su mejor zona es la Meseta Castellana.

  El Camino de Santiago está tratando de recuperar la belleza y la magia de estos caminos para acercar el Jubileo a las poblaciones de Alicante, Albacete, Cuenca y Guadalajara.

  En este sentido, las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago en Cuenca y Alicante están trabajando intensamente para señalizarlo y darlo a conocer como alternativa a las rutas habituales.

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- 01. Monteagudo - Fuentes (21 km)

 

  El pueblo, con poco más de un centenar de habitantes, está situado en la falda de una colina, en cuya cúspide se conservan restos de un castillo. Cercanas al pueblo quedan las construcciones de las antiguas salinas, conjunto interesante de arquitectura industrial. Más cercano existe un puentecillo con trazas romanas.

  Monteagudo es un bello pueblo serrano, abocado al despoblamiento. Aquí nació Francisco Patiño, de azarosa vida, y de aquí partió para Santiago de Galicia acompañado de su esposa María de Franchis y un primo. Sebastián de la Huerta, en la primavera del año del Señor de 1624. El acompañe los ilusionados pasos del peregrino a la casa del Señor Santiago.

  Sales de Monteagudo por la Cruz de Hierro al oeste del pueblo. Es el camino del cementerio. Pasado éste, dejas a la derecha una nave de ganado recientemente construida. En este punto comienzas a subir una empinada cuesta. El camino es amplio, apto para vehículos.

  En lo alto de la cuesta el camino se bifurca. Tomas el de la izquierda indicado por una señal de Coto Privado y un cartel del FEOGA. El camino llanea en muy buenas condiciones. A los 5 Km. desde la cuesta, te encuentras otro camino: tomas el de la derecha que sube por un pedregal. A los 2 Km. del punto anterior, llegas a los postes de demarcación de la finca Cabañero de reses bravas. Es la finca de Navarramiro. A un kilómetro llegas a las casas. Son cuatro casas y una ermita que se mantiene milagrosamente en pie. Tienes agua potable en el pozo.

 

  Ahora caminas por la Cañada Real de Murcia y entras en el antiguo camino de Monteagudo a la Olmeda. Dejas las casas y la ermita a la izquierda. Sigues el camino en muy buen estado sombreado entre pinos y quejigos.

  Pasas los postes de deslinde de la finca a 1.200 m. A 2 Km. Y medio bordeas a la derecha y subes. llegas junto a la carretera ya abandonada. En ese mismo punto haciendo ángulo recto con el que traes sale una pista a la derecha. La tomas. Sigues ascendiendo para llanear después. Dejas a la izquierda las paredes de una tinada de ganado. La pista te lleva ya sin problemas hasta Fuentes que te espera allá en el fondo del valle.

 

  Fuentes

  La parroquia de la Asunción tiene una primitiva fábrica románica del s. XII. Aquí iniciamos el románico que será el arte que nos acompañará durante todo el camino hasta la misma Compostela. Hay quien afirma que el románico es el único arte sagrado que el cristianismo ha producido en Occidente.

  Los vestigios medievales que comenzaron en el Castillo de Monteagudo nos van a acompañar toda la ruta. En el ábside de este templo se conserva dos ventanas románicas, una de las cuales posee una muy rica y suntuosa decoración. El templo tiene reconstrucciones de los s. XIV y XVII. La portada es de medio punto con dobles columnas. y doble arco, enmarcados por dos pilastras con cornisa y hornacina.

  Te advierto que por estas poblaciones te van a salir muchos perros. No olvides el bordón. En Fuentes, que registra algo más de 600 habitantes, no hay problema de avituallamiento.

 

- 02. Fuentes - Cuenca (19 km)

 

  Para salir de Fuentes cruzas el puente a la izquierda. Con la iglesia a la izquierda tomas el camino más a la derecha. Sales del pueblo junto a una nave de ganado. A la izquierda a unos 300 m, ves el edificio de las escuelas y las instalaciones deportivas.Tomas el camino que sale junto al frontón, por el recorrido más cercano al rfo, sin perder la dirección noroeste y en unos momentos divisas la iglesia de Atalaya de Cuenca sobre un murallón de caliza. Te encuentras la laguna de Cedazos a la derecha del camino. Tiene bastante agua y es una hermosura contemplarla. Subes la cuesta y te diriges a la Atalaya por donde más te guste. La Atalaya es un caserío con fuente e iglesia dedicada a San Pedro.

 

  Bordeas el caserío y sigues el camino. A unos 200 metros tomas la desviación a la izquierda entrando en el monte. Abandonas el camino que va hacia la cantera, hacia la carretera, y sigues por la senda hasta llegar a un sembrado (o rastrojo según la época). Lo atraviesas recto dejando a tu izquierda 5 pinos sueltos entre la hierba. Te lleva directo al camino de Mohorte que quedó interrumpido por la siembra. No abandones el camino. Se va viendo siempre a la derecha la carretera y la chimenea de la maderera. La iglesia parroquial de la Natividad de Nuestra Señora es una construcción compuesta por un cabecera cilíndrico y la fábrica más antigua del edificio es del s XlV.

 

  Tomas el camino a La Melgosa que va recto por la vega del río Moscas. Al otro lado del río, la carretera te sirve de referencia.

 

  Hasta el caserío de la Mota tu camino va recto siguiendo la misma dirección que traes. En el caserío llegas a la carretera nacional 320. La tomas pues te llevará derechamente a la “encantada ciudad” de Cuenca. Si desde el caserío bajas al río Moscas puedes contemplar un pequeño puente romano.

 

  Cuenca

  Es Cuenca ciudad para ser paseada sosegadamente, recorrer sus empinadas cuestas y asomarse a sus altos miradores. Cuenta la ciudad con dos partes bien diferenciadas: la alta que pertenece a la época medieval, y la baja que corresponde al ensanche posterior.

  La parte alta se encabalga en un espolón rocoso, alto y angosto, encajado entre dos profundas hoces labradas por los ríos Júcar y Huécar que la abrazan. Constituye el núcleo fundacional y el del primer desarrollo medieval. En ella se encuentran los edificios más antiguos y notables: La Catedral comenzada en el s. XII, recién conquistada la ciudad por Alfonso VIII, en el más temprano estilo gótico, ha ido recogiendo en su interior las más acabadas muestras de arte de los siglos posteriores, incluido el actual. El convento de San Pablo, comenzado en 1523, al que se accede por el Puente de San Pablo, de peculiar estructura metálica. Sobre el mismo río Huecar se asoman las Casas Colgadas. edificio emblemático de la ciudad, que albergan el Museo de Arte Abstracto y un buen Mesón. El Castillo cierra la ciudad por la parte norte. Cerca, el antiguo convento de Carmelitas, hoy sede de la UIMP; la iglesia de San Pedro y los miradores sobre las hoces. La torre de Mangana, junto a la mole del Seminario Conciliar y del Museo de las Ciencias, preside los días y las horas conquenses.

  Las calles de la parte alta dan a la ciudad su personalidad más acusada. Hay que perderse por los dos caminos de ronda y contemplar las hoces, admirarse ante los “rascacielos” en el barrio de San Martín, ascender por la calle de Alfonso VIII, de San Pedro y del Trabuco. Hay que pararse en la calle del Peso y en la de los Tintes oír el rumor del Huécar.

  La parte baja de la ciudad guarda también antiguos recuerdos. El Hospital de Santiago, vinculado a la Orden de Santiago, data de 1182. En su origen fue destinado a hospedaje y restablecimiento de cristianos redimidos del cautiverio. La actividad actual de la ciudad gira en torno a la calle de Carretería, verdadera espina dorsal de la Cuenca moderna.

  Bien merece la parada en Cuenca una incursión por su gastronomía, “desde las collejas, espinacas, tomates, níscalos, hasta el protagonista estrella: el morteruelo, pasando por los chorizos, zarajos, cordero, perdices, truchas y el largo etcétera conquense, al que habréis que añadir los vinos de la Mancha y la Manchuela y los postres deliciosos: alajú, mantecados, suspiros, el licor digestivo resoli y el aguardiente de la Sierra”.

  Existen en Cuenca numerosos restaurantes y afamados mesones donde reparar las cansadas fuerzas. Es la capital provincial y el núcleo más poblado de la misma con más de 43.000 habitantes.

 

- 03. Cuenca - Bascuñana (21 km)

 

  Se debe tener en cuenta que en toda esta zona los pueblos son pequeños y pueden encontrarse problemas de abastecimiento y, más aún, de hospedaje. Cuando el peregrino pueda librarse de la magia de Cuenca y retome el camino, debe seguir este itinerario: por la N-320 se ha llegado a la calle Fermín Caballero y sigue por Cervantes hasta Carretería. Continúa por Calderón de la Barca, dejando a la izquierda la escalinata del Hospital de Santiago, hasta cruzar el río Júcar por el puente de San Antón. Ahí puede el peregrino hacer un alto para rezar a la morena Virgen de la Luz, patrona de la ciudad. Siguiendo aguas abajo el río Júcar, dejas a la izquierda las instalaciones deportivas de La Fuensanta y la Residencia de la Seguridad Social. A la derecha sale el Camino del Cementerio. Nada más pasar un moderno centro comercial te encuentras, a la izquierda, la carreterilla de Nohales que tomas y ya, desde Nohales por una pista de tierra llegas a Chillarón.

 

  Siguiendo la carretera, atraviesas todo el pueblo. A la salida encuentras el indicador a Tondos. Lo tomas. Iglesia parroquial de San Pedro de composición muy simple: una nave cubierta con artesa sencilla policromada y una capilla del siglo XVIII con cúpula sobre pechinas y pilastras adosadas jónicas.

  Continúas hacia Tondos por la carreterilla que llevas. No tienes pérdida.

  Conserva una iglesia de buena construcción. Los muros son de sillería con ábside de tres lados. En uno de ellos hay un relieve en piedra de la Virgen con el Niño. La portada es gótico renacentista y el retablo mayor del s. XVI. Conserva una buena pila Bautismal.

 

  Sigues la calle de la iglesia y al comenzar la bajada tomas el camino de la derecha, junto a él hay una casa de campo con placa solar. A 4 Km. aparece la carretera asfaltada con el indicador 5 Km. Tomas esa carretera a la derecha, dirección Bascuñana. En parte la carretera discurre entre pinares y campos de lavanda. El horizonte se cierra con los altos peñascos de la sierra. Bascuñana es un mínimo pueblo que conserva cierto empaque. La iglesia bajo la advocación de San Pedro, como el pueblo, está recién restaurada y conserva algunos retablos barrocos de cierta factura.

  En su término parece que hubo mina de plata. El topónimo hace referencia a sus repobladores pues es conocido el hecho de que los vascones, navarros y gascones que acompañaban al rey Alfonso VIII fundaron algunas aldeas a las que denominaron con el gentilicio de sus lugares de origen. Ahora el pueblo solamente lo habitan dos o tres familias.

 

- 04. Bascuñana - Villaconejos (25 km)

 

  Para salir, llegas a la plaza del pueblo donde hay una fuente con agua potable. Por detrás de la iglesia, tomas el único camino posible. Es una pista forestal muy bien cuidada apta para vehículos. A kilómetro y medio, junto a las viejas paredes de una tinada de ganado, comienzas a ascender una cuesta muy pronunciada de casi un kilómetro. A esa distancia, el camino forma una amplia curva a la derecha. En ese punto hay un valle a la izquierda que abre todo el paisaje. Si miras al fondo del valle verás, a lo lejos, una chopera y restos de viñedos y árboles frutales. Es el vallejo de las Viñas. Atención, porque tienes que bajar por ahí. Inicias el descenso por el zopetero formado con tierras de relleno, quizás la parte derecha es más accesible. Luego tomas cualquiera de las sendas, siempre teniendo como meta el vallejo de los chopos. En cuanto aparece una bifurcación eliges el camino de la derecha. Es el camino a Torralba. Pronto puedes distinguir otro camino más amplio hacia el valle. Una vez en él, sigues el camino en la orientación que llevas, siempre hacia la derecha. Hay dos o tres caminos que salen del general: uno primero en ascenso que no se coge. Otro, también a la derecha que tampoco se coge. Llegas a un sembrado, lo bordeas continuando por el camino y éste te conducirá directamente a Torralba.

 

  Poblamiento medieval en torno a la ladera y pies de un cerro coronado por un castillo, en el que residen en la actualidad alrededor de 250 personas. El cerro se encuentra excavado por un sin número de cuevas-bodega de vino. muy típicas de la zona. Tienen una evidente calidad ambiental e importancia formal pues algunas muestran gran categoría constructiva. La excelente edificación de carácter popular hace de este conjunto urbano uno de los más interesantes de la provincia.

  La ermita de Nuestra Señora de las Nieves, en las afueras del pueblo, es de los s. XV-XVI, de tres naves con ábside y capillas cubiertas por bóvedas de arista decoradas con frescos de inspiración popular. Conserva las portadas de estilo gótico tardío enmarcadas con alfíz y cubiertas. Conserva un importante contenido mueble: retablo barroco, imaginería, etc, así como las piezas de un magnífico monumento mortuorio a D. Luis de Salceda, natural de esta villa, fallecido a fines del siglo XVI.

  La iglesia parroquial, reconstruida con poco acierto, guarda un retablo del siglo XVI en precario estado de conservación. Fue señor de esta villa el muy famoso Don Enrique de Aragón, Marqués de Villena, que residió en ella bastante tiempo. En la población existe un alojamiento rural, dos bares y tiendas de alimentación.

 

  Tienes que cruzar el río Albalate para tomar su margen izquierda. Tu camino discurre junto al río. Al otro lado, la carretera. Al llegar a los primeros almacenes de Albalate puedes salir a la carretera por un puentecillo de origen romano que, de manera inverosímil, se mantiene en pie para visitar el pueblo y retomar tu camino. La antigua Albalate de Bombarra, asentamiento bereber, es de origen árabe: al balate significa camino. El pueblo, arracimado en una colina, y con poco más de 400 moradores, rodea al templo parroquial de la Asunción, que se encuentra en el punto más alto.

  La parte románica de la iglesia es muy interesante: la espadaña en el hastial de poniente, ventanas abocinadas, dos portadas, capiteles y una variada colección de canecillos, algunos antropomorfos. Junto a los de Alarcón y Santa María de los Llanos son únicos en la provincia. Muy laborioso es el herraje y las fallebas de ambas puertas y cancelas y muy bella la pila bautismal.

  El muy insigne Cardenal Gil de Albornoz fue cura de esta iglesia. Tiene un puente medieval de dos arcos, edificado seguramente sobre otro romano. En el término hay estudiada una necrópolis tardorromana junto a la que vas a pasar. Desde el puente y la fuente de la Alhaja el pueblo adquiere una perspectiva netamente medieval.

  En el mismo pueblo y los cerros circundantes están excavadas cuevas donde se guarda el vino, como en Torralba. Merece una visita detenida la cueva de Seve Racionero, tiene buen vino y agradable conversación.

Albalate nos asoma a la Alcarria conquense, tan cercana a la Serranía en estos parajes. Aquí se unen el río Albalate con el Trabaque que viene desde las alturas de las Majadas. El río desemboca en el pueblo tras salir de una hoz digna de caminarse. En el pueblo hay farmacia, parada de autobuses y taxis, cuatro alojamientos rurales, varias tiendas y bares y un restaurante.

  Cruzas el pueblo dejándolo a tu derecha. A la izquierda queda la carretera a Villaconejos. Cruzas el río Trabaque cuyo caudal riega las mimbreras de esta vega. A la izquierda del puente una abandonada almazara testifica el declive de los antiguos olivares de estas tierras. A 50 m del puente sale un camino de concentración a tu izquierda que sin perder de vista el río Trabaque por su margen derecha, te lleva en derechura a la ermita de la Concepción de Villaconejos.

  Pueblo encaramado en un cerro, como casi todos en la Alcarria, de fuerte carácter defensivo y con sus casi 600 habitantes volcados en el trabajo del mimbre. Al igual que en Torralba y en Albalate, un elemento muy característico del pueblo es el conjunto de cuevas para bodegas, situado en el lado de la vega junto a la ermita de la Concepción.

  La ermita es el primer edificio noble que encuentras al llegar. Construida en el s. XVIII, la ordenación de su espacio interior y la volumetría exterior la convierten en una edificación muy significativa.

  En el centro del pueblo se encuentra la iglesia parroquial de San Juan Bautista, barroca, con interesantes decoraciones de estilo rococó. La portada se atribuye a Martín de la Aldehuela. El elemento más interesante es el ábside, cubierto por una bóveda nervada de crucería que constituye el único resto de la antigua fábrica gótica.

  El pueblo está bien dotado de tiendas y bares, hay farmacia, estanco y oficina de correos.

 

- 05. Villaconejos - Salmerón (27 km)

 

  Cruzas el río Trabaque por un puente de factura medieval. Te introduces en la población y en una esquina a tu derecha te encuentras una capillita dedicada a San Roque peregrino. Esta ermita hace esquina con la calle que te va a sacar a tu camino siguiendo la orientación del río. Unos secaderos de mimbre y la amplia vega poblada de mimbreras te acompañan. Si es verano el mimbre estará muy verde, si es invierno te sorprenderá su brillante rojo. Los cerros de Priego, la Majestad y la “Degollá”, allá al nordeste cierran el paisaje.

  A los 600 metros sale un camino a la izquierda que no tomas. Sigues por el más cuidado, apto para vehículos. A los 300 metros un camino te sale a la derecha y se dirige al fondo de la vega, tampoco lo tomas y sigues recto hacia el norte. Otra bifurcación a los 400 metros, ahora tomas el de la derecha siguiendo a tu vista la hoz de friego. A 1 km. comienzas a subir una cuesta, en mitad de ella te sale un camino a la izquierda todavía más empinado que vas a tomar. Subes unos 200 metros de cuesta para luego llanear.

  Al comenzar el llano ves al fondo el cerro donde se ubican los depósitos de hormigón que surten de agua potable a estos pueblos afectados por el pantano de Buendía. El camino se dirige en derechura hacia ese cerro. Vas por tierras de labor, siguiendo el camino de mejor firme. A 1.400 metros llegas a un camino más arreglado, junto a unas tapias de corral, lo sigues en dirección a la carretera bajando hacia el río.

En la cuneta de la izquierda quedan restos muy interesantes del camino viejo. Vas descendido a la vega hasta llegar a la carretera de San Pedro de Palmiches, que en ese punto cruza el río Trabaque por un puente de piedra. Torciendo a la izquierda, sigues la carretera en dirección a San Pedro durante 200 metros. En ese punto te sale un camino a la derecha, junto a una noguera no muy grande: lo tomas.

  Cruzas un regatillo de agua y llegas a un cruce de caminos. Tomas el de enfrente en la dirección que traes. Comienzas en el mismo cruce una subida dura de casi 1 kilómetro. Después es llano. A la derecha vas viendo el cerro de los depósitos del agua.

  Te salen varios caminos pero sigues de frente. El paisaje es inmenso. En un momento ves, a lo lejos, la torre de Valdeolivas y la ermita de San Quílez. Puedes continuar adelante pero en este punto el camino va a dar una vuelta de más de 2 Km. que puedes evitar. A tu derecha, a unos 200 metros queda un pino rodeno de gran envergadura. A la izquierda unos tocones de encina junto a un paso que da acceso a las tierras de labor. En ese punto tomas a la izquierda atravesando la tierra de labor, bajando al fondo del valle hasta encontrar de nuevo el camino.

  Por el fondo del valle, entre encinas y grandes pinos, discurre tu camino en plena soledad. A los 2 kilómetros llegas a un camino en mejor estado, lo tomas girando a la derecha en dirección norte. Ves unas corralizas pegadas a las paredes calizas, rupestres. Estás acercándote al río Guadiela.

  A los 500 metros un cruce, tomas a la izquierda acercándote al río. Bajas junto al cauce por una gravera ya abandonada, en cuyas paredes anida una colonia, al parecer bastante numerosa, de abejarucos. Te encuentras junto al puente que te permite cruzar el río. Lleva mucha agua pero invita al baño refrescante.

Un poco más arriba del lugar donde estás, se encuentran las juntas, donde los ríos Trabaque y Escabas, unidos poco antes, desembocan en el Guadiela. Siguiendo el camino que cruza el puente llegas a la carreterilla asfaltada, mojón del pk. 17, que debes seguir para llegar a Albendea.

  Algunas casas nobles y un cierto aire de rancio abolengo abocado a un triste e implacable final, te sorprenden a la entrada de este pueblo, que apenas cuenta con doscientos habitantes.

La iglesia es un noble edificio de tres naves. La central separada de las laterales por arcos apuntados. El retablo mayor es interesante, pero especialmente el retablo renacentista es de muy buena armazón y de tablas excelentes. Otros retablos y cuadros hacen inevitable la visita.

  Tiene un alojamiento rural que da comidas, un bar y tres tiendas de alimentación, consultorio médico y oficina de correos.

 

  Lo más práctico es seguir por la carretera hasta Valdeolivas, pero, si quieres, frente a la portada del mediodía de la iglesia, la que ahora suele abrirse, cruzada la plaza junto a un edificio de noble factura que queda a tu izquierda, una estrecha calle te saca al camino. Ya puedes contemplar a lo lejos la alta torre de la iglesia de Valdeolivas y la ermita de San Quilez en lo alto de su cerro.

  Una cuesta pronunciada te baja a la vega del río San Juan. Lo cruzas por un puentecillo y después gira tu camino bruscamente a la derecha. A los cien metros, abandonas el camino y subes a campo través. Atraviesas unos sembrados y olivos mientras a tu derecha quedan las ruinas de unas paredes que parecen corral de ganado pero que los del lugar atribuyen a un antiguo monasterio o convento.

  Cruzas unos olivares y llegas a la carretera. El trayecto es muy corto: desde Albendea hasta la carretera hay 2 Km. A los cinco minutos de carretera puedes refrescarte en la fuente de la Cabeza don Pedro que mana junto a la carretera. Sigues adelante. Luego, a la derecha, te sale una carreterilla asfaltada por la que accedes a Valdeolivas.

  En Valdeolivas quedan vestigios muy interesantes aunque parece un pueblo agonizante, con poco más de 300 personas en la actualidad. Hay que dar un paseo por sus calles de trazado medieval, irregulares y de poca anchura con casas nobles importantes, escudos, sillerías, rejas.

  Puede el peregrino lamentarse de la olma seca, del arco hundido y de la almazara abandonada con su monumental fuente seca. La iglesia parroquial de la Asunción es edificio por demás notable y único quizás, el mejor ejemplar de templo románico de la provincia. Su interés se centra en la nave, el ábside y la torre.

La torre, de principios del s. XIII está muy reconstruida; el ábside está presidido por el Pantocrátor en la mandorla, rodeado por el tetramorfos y un grupo de apóstoles a cada lado cobijado el conjunto por la paloma del Espíritu Santo de la que dimanan siete rayos rojos. La nave lateral, más antigua, conserva extraños capiteles antropomorfos. Todos estos elementos hacen especialmente interesante esta población.

La temprana reconquista de la Alcarria hizo posible esta floración del último románico, aún mejor representado en el cercano monasterio de Monsalud. Hay farmacia, oficina de correos, cuatro tiendas de alimentación y bares. También se puede adquirir la famosa miel de La Alcarria.

 

  Atraviesas Valdeolivas en dirección oeste hasta llegar a un edificio recientemente construido: las escuelas nuevas. Sigues recto cruzando un camino que viene de la carreterilla. Tu camino es una pista de tierra apta para vehículos. Sin abandonarlo llegas a Salmerón bajando una larga cuesta. Dejas la provincia de Cuenca y entras en la de Guadalajara.

 

- 06. Salmerón - Cifuentes (34 km)

 

  Estamos ya en la provincia de Guadalajara, aunque Salmerón y esta zona pertenecieron hasta no hace mucho al Obispado de Cuenca cuyo obispo era, desde la época de la repoblación, señor de las cercanas Pareja y Casasana.

  Destaca la Plaza Mayor de estructura popular renacentista en forma de triángulo en la que hay edificios soportalados y la iglesia parroquial, gótica, de los s. XIV-XV que lleva muchos años en restauración.

Hay restaurante, farmacia y varias tiendas de comestibles en esta población de casi 300 habitantes.

La larga bajada hasta Salmerón te aboca a la carretera de Alcocer. Tomas esa dirección, a la izquierda según llegas a la carretera. Salmerón, coronando el cerro, se queda a tu derecha. Por la carretera cruzas por un puente el pequeño río Garibay. A unos 500 metros del pueblo sale una pista de tierra a la derecha, es la primera que encuentras. La tomas.

  El camino es practicable para vehfculos todo terreno. Te espera una larga subida hasta trepar a las alturas que te cierran el paisaje por el oeste. No abandones el camino más arreglado, siempre subiendo. A 1 hora llegas a la ermita de San Matías.

  A tu espalda queda Salmerón y toda la Hoya del Infantado. La ermita, arruinada, solamente conserva una portada noble con la inscripción: “Acabóse en el año de 1631” Y los sillares de los esquinazos. Ahora el camino llanea entre pinares, robles, encinas y matorral. La galluba alfombra los suelos.

 

  A media hora de la ermita llegas a una pista pero puedes seguir a la izquierda por el viejo camino de tierra. Enseguida junto al camino te encuentras una verja metálica junto a la que caminas hasta llegar a la casa Briones (unos 25 minutos). La componen dos grandes cobertizos: uno para maquinaria agrícola, otro para ganados.

  Amplias tierras llanas de cereal y pastos. Suele estar por aquí el pastor, campechano y con ganas de hablar. El puede indicar direcciones. Los pastores de la Alcarria son prácticamente los únicos pobladores de estos campos casi desérticos, a quienes el progreso parece querer eliminar. Ellos guardan formas ancestrales de vida y mucha sabiduría de soles y colinas. Sin paternalismos ni conmiseraciones obsoletas, bien merecen una conversación con pitillo y bota de vino.

 

  Desde la casa de Briones, sigues por el camino más transitado que va junto al alambre de espino. No tomes el camino que sale a tu derecha. Cuando se dibujan frente a ti las Tetas de Viana y los humos de la Central de Trillo, tomas el camino de la derecha en dirección a ellos pues te sirven de ineludible referencia. Tras una pronunciada bajada llegas al fantasmal Villaescusa de Palositos. Solamente se mantiene en pie la fábrica de sillería de la iglesia románica. Este despoblado invita a pensar un rato. O mejor invitaba pues actualmente la finca ha sido remodelada y han levantado dos construcciones poco afortunadas. Continúas tu camino por la fuente de aguas frías y abundantes que alimentan el viejo lavadero.

 

  Sigues el único camino posible entre perdidas tierras de labor. Asciendes una cuestecilla y te sorprenden las Tetas y un cruce de caminos. Todo a la vez. Sigues recto bajando hacia la casa que está, solitaria, en medio de los sembrados. Es la casa de Abajo. Sigues en línea recta por mitad del barbecho. Al acabar, el camino tuerce a la derecha por un bosquecete de encinas. luego la casa de Arriba y una bajada muy rápida con las Tetas a la derecha en la lejanía. Bajas por un tramo de barranco donde el paisaje se limita estrechamente. Al final el valle se abre y te encuentras unos ejemplares de nogal muy antiguos de muy noble porte. Siguiendo aguas abajo el arroyo de la Solana en breve desembocas en Viana.

  Iglesia románica del s. XII, con elementos del XVII, de amplia portada, con capiteles cistercienses y ábside semicircular. Junto al edificio del Ayuntamiento, portalón de la antigua muralla. Cuevas en la ladera para conservar el vino.

  Hasta aquí llegaba el antiguo territorio de la diócesis de Cuenca. La población tomó cierta fama por las Tetas y el Viaje a la Alcarria de C. J. Cela. Las Tetas las constituyen dos cerros testigos de la antigua planicie alcarreña, sometida a una rigurosa acción erosiva. Alcanzan una altura de 1.145 m. Desde aquí hasta Cifuentes hacemos, a la inversa, el camino de Cela. En este pueblo es difícil conseguir el necesario avituallamiento, contando con apenas 60 personas entre sus vecinos.

  Afirma el Madoz: “Caminos: los locales y el que conduce a Valencia y Cuenca”. Estamos en el buen camino. Por la carreterilla que traes por la vega llegas a Viana. Una placeta de la que a mano izquierda trepa la calle hacia la iglesia y a mano derecha baja tu camino hacia el barranco del que surgen las Tetas.

 

  Nuestro camino va a ir bordeando el barranco al pie de las Tetas. Atención porque está muy perdido. A los 200 m. del pueblo el camino llega a una corriente de agua y gira bruscamente a la izquierda buscando trepar a la altura de las Tetas. En ese punto lo abandonas y te internas a tu derecha, junto a un macizo de chopos, por una mala senda, que ofrece vestigios de no haber sido tan mala en otras épocas, subiendo por el fondo del barranco unos cuantos metros. A la izquierda las Tetas, a la derecha las cuevas de guardar vino.

  A los 300 m el valle por el que subes se divide en dos. Estás junto a un chopo grande de 4 pies. Es singular. Te metes por detrás de él, a la izquierda, buscando la senda que baja junto a un canalillo de agua. Asciendes entre encinas y quejigos y cruzas un pequeño vallejo con restos de cultivo de olivos para pasar entre unos chopos y una fuente que mana al pie de la pared de caliza. Subes la pared y la senda parece mejorar. Se ven huellas de motocicleta.

  La senda va subiendo bordeando las faldas de las Tetas. Accedes a un camino apto para vehículos todo terreno. De pronto te atemorizan las lúgubres chimeneas de Trillo-Mordor, ciudad del Señor Oscuro. Más a la derecha se encuentra Trillo que no ves porque lo tapan los cerros que se encuentran en tu dirección noroeste. A los 10 minutos dejas la pista y tomas un camino carretero en mal estado que sale a la derecha junto a un espino.

  Por momentos el camino parece que se va desdibujando pero es fácil seguirlo. Media hora después de dejar la pista te encuentras una taina y mojón, junto a unos pinos grandes, donde la senda se ensancha y al poco unos modernos establos dan a una pista para vehículos. Por ella llegas a Trillo.

A consecuencia del trabajo de la central nuclear, se ha desarrollado este pueblo, con amplias zonas ajardinadas, mucho arbolado y casi 1.500 residentes. El río Tajo lo ciñe ya crecido y aquí se despeña el río Cifuentes por el barranco del Pozo formando unas cascadas ahora excesivamente domesticadas.

Son famosos sus antiguos baños utilizados por romanos y árabes. Recibieron un gran impulso en la Ilustración cuando el rey Carlos III impulsó la construcción de baños de uso público, piscinas, paseo, hospital y oratorio. Sus fuentes sulfurosas eran convenientes para enfermedades cutáneas, reumáticas, artritis. etc. En ellos se ubica ahora el Instituto Leprológico Nacional.

  Un puente sobre el Tajo, de posible origen romano, fue reconstruido por Carlos III y luego por Fernando VII, tras haber sido destruido en la Guerra de la Independencia por los franceses. Sendas lápidas conmemorativas dan fe de los hechos.

  La iglesia parroquial de Santa Mana de la Estrella es del s. XVI, y conserva en su retablo mayor, trasladado de otra parroquia, una tabla de Santiago peregrino. La portada sur, plateresca. Desde el puente puedes contemplar las famosas cascadas del rfo Cifuentes.

  Trillo puede parecer al peregrino lo que le pareció Estella al esforzado Aimeric Picaud. allá en el siglo XII, “fértil en buen pan y excelente vino, así como en carne y pescado, y abastecida de todo tipo de bienes”.

 

  Atraviesas Trillo hasta dar con el puente sobre el Tajo. A la izquierda queda la iglesia y el barrio antiguo. Puedes llegar a Cifuentes siguiendo la carreterilla local que no tiene apenas tráfico.

  Es muy agradable pues va paralela al río Cifuentes. Largas hileras de chopos y verdes huertas alegran el paisaje, dando la espalda a las Tetas de Viana ya la montaña oscura de Mordor-Trillo que aún tardarán bastante en desaparecer tras nosotros. Puedes tomar también un camino de tierra no tan agradable pero más tranquilo.

  Tras pasar el cementerio tomas el camino que sale a la derecha y asciende rápidamente hasta alcanzar el llano. Continúa recto y luego tomas la dirección que la torre de Gárgoles te indica.

  A Gárgoles lo describe Cela en el Viaje y una placa en lo que era la antigua posada, junto a la carretera, lo recuerda. Al pie de la colina aparecen las ya familiares bocas de las cuevas-bodegas donde, desde el s. XII, se conserva el vino del pueblo. Son varias docenas las entradas a las bodegas.

  La Plaza Mayor alberga la posada y el Ayuntamiento, de arquitectura popular. La iglesia es de una nave y destaca su portada barroca y la torre. A la entrada del pueblo hay una abundosa fuente ochocentista. En este pueblo es difícil abastecerse fuera de la época veraniega.

 

  Ahora hay que continuar por la carretera a Cifuentes, dejando a un lado Gárgoles de Arriba que, en el siglo pasado, tuvo una importante fábrica de papel, donde actualmente se encuentra la finca de recreo de Las Cascadas. También se encuentran restos de una villa romana que ha proporcionado bellos mosaicos trasladados al Museo Provincial de Guadalajara.

  Cifuentes es la población más importante de la zona, con casi 2.500 habitantes y un cuidado patrimonio artístico. Desde lejos ya se ve el reconstruido castillo que otrora levantara el Infante don Juan Manuel en 1324.

A la llegada te saluda la picota y enseguida encuentras la ermita de la Virgen de la Soledad, del s. XVIII. Siguiendo adelante llegas a las fuentes por las que le viene al nombre a la villa que en el medioevo fue llamada Centum Fontem.

  En una amplia plaza porticada ocupada por construcciones populares alcarreñas, todas con soportales, planta baja y principal, y tejados de teja, se encuentra el Ayuntamiento, de recio sabor castellano, con el escudo de los condes de Cifuentes.

  Una escalinata da acceso a otra plaza donde se encuentra la iglesia del Salvador con una muy valiosa portada románica dedicada al Apóstol Santiago. En ella se percibe la influencia de la escuela borgoñona y del Poitou francés de tan aguda influencia en el románico del Camino de Santiago.

  Frente a la iglesia, la Casa de los Gallos del s. XVI y el convento de Santo Domingo. El antiguo Hospital del Remedio, ahora iglesia de Ntra. Sra. de los Remedios, destaca por su portada gótica y las bóvedas de crucería. Del convento de Nuestra Señora de Belén destaca la portada renacentista de su iglesia. Hay otros edificios de interés, así como restos de la muralla.

  En Cifuentes, como en Trillo puede abastecerse el peregrino de cuanto necesite.

 

- 07. Cifuentes - Baides (31 km)

 

  Desde la iglesia del Salvador, tomas la calle de las Campanas que es en la que está situada la portada románica de la iglesia. Al final de la calle se tuerce a la izquierda para llegar al cementerio. Fuente de agua potable en la plazoleta. Nuestro camino, asfaltado, sale pegado a las tapias del cementerio. Los cereales dominan estos campos de cultivo. El paisaje es muy dilatado. Hacia el sur se perfilan, todavía, las Tetas de Viana y las chimeneas de Trillo. Enseguida perdemos el asfalto y seguimos por camino de tierra. Llegas a una nave donde el camino se bifurca en dos: tomas el de la izquierda que va junto a las paredes de la nave. Y ya todo seguido hasta Moranchel.

 

  Junto a una báscula, dejas Moranchel a tu izquierda y te diriges hacia el rio Tajuña. A los 200 m. el camino vuelve al asfalto. Cruzas el Tajuña dejando a la derecha un puente antiguo del que solo quedan los estribos y vas a dar a una carreterilla que tomada a la derecha, te llevará hasta las lnviernas. Hay muchos chopos y carrascas. El camino llanea la mayor parte.

  Pueblo pequeño de poco más de 100 habitantes, situado a la parte superior de una corta vega, sobre un pequeño cerro. Vale la pena visitarlo. Que vamos por un antiguo camino nos lo recuerda Madoz: “Caminos: los locales y el que desde Sigüenza conduce a Cifuentes, Sacedón, Cuenca y otros puntos".

 

  Cruzas el pueblo siguiendo la carreterilla que va a subir por el barranco Hondo. Una cuesta larga te lleva hasta una señal de STOP. Ahí se desvía la carretera a El Sotillo, que no tomas. A la izquierda sigue tu carretera que discurre por amplios páramos, verdes, cuajados de flores, muchas margaritas y amapolas. Cruzas una vereda, señalizada como Vía Pecuaria. Sigues la carretera hasta dar al cruce de la Autovía de Madrid a Zaragoza que atraviesas por un paso elevado y continúas hasta llegar a Mirabueno.

  También es pueblo muy pequeño, tan sólo 120 habitantes. Hay que tomar el camino de tierra amplio que baja a Mandayona por la calle que hace de mirador sobre el valle del Henares. Desde el mirador se divisa en la lejanía la cumbre de Atienza que aún está a casi dos jornadas. Mejor preguntar en el pueblo la salida.

 

  No tienes problemas porque Mirabueno es una especie de balcón sobre el valle del Henares y Mandayona está a sus pies. El desnivel es de 200 m en 2 Km. Colocada en un delicioso y fértil valle a la margen izquierda del río Henares y con algo más de 500 habitantes. Conserva un palacio que edificó el cardenal Delgado, obispo de Sigüenza y la iglesia parroquial por cuya puerta pasa tu camino. Por Mandayona pasa el río Dulce que unos kilómetros más arriba origina uno de los paisajes singulares de la región: la hoz de Pelegrina. Hay un restaurante y los demás servicios necesarios.

 

  Hasta Baides vamos a ir ahora por camino de tierra. El camino sale por delante de la iglesia. Cruzas el río Dulce a unos 100 metros. Te sale un camino a la izquierda que no tomas, pues sigue el río aguas abajo y nosotros vamos en dirección noroeste. En seguida sale otro camino a la derecha, que tampoco tomas pues se dirige a un pequeño campo de fútbol. Sigues el que llevas de frente. El camino va entre los huertos que riegan las aguas del río Dulce.

  Poco más adelante se te plantea un problema: el camino se bifurca. Uno va en derechura y comienza a subir una cuesta entre viñas; el otro a la derecha, por el fondo de una vaguada y entre chopos, parece más suave y agradable. El problema no es tal pues lo mismo te da tomar uno u otro ya que ambos van a dar a la finca El Cerrilar. Quizás. el de la derecha sea más agradable y además, si es época, puedes saborear rojas y grandes cerezas de unos inmensos y casi abandonados árboles. Ni siquiera es rentable criar cerezos.

  El Cerrillar es una finca agrícola y ganadera de gran extensión, moderna y bien cuidada.

 

  Desde Mandayona se tarda sobre media hora. En El Cerrillar dejas a tu izquierda la valla de la casa principal y a la derecha unos almacenes y corrales de ganado. Hay varios caminos. El más cómodo, pues es utilizado por los vehículos de la finca, es el que sale a la derecha y lleva a la carretera de Baides en poco tiempo.

Puedes tomar otro que sale recto y es el camino de los Arrieros, accesible en parte a vehículos todo terreno pero es de más difícil localización. Ambos caminos discurren entre encinas, quejigos y, luego, entre una densa población de sabinas. Una vez salidos a la carretera hasta Baides.

 

  Situada en un barranco a la falda de un cerro, a las márgenes del río Henares, conviven en él apenas un centenar de personas. Quedan los restos del palacio de los condes de Salvatierra. antiguos señores del pueblo. El palacio actual es propiedad de los marqueses de la Cierva.

  La iglesia conserva buenas trazas románicas y muchos arreglos posteriores. Está dedicada a Santa María Magdalena. La ladera en que se recuesta configura un pueblo-calle de los que después encontraremos algunos ya en el Camino francés. Tiene varias fuentes monumentales y un airoso puente para salvar el Henares.

 

- 08. Baides - Atienza (27 km)

 

  Atraviesas Baides, pueblo adelante. Al cruzar el puente encuentras la señal indicador a a Huénneces. No puedes ir por otro sitio. Pero ¡ATENCIÓN! tienes que cruzar un paso a nivel suicida. El paisaje es muy verde y hermoso. Viana de Jadraque. Lo dejas a la derecha sin entrar en él..

 

  Huerméces del Cerro. Situado entre dos montes sobre un cerro que llaman de Sabina-Palma, con apenas 60 habitantes.

 

  El camino, carreterilla de asfalto, discurre a los pies de altos farallones calizos de la sierra de la Bodera que albergan una numerosa colonia de buitres. Las buitreras se adivinan en los repliegues de las rocas. El paisaje es de gran belleza. Al pasar los farallones de piedra, la carreterilla asciende muy rápidamente en un subida de 1 Km. Luego llanea hasta Santiuste. Pueblo muy pequeño, como todos los de la zona, con tan sólo 25 habitantes, que conserva su iglesia románica con ábside y canecillos. Una hermosa fuente de agua potable y pocas cosas más.

 

  Seguimos por la carreterilla subiendo unas cuestas. Volvemos a los quejigos y las sabinas. A ambos lados muerden las laderas los agujeros de las canteras de arena. La subida dura 2 Km. Después vamos llaneando por unos paisajes especialmente dilatados. A los 3 kilómetros de Santiuste sales a la C-101. Tiene más tráfico pero es el camino más recto. Afloran los granitos y el paisaje es muy abierto. La sierra de la Bodera nos ofrece sus picos en la lejanía, el Bodera de 1.408 metros y el Altillo de 1.249 metros.

  Riofrío del Llano. Vamos camino de Atienza y lo dejamos a la derecha. Es pueblo muy pequeño, con unos 100 habitantes.

 

  La carretera deja muy cerca el Altillo. Enseguida veremos Atienza en el horizonte. La C-101 se une a la C-114 que es la que tomamos hacia Atienza y después vamos a seguir.

Parece que del mismo pueblo parte un camino de tierra más directo hasta Atienza. Debes comprobarlo con información de los vecinos.

 

  Atienza.

  Quizás uno de los lugares más atrayentes de todo nuestro camino hasta Burgos. En la Edad Media llegó a tener 15 parroquias y unos 10.000 habitantes. Constituía un enclave esencial en el reino castellano. Su decadencia se inició ya en el s. XV.

  Es Atienza un bello ejemplo de ciudad medieval. Lo primero que impresiona es el Castillo. La “peña muy fuert” del poema del Cid. La más antigua de las iglesias es la de Santa María del Rey, de principios del s. XII, en la que destaca la portada del sur, románica. con arquivoltas y capiteles historiados.

  La de San Bartolomé, de principios del XIII conserva el ábside, la espadaña, la galería porticada y la portada de acceso. En el retablo se representa un Descendimiento gótico enmarcado en obra barroca.

  La iglesia de Nuestra Señora del Val, de tres naves, cubierta de madera, posee una portada con figuras que se doblan contorsionando el cuerpo. Restos románicos se conservan también en las iglesias del Salvador, de la Trinidad (ábside) y de San Gil. En esta última se ha instalado un museo de arte religioso.

  La iglesia de San Juan es del s. XVI. Se levanta en la plaza del Trigo o del Mercado. La plaza está formada por una serie de casas soportaladas y palacios nobles. A través del arco de Arrebatacapas se pasa a la plaza del Ayuntamiento, obra del s. XVIII.

  Completa el rico patrimonio arquitectónico de Atienza sus numerosas casas tfpicas de la serranía y sus casas nobiliarias con escudos y portadas. La Caballada. que se celebra el domingo de Pentecostés. es una de las más típicas fiestas de Atienza.

  Impresiona constatar que tras esta riqueza arquitectónica solamente pueblan Atienza 500 habitantes. Puedes encontrar alojamiento. varios restaurantes. piscina y cuanto necesitas.

 

- 09. Atienza - Retortillo de Soria (21 km)

 

  Salimos de Atienza por la carretera recién asfaltada que, con dirección a Cañamares, nos llevará hasta Tordelloso.

 

  Son cuatro kilómetros de carretera con bastante tráfico hasta el cruce de Alpedroches que tomamos a la derecha.

  Tierras agrias de piedra arenosa, grises declives de calveras y de bermejales en donde aun el matorral es escaso. Al pasar junto al caserío de Tordelloso, abandonamos la C-114 y tomamos una carreterilla local por la que nos dirigimos a Alpedroches y Miedes. Las tierras se vuelven muy rojizas. Dejamos unas canteras a la derecha, mientras vamos subiendo hasta Alpedroches. Los árboles de Alpedroches rompen, por un instante, la monotonía de tanto campo limpio. Te sorprende el rojo edificio de la iglesia parroquial junto a tu camino.

 

  Comienzas a bajar hacia Miedes cerrando el norte la sierra de Pela que habrás de atravesar. Las jaras blanquean el camino, escoltándolo.

  “A Miedes le libran del descuernacabras y otros vientos del norte las altos roídos de la sierra de Pela en la que se recuesta”. A Miedes llega el Cid el último día del plazo que el rey le concedió para abandonar Castilla. “Es pueblo de señorial estampa donde el andar de los siglos se detuvo, sellado por blasones de caliza”. Es muy atractivo.

  La plaza está formada por nobles edificios. Se agradece la magnitud de la fuente de agua potable. Sin embargo, un frontón altera y descoloca todo el conjunto. La iglesia conserva del románico un triple ábside siendo el resto muy posterior, del XVIII. Tiene hermosos retablos barrocos. Apenas hay lugar para adquirir provisiones y residen en él habitualmente unas 150 personas .

 

  Cruzas Miedes encarándote directamente hacia el puerto de Pela. Son 4 Km. de áspera subida que puedes hacer bien por la carreterilla o mejor por el camino antiguo que tomas nada más salir del pueblo para ascender a los depósitos del agua potable.

  Asciendes hasta cruzar la carretera y seguir la misma dirección. En los últimos tramos de subida se ha perdido la caja y los márgenes del camino por lo hay que prestar atención. Subimos a 1.400 m.

En lo alto de la sierra pasamos a la provincia de Soria y, por tanto, a Castilla-León, dejamos la cuenca del Tajo y pasamos a las vertientes del Duero que nos espera allá en San Esteban de Gormaz.

  Desde las cumbres hasta Retortillo todo es llano, seco y gris. La nieve debe cargar mucho en el invierno. El paisaje es limpio y claro. La carreterilla excelente para caminar.

 

  Retortillo es villa amurallada posiblemente desde el siglo XIV que conserva dos monumentales puertas que dan acceso a la pequeña villa. En los castros de la sierra se han encontrado restos celtíberos y también junto a la ermita de San Miguel.

  En la plaza está la iglesia, con un rico patrimonio artístico en esculturas y retablos, a destacar un retablo relicario del siglo XVI que guarda reliquias de algunas de las once mil vírgenes. Dejas la iglesia a tu derecha y bajas cruzando el pueblo. que conserva muy interesantes ejemplos de arquitectura popular. para salir por la puerta occidental de la muralla que es muy monumental, flanqueada por dos amplios torreones.

Si quieres beber agua fresca y abundante te diriges, a mano izquierda, hacia la ermita de la Virgen que queda a unos 200 metros, accediendo por un puentecillo que dicen romano. Retortillo está a 1.243 m. de altitud, en él viven algo más de 300 habitantes y cuenta con dos restaurantes y varias tiendas. También es fácil y cómoda la acampada.

 

- 10. Retortillo de Soria - Fresno de Caracena (24 km)

 

  Por la pista de la ermita te diriges hacia la carretera para tomar la dirección de Tarancueña y si no vas a la ermita, desde la puerta occidental de la muralla tomas a la derecha hasta salir a la carreterilla. Por el puente cruzas el arroyo Retortillo y dejando a la derecha la carretera Burgo de Osma, tomas la de Tarancueña.

El paisaje es soberbio. A unos doscientos metros está el Cantón de la Cruz que señala el Camino de Cuenca a Burgos por San Esteban de Gormaz. Más adelante, donde la carretera termina de subir una lomilla están, a la izquierda, junto a un majano, los Cantos Migeros. Consisten en dos cipos areniscos, redondeados, hincados en la tierra, un poco inclinados y distan entre sí tres o cuatro metros. No tienen inscripciones visibles sino varias cruces ordinarias.

  Una suave pendiente de la carretera va a dar a una prolongada cuesta para definitivamente bajar hasta Tarancueña. Si hay suerte podrás ver los avantos sobrevolando esta pequeña población. El pueblo, muy pequeño, sólo ofrece alguna actividad en verano cuando están de vacaciones los hijos del pueblo que viven, casi todos en Madrid. D. Inocente García de Andrés, sacerdote natural del pueblo pero que tampoco vive en él, tiene una casa a la entrada que ofrece gustosamente. Pregunta por él.

 

  Cerca de Tarancueña se encuentra Tiermes, ciudad importante de la tribu de los arévacos que se enfrentará largos años al poder romano. En la época del imperio la ciudad se convirtió en el centro de un amplio territorio y aún conserva restos decorativos de la época visigótica. Nada se sabe de la ocupación musulmana pero parece que fue reconquistada poco después de San Esteban de Gormaz por Fernando I.

Se fundó un monasterio del que queda la iglesia románica, del siglo XII, edificada sobre una basílica de época imperial. Está dedicada a Santa María de Tiermes y es el santuario de la comunidad de Villa y Tierra de Caracena. La excavación de la ciudad lleva buen ritmo y los vestigios arqueológicos muy interesantes con un museo a pie de yacimiento.

  También hay lugar donde bien comer y descansar.

 

  Desde Tarancueña tienes que buscar el valle del río Caracena para salir a la población del mismo nombre. A la entrada del pueblo te has encontrado una fuente. junto a ella un camino que se dirige al valle del río, tómalo: es un camino amplio, de concentración, apto para vehículos. A unos 2 kilómetros el camino se convierte en senda discurriendo junto a la corriente del agua.

  Ambos, el río y tu senda, se encajonan entre grandes riscos donde los avantos, los buitres, colocan sus nidales. El camino es muy agradable. Algunas pozas invitan al baño. En uno de los ensanches del cañón, se encuentra un lugar llamado Los Tolmos (en Cuenca decimos Tormo) donde se han encontrado restos de un poblado de la edad del Bronce que se ha datado en los siglos XV-XIV antes de Cristo.

  Al final del cañón te sorprende, en lo alto del risco, un ábside románico, el de la iglesia de Santa María. Has llegado a Caracena. Cruzas el río por unas piedras y lo dejas a tu espalda encarando el camino que te va a sacar del cañón para subir al pueblo. En total han sido dos horas de camino. El lugar muy solitario.

Uno de los lugares de más bello emplazamiento de la provincia de Soria, donde todavía está viva la Castilla medieval, donde casi todo es pasado.

  Es un lugar muy atractivo especialmente por su soledad. En invierno solamente viven dos pastores, en verano poco más. Pero la riqueza monumental es grande. Desde la hoz te ha sorprendido contemplar el ábside de la iglesia de Santa María. En la placeta, junto a una fuente de agua potabilísima, se levanta un esbelto rollo renacentista, fechado en 1538, de muy buena factura y conservación. Junto al rollo el olmo que aún quiere reverdecer.

  Subiendo hacia la iglesia de San Pedro queda a la izquierda el torreón de la cárcel cuya robustez ha impedido su ruina. A lo largo de la calle van quedando las ruinas de los antiguos esplendores. En lo alto de la población se encuentra la restaurada iglesia de San Pedro, románica, con la torre sobre el ábside que adorna con canes históricos. La galería porticada, con sus historiados capiteles en los que se representan escenas de la vida de Cristo y combates medievales, proporcionaba lugar abrigado a la corporación rural, donde los cabezas de familia trataban las cuestiones que afectaban al gobierno del pueblo y a la justa aplicación de los fueros.

  Caracena tiene un castillo por corona pues se alza sobre una plataforma rocosa entre dos precipicios en la parte más alta de la villa por donde la plataforma rocosa se estrecha. Los restos más antiguos son de los siglos XII-XIII aunque las trazas actuales pertenecen a finales del siglo XV, cuando Alfonso Carrillo de Acuña adquiere el señorío de Caracena.

  Todo Caracena es una ruina abandonada donde se percibe un rancio y antiguo esplendor que parece esperar mejores tiempos. Una última cuestión para el caminante conquense: ¿Se repoblarían las Caracena y Caracenilla de la Alcarria conquense con pobladores de esta Caracena soriana?

 

  El único acceso a Caracena lo constituye la carreterilla que vamos a tomar. Dejas a tu izquierda el último esplendor de Caracena: una ermita que parece iglesia mayor. Abandonas las últimas buitreras. Llevando el río a tu derecha sigues su curso de altos chopos y de verdes huertos.

  Carrascosa de Abajo. Pueblo muy pequeño: 56 habitantes. Son construcciones de tapial y adobe. La cubrición de teja a una sola hilada. El paisaje muy verde. Sigues la carretera.

 

  Fresno de Caracena. Por su entorno discurre el río Manzano. Es una localidad muy ligada al famoso "Cantar de Mío Cid", ya que aquí vivió el sacerdote Pere Abat, posible autor, o tal vez, tan sólo, copista del Cantar del Mío Cid.

  El rollo de la plaza tiene buena factura, así como parte de la arquitectura popular que lo circunda aunque afea mucho el frontón. Tiene 70 habitantes y un pequeño bar en la plaza del rollo.

 

- 11. Fresno de Caracena - San Esteban de Gormaz (20 km)

 

  Vamos a buscar el camino de tierra hacia Ínes. Por la carretera que traemos cruzas el pueblo. Dejas a tu derecha la carretera a Gormaz. El famoso castillo podrás ir divisándolo en la lejanía, a tus espaldas un poco más tarde. A la izquierda se queda el edificio nuevo de las escuelas. Está construido según esa fórmula universal que encontró el Ministerio, y ya está más derruido que las viejas casas de adobe y tierra. Unas eras más adelante, el río a la derecha y una ermita.

  A 1 kilómetro cruzas un puentecillo desde el que dices adiós al río que te ha acompañado tanto rato. A los 100 metros del puente la carretera gira a la derecha. En la misma curva sale un camino recto en dirección noroeste: lo tomas abandonando la carretera.

  A unos 500 metros te sale un camino más transitado. A tu izquierda se queda el alto de la Muela hacia el que sale un camino que no tomas. El castillo de Gormaz, inmensa mole, vigila nuestra suerte allá en la lejanía. El paisaje se llena de azules y violetas. A unos 400 metros de dejar la Muela tomas a la derecha iniciando una pronunciada bajada que dura casi 1 kilómetro y te va a llevar hasta el fondo del valle. En éste hay formaciones calizas que recuerdan vagamente a los tormos de Cuenca.

  El camino cruza el valle para ascender inmediatamente, sin perder la dirección noroeste, por otro vallejo. La cuesta te sube a un llano con corrales de ganado. Ahí el camino se bifurca en dos. Es indiferente tomar uno u otro pues ambos te llevan a Ínes que ya está muy cerca. El camino de la izquierda desciende rápidamente. El de la derecha parece más recto. Seguimos éste pues lo han señalizado para competiciones de motocicletas.

Quedan 2 kilómetros para Ínes. Desciendes hasta una vega amplia llena de chopos y verdor. Entre la espesura vislumbras las casas de tapial y adobe de Ínes.

  Ínies.Cada casa es un monumento nacional de adobe y tierra. Fuente y viejos en la plaza. Una iglesia en pie muy arrasada por un incendio. Buen lugar para acampar entre los chopos.

 

  En Ínes vuelves a tomar la carreterilla que ya sin vacilaciones nos va a llevar al encuentro del río Duero.

Olmillos. Un bar, hogar del pensionista o similar, abre ciertas horas. Puede tomarse café y algún tentempié.

Tiene una iglesia muy alta en un cerrete elevado.

 

  Seguimos por la carretera local que apenas tiene tráfico. A 3 kilómetros nos encontramos al padre Duero para atravesar juntos un paso estrecho, antes seguramente angosto y ahora ensanchado para la carretera.

 

  San Esteban de Gormaz. Población de inmensa importancia estratégica por su posición junto al Duero y al puente que permite cruzarlo en este punto. Durante el s. X fue uno de los puntos más conflictivos de la frontera del Duero, escenario de incesantes luchas entre las tropas leonesas y las del Califato.

  En el s. XI se inicia su etapa de estabilidad y engrandecimiento al ser reconquistada definitivamente por el Cid en 1054. Pocos años después se erigía la primera torre-campanario, como grito de victoria contra el infiel, en la iglesia de San Miguel, el ejemplar más antiguo del románico en la provincia de Soria y uno de los monumentos cristianos con mayor participación del arte musulmán. El elemento más notable de esta iglesia es su galería porticada realizada íntegramente por artífices y temática musulmanes que aparece especialmente en los capiteles.

  Muy próxima en el espacio, y en el tiempo, se encuentra la iglesia de Santa María del Rivero. En su primitivo estado era totalmente análoga a la de San Miguel, aunque más suntuosa al estar construida totalmente en sillería. También son de esta época los restos del castillo y el recinto amurallado.

  Hay que recorrer sus plazas porticadas y sus animadas calles comerciales, en las que conviven más de 3.500 habitantes. En algunos de sus comercios se guarda el sabor y el olor de las antiguas tiendas de ultramarinos.

 

- 12. San Esteban de Gormaz - Quintanarraya (30 km)

 

  Atraviesas San Esteban para salir por la carretera de Alcubilla de Avellaneda. La carreterilla llanea entre tierras de labor. A los 4 kilómetros se abre el paisaje. Al nordeste la sierra de Nafría nos separa del río Lobos y su famoso cañón, parque natural. Los núcleos de población son pequeños pero aseguran el abastecimiento.

 

  Matanzas de Soria. Pintoresco pueblo de rojizas construcciones de adobe con llamativas chimeneas. Sobre un altozano se alza la iglesia románica del s. XII, aunque con muchos aditamentos posteriores.

Cruzando el río Madre, la carreterilla a Villálvaro se engalana de chopos centenarios.

 

  Villálvaro. Sobre una prominencia situada a espaldas de la población puede verse una rudimentaria y sencilla iglesia románica, hoy en funciones de capilla del cementerio.

  Seguimos dirección Zayas. El paisaje se abre en roturaciones nuevas. Pinos, encinares, estepas. Cruzamos el río Perales. El monte bajo, según la estación, estará florecido de estepas.

 

  Zayas de Bascones. Componen el caserío las dependencias de labor. Una iglesia con soportales. Aquí no hay de nada para repostar. Otra vez las estepas, las sabinas, las encinas sombrean el camino. Una encina inmensa a la derecha de la carretera puede convertirse en árbol totémico.

 

  Alcubilla de Avellaneda. Recibe tus pasos ya cansados una ermita de buena fábrica, con un víacrucis hasta el pueblo. Dejas el frontón a la derecha y detrás de él una abundosa fuente de agua potable puede refrescar los ardores. El pueblo está muy cuidado con muchas flores. Solamente tiene 300 habitantes pero parece mucho mayor. En el hogar del pensionista, o similar, dan elementales comidas.

 

  Llegas a la carretera y casi enfrente hay un taller mecánico, junto a él sale un camino que llaman de las bodegas. Lo tomas. A unos 600 metros sale un camino a la izquierda que no tomas pues el tuyo es el que sube. A unos 2 kilómetros se acaba la cuesta y comienza a llanear. Hay una taina de ganados.

  Cuando llegas a un cruce sigues siempre la dirección norte. Al poco compruebas, a tu derecha, que el camino va siguiendo una antigua vía romana pues se conservan muy marcados los restos de la caja, el pavimento y los margina de la calzada. Es el paraje de El Confin que marca el límite entre las provincias de Soria y Burgos.

  En el alto, antes de comenzar la bajada queda al poniente la ciudad romana de Clunia, al norte Quintanarraya, Huerta del Rey y detrás, las moles de la Peña del Águila que anuncia Peñacoba y Santo Domingo de Silos. La bajada se hace por una pista de concentración en muy buen estado.

  Hinojar del Rey. Construcciones de piedra y buena fuente en la plaza además de un bar donde se puede descansar.

 

  Atraviesas el pueblo y te encuentras la carretera e inmediatamente un puente. Nada más cruzar lo te sale a la derecha un camino que se mete en unos corrales de ganado. Lo tomas. A los 100 metros llegas a una línea de teléfonos, tu camino discurre junto a ella. Asciendes por una cuesta en muy mal estado. Al coronarla ya ves Quintanarraya.

  La cuesta se sube en 20 minutos y no tienes más que hacer que seguir el camino hasta el pueblo. Hacia poniente ya más cercanos puedes ver los restos de la ciudad romana de Clunia Sulpicia, capital del conventus cluniense.

  Muy cerca queda Peñalba de Castro y las ruinas de Clunia Sulpicia, ciudad de origen celtíbero y capital del gran convento jurídico romano de su nombre (todo el valle alto del Duero), fue destruida definitivamente hacia el siglo X. De ella se conserva el teatro cuya gradería está excavada en la roca, con un aforo de 3.000 asientos, el foro, en torno al cual se ven edificios públicos, casas y otros elementos.

  Algunos restos se guardan en el museo monográfico realizado junto a la ermita que se conserva en el centro de la ciudad, sin duda erigida sobre un templo pagano de época romana.

  Quintanarraya es un pequeño pueblo de 130 habitantes. En el remozado ayuntamiento se ha habilitado un elemental servicio de bar. Poco más pero la gente es muy acogedora.

 

- 13. Quintanarraya - Santo Domingo de Silos (25 km)

 

  Al salir de Quintanarraya, a 1 kilómetro tomas la C-111 que vamos a seguir ininterrumpidamente hasta Huerta.

  La carretera va junto al río Arandilla que riega sus márgenes con verdes huertas y choperas. Grandes castaños de indias sombrean tu camino.

  Huerta del Rey. Es un pueblo grande, de 1.300 habitantes. Hay fondas, gasolinera, Cuartel de la Guardia Civil, bancos, niños por la calle. Es un gozo verlos después de los últimos pueblos casi sin niños. Recorres el pueblo en una larga calle de más de 1 Km. tiene una espaciosa plaza y noble caserío. Son famosos en la comarca los encierros de las fiestas de octubre.

 

  Continúas por la C-111. Dejas atrás el pueblo y cruzas un puente junto al que quedan las piscinas municipales. Llegas al cartel indicador de Pinarejo, que está situado a la izquierda, y tomas este camino asfaltado que va a constituir una verdadera delicia entre pinares muy frondosos.

  Todo el camino es llano. A los 3 Km. hay un lugar de acampada del Icona con mesas y lugares para hacer fuego.

  Pinarejo. Buen lugar para acampar entre pinares: una fuente enorme, mesas, sabinas, pinos, pinos y más pinos. Sigue el camino forestal asfaltado entre pinares. Al fondo aparecen la Peña El Águila y los altos de Peñacoba.

 

  Estos lugares son muy atractivos, marcados con una fuerte personalidad. A la llegada a Mamolar tomas a la izquierda hasta la fuente de la plaza. Es un pilón grande desde donde se contemplan las viejas campanas de la espadaña. Frente a la fuente y la espadaña, el camino sale derecho en dirección a poniente.

 

  En principio está asfaltado pero a los 400 m se convierte en camino de tierra, apto para vehículos. Por la derecha cierra el horizonte la peña del Aguila (1.378 m.). Los buitres planean las alturas. El número de florecillas silvestres es infinito, “tan bellas como son”.

  Antes de llegar a Peñacoba sale a la derecha un camino que busca la margen del río Peñacoba. Este era el paso del camino real, único acceso a Silos desde Madrid antes de abrir el túnel de La Yecla. Aún le quedan restos recios del camino carretero que fue pues ahora está totalmente abandonado.

  Junto al río, el camino atraviesa la sierra por una garganta y ya se dirige directo a Silos. Unos hacendosos monjes peregrinos han pintado de flechas amarillas este camino para dar la bienvenida, y a la vez, facilitar la llegada al peregrino que se atreve a recorrer estos senderos.

 

  Santo Domingo de Silos

  Constituye uno de los recintos más admirables de Castilla. Sus inicios se remontan al s. VII. Tras el paréntesis musulmán es el conde Fernán González en 954 quien pone las bases del futuro esplendor silense.

Destruido el monasterio por Almanzor, resurge por el impulso de Santo Domingo quien en 1040 recibe la investidura de Abad de manos del rey Fernando I de Castilla. Santo Domingo convirtió este monasterio en el más celebrado de la región. A pesar de los expolios sufridos en diferentes épocas, conserva valiosísimas piezas de toda índole en su biblioteca, en el museo y en la antigua botica.

  Quizás su máximo atractivo radica en el celebrado claustro construido con una armonía espacial sorprendente. Junto a la puerta de entrada se encuentra la Virgen del Marzo, de finales del XII; en el centro de la galería norte el antiguo sepulcro de Santo Domingo; los machones angulares desarrollan varias escenas evangélicas, entre ellas la famosísima de la representación de Cristo resucitado que se aparece a los apóstoles con atuendo de peregrino. Para un peregrino a Santiago es un don del cielo orar ante esta imagen de Cristo peregrino.

  Es de gran belleza el artesonado que cubre los cuatro tramos de la galería. Los capiteles son muy variados. En la zona ajardinada, a un lado, se levanta el gigantesco ciprés. Interesante es también la botica que fue fundada, en cuanto a lo conservado, en 1705.

  Cercano a Silos queda el monasterio de San Pedro de Arlanza, uno de los centros monacales más importantes de la Castilla del s. X, hoy en ruinas. El monasterio es lugar de oración litúrgica expresada en melodías moduladas de manera ininterrumpida durante siglos. En este canto de los monjes puede el peregrino reconocer su propia experiencia interior de alabanza a Aquel que es Señor del universo.

 

- 14. Santo Domingo de Silos - Mecerreyes (24 km)

 

  A la salida de Silos se puede tomar dirección La Yecla. A unos 500 metros sale un camino de tierra a la derecha que lleva a la ermita de Santa Cecilia, de estilo mozárabe. El ábside es cuadrado con ventana cruciforme compuesta por cinco anillos. El interior presenta arco triunfal de herradura e interesante cúpula semiesférica. La construcción primitiva es del s. X y el atrio de cinco arcos del XII. Por el camino puedes continuar hasta Santibañez.

 

  Más en derechura se puede ir desde Silos por la carretera a Santibañez y sin pasar por él seguir a Retuerta y Covarrubias.

  Retuerta. Se queda a la derecha de la carretera y no entramos en él.

 

  Junto al Arlanza se levanta Covarrubias, tierra de Fernán González con casi 800 habitantes en la actualidad. Sus orígenes son muy antiguos y posee restos romanos y visigodos. Repoblada en el último tercio del s. X. De esta época es el torreón conocido como torre de Doña Urraca: una enorme mole de piedra de 22 m. de altura.

  A tu llegada te recibe una formidable picota medieval, desde donde contemplas una vista muy bella de la población. El monumento más sobresaliente es la Colegiata de los santos Cosme y Damián. Aunque quedan testimonios románicos, el templo es obra gótica iniciada a principios del s. XV. En el presbiterio se encuentran los sepulcros de Fernán González y de su hija doña Urraca. ambos son romanos y deben proceder de Clunia. En el Claustro hay un sencillo sepulcro de los inicios del gótico en el que se enterró a la princesa Cristina de Noruega, primera esposa del infante don Felipe, fallecida en 1262. Cuenta el museo de la Colegiata con innumerables obras muy valiosas. Una de las piezas más notables lo constituye el tríptico de la Adoración de los Magos, escena en altorrelieve que se atribuye al círculo de Gil de Siloé.

  Los edificios nobles de Covarrubias son muy numerosos. Es preciso deambular por las callejas, contemplar las casas de adobe y madera, o de madera y ladrillo sobre base de piedra. También hay que degustar los famosos vinos de la ribera del Arlanza que aquí en Covarrubias encuentran unas excelentes calidades de bodega. Hay numerosos sitios para comer y descansar.

 

  Al otro lado del río Arlanza tienes un cruce de carreteras. Debes tomar la carretera comarcal C-901 en dirección a Cuevas de San Clemente, tiene poco tráfico y es cómoda. Comienzas ascendiendo un puertecillo que va a durar 1 kilómetro y medio. Después todo es llano hasta Mecerreyes.

  Mecerreyes. Conserva bien la arquitectura popular en piedra. Sus casi 400 habitantes son gentes muy acogedoras y dispone de los servicios esenciales.

 

- 15. Mecerreyes - Burgos (33 km)

 

  Por la plaza que tiene levantado un monumento a Mecerreyes en el 350 aniversario de la independencia (1637-1987), se baja hasta el frontón y por detrás de él se toma el camino en la dirección noroeste habitual, es una pista apta para vehículos.

  Aunque hay varios cruces sigues siempre en la misma dirección. Bajas un vallejo y tomas el camino recto que asciende en una rápida cuesta, dejando una desviación a la izquierda. La pista se convierte en senda en un vallejo donde comienza la cerca de piedra de la finca Casa de Monte Negredo. Desde Mecerreyes al comienzo de la valla son unos 5.400 metros.

  Tu camino, el antiguo camino real de Cuenca a Burgos, va a ir pegado a esta cerca. Al terminar la cerca (8.300 metros desde el pueblo), el camino continúa en dirección noroeste entre espliegos, estepa, monte bajo y, en tramos, se interna bajo las encinas. Durante 1 kilómetro continúa por el monte. Después comienzan los rastrojos y tu camino parece perderse entre el sembrado.

  Si el camino se recorre antes de segar quizás sea más imperceptible su huella, 700 m de rastrojeras y pasas bajo una línea eléctrica con postes de hormigón. A los 300 metros de los postes llegas a una carreterilIa asfaltada que se dirige a la aldea de Tornadijo.

  Tú no tomas la dirección a la aldea sino que tuerces a la derecha hada las canteras que ves en el monte. Cruzas el cauce seco del río de las Canteras y subes por una cuesta de unos 200 metros. Vas por el monte donde abundan las estepas, los brezos, las encinas... En este tramo vas siguiendo el camino más arreglado en dirección norte. Muchos caminos van saliendo a este tuyo pues estás muy cerca de Hontoria que, de repente, aparece a tus pies.

  Debe su apellido a las famosas canteras de donde se ha extraído el material para numerosos templos castellanos, en especial la catedral de Burgos, apenas si viven en él 170 personas. Tiene un crucero del s. XVI con fuste de columna cuyo tercio inferior va tallado con jarrones de azucenas.

  La iglesia parroquial es del mismo siglo con dos portadas historiadas de muy bella factura. Muy valiosos los retablos y esculturas que guarda el templo. Un pequeño retablo lateral ha aprovechado algunas tablas hispano-flamencas de fines del siglo XV.

 

  Frente al crucero de Hontoria, se cruza la carretera para tomar el camino de la izquierda que se dirige hacia una ermita románica de la que solo queda el ábside. El camino es una pista apta a vehículos que continúa y tras pasar bajo una línea de tendido eléctrico, cruza un pequeño puente en el que se toma el ramal de la izquierda, sin dejar el vallejo que forma el río Saelices.

  Al poco ya se ve la torre de la iglesia de Revillarruz. Ante una nueva bifurcación tomas otra vez el camino de la izquierda que está en peor estado y durante unos 500 metros va bordeando bancales. El camino puede parecer perdido pero enseguida se ve la iglesia de Revillarruz al fondo, a la izquierda, y una pista amplia que te lleva hasta el pueblo.

 

  Cruzas el pueblo por la plaza y sigues recto hasta dar a un casa de nueva factura que hace chaflán entre la carretera que dejamos y el camino que sale a la derecha y va paralelo a la línea del ferrocarril justamente hasta Cojóbar. La vía se cruza un par de veces según nos lleve el camino pero sin perderla nunca.

  A mitad de camino se divisa el Torreón de Olmos Albos, realizado para el comerciante Diego de Gamarra a mediados del siglo XVI, de aspecto más residencial que belicoso, labrado con sillería caliza de las canteras de Hontoria. Los silos de Cojóbar sirven de guía inmejorable.

  Entras en el pueblo y busca por la parte baja los silos de la empresa TROW-ESPANA. En lo que parece entrada a la fábrica sale el camino que en muy buen estado que te lleva a Saldaña.

 

  Junto a Saldaña se encuentra el palacio de Saldañuela, un conjunto de torre-palacio formado por un torreón medieval del s. XV y el palacio que añadió, en el XVI, Doña Isabel de Osario. “Empaña la memoria de esta señora una leyenda de supuestas relaciones con el prudente rey Felipe II”. Posee el palacio una fachada con doble arquería de arcos rebajados. En su interior una delicada fuente renacentista con figuras de las Tres Gracias.

  Llegas a Saldaña. Una fuente de abundosas aguas te saluda. Es la última hasta llegar a Burgos. En la misma plaza de la fuente, tu camino se convierte en carretera asfaltada que continúa la dirección que traes. A 200 metros cruzas un puente. junto a él, a la derecha, sale tu camino de tierra. A los 100 metros curva a la izquierda y una cuestecilla rápida.

 

  Llegas junto a un depósito de agua, construido de hormigón, tan horrible como todos, y sigues a la izquierda, el camino recto hacia el norte. Puedes verlo cómo allá, al final del horizonte, asciende y corona unas cuestas con árboles, la cuesta de la Isa. A tu izquierda va quedando la autopista de entrada a Burgos. Coronada la cuesta, el camino se dirige en línea recta, hacia las casas de una finca bien cuidada, con perros feroces: la Casa del Monte de la Abadesa que queda a tu izquierda. La referencia a la Abadesa no puede ser a otra que la de las Huelgas.

  El camino desde aquí está muy perdido con abundante vegetación que dificulta la marcha. A 400 metros de las casas, queda a tu izquierda una antena de radio. Otra antena más alta a 1.500 metros. Quizás sea más práctico buscar la entrada a Burgos por la autovía por donde la ciudad te engulle sin poderlo remediar. Llegar a la Catedral sano y salvo es cuestión tuya. Desde aquí continuamos por el camino Francés

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                                                                       01/01/2016

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